La carga mental de la maternidad

Estás agotada después de un día intenso (en general, tus días son siempre intensos) te metes a la cama muerta de cansancio, pero tu mente sigue trabajando: repasando todo lo que hiciste ese día y todo lo que dejaste de hacer. Si estás muy cansada tomas nota mental de tus pendientes, si no estás muy cansada y eres una neuromamá como yo, corres a apuntarlos a tu agenda para no olvidarte (igual y seguro que se te olvida algo).  

A la mañana siguiente, lo mismo: te levantas pensando en las mil cosas que hay que hacer para la casa (compras, menú, limpieza, arreglo, trámites) y para tu familia (tareas, deportes, agendas, comunicaciones con el colegio, con otros padres y varias cosas más) incluidas sus necesidades emocionales. Sales a trabajar, a hacer tus cosas, pero siempre con estos pendientes en tu mente. Están ahí cuando te acuestas, están ahí cuando te levantas.

Todos estos pendientes que rodean el cuidado del hogar y la atención de todos los seres vivos que habitan en ella (incluidos mascotas y plantas), todo este trabajo no remunerado e intangible (que siempre recae sobre las mujeres) se conocen como ¨trabajo invisible¨. Un trabajo que mientras esté bien hecho nadie lo nota (pero, al segundo que algo falla sí que lo notan) se conoce como ¨carga mental¨.  Una carga que habita la mente de todas las mujeres y se vuelve más pesada una vez que nos volvemos madres.

Carga Mental Maternidad

Y ¿por qué esta carga mental se vuelve más pesada con la maternidad? Porque queramos o no y a pesar de que cada día hay más padres comprometidos en la crianza de sus hijos, el grueso de la responsabilidad y dirección en la crianza recae sobre nosotras las madres. Somos nosotras las ¨CEO¨ de la empresa hogar. Somos nosotras las que constantemente pensamos en todos los pendientes y organizaciones logísticas que tenemos que hacer para los chicos y la casa. Por ejemplo, mientras escribo esto miro la hora y pienso: ya son casi las 2:00 p.m. debo recoger del cole a mi chiquitita, traerla a casa, llevarla al pediatra. Escoger ropa abrigada porque por el doc hace frío. Veo la ropa un poco chica, ya toca revisar las ropas de todos y ver qué les queda para el cambio de temporada. Lo mismo los zapatos. Me tengo que ir, bajo a disponer el almuerzo (del menú semanal que ya organicé el lunes)  y veo que ya se acabaron varias cosas, así que tengo que volver al supermercado. Voy después del doc. Me voy con mi otra hija, debo coordinar su nuevo horario de terapia también. Aprovecho ahí un momento madre-hija, no quiero que se me resienta. Uy, entonces me va a faltar mi hijo mayor. Hoy imposible. Mañana. Lo acompaño al tennis y aprovecho coordino las invitaciones del cumple de mi hija y avanzo mis pendientes de chamba…

Y así todo el día, todos los días.

Esta es la carga mental. El tener bajo tu responsabilidad la administración, coordinación, planificación (e incluso) la ejecución de las actividades, eventos, invitaciones, temas médicos y necesidades educacionales y emocionales de los hijos y el hogar. 

Nuestras parejas nos pueden ayudar y claro que lo hacen. Pero, nosotras les tenemos que decir el cómo, cuándo y dónde. Y, muchas veces, es tan pesado y complicado tener que dar tantas instrucciones que preferimos ahorrarnos el trámite y prescindir de su ayuda. Es tal como lo describe Emma Clit en sus cómics, si estuviéramos en una corporación nosotras seríamos las ¨líderes del proyecto¨ y nuestras parejas serían nuestros subalternos. Pues, al final ¨el proyecto hogar¨ es nuestra responsabilidad. Y por eso, no hacen nada extra de lo que específicamente les hemos pedido.

Y este es el motivo por el que hablar de la carga mental de la maternidad es importante, porque existe, porque pesa y  porque, como pasa siempre cuando te ascienden a líder de proyecto, dejas de tener tiempo para ejecutar las acciones del proyecto porque no puedes hacerlo sola. Pero, las madres no podemos permitirnos el no participar ejecutivamente en el proyecto hijos. Debemos hacerlo, aunque la carga mental sea pesada. Aunque no sea compartida, aunque necesitemos ayuda.

Mi hijo tiene TDAH ¿Qué hago?

Estos días me han estado llamando y escribiendo varias amigas, mamigas, conocidas y seguidoras del blog con más o menos la misma pregunta: ¿qué hago ahora que sé que mi hijo/a tiene TDAH? ¿Cómo lo afronto? ¿Qué le digo? ¿Para empezar, Le digo?
Me halaga mucho que recurran a mí para estas preguntas tan importantes y significativas pues, para ninguna madre es motivo de alegría recibir uno de estos diagnósticos.

Mi hijo tiene TDAH ¿Qué hago?

Cómo sé que varias se preguntan lo mismo, comparto por acá mis respuestas:
1. Mantén la calma. Un diagnóstico de TDAH no es el fin del mundo. Por el contrario, es algo muy útil pues sabrás cómo apoyar de la manera más adecuada a tu pequeño/a. Recuerda que Steve Jobs, Michael Phelps y Walt Disney (y muchos más hombres y mujeres exitosos) han sido diagnosticados con TDAH.
2. Ten un plan de acción. ¿Qué es lo que te ha recomendado el profesional de salud que trata a tu hijo/a? ¿Talleres? ¿Terapias? ¿Deportes? ¿Medicación? ¿Una mezcla de las anteriores? Conversa con tu pareja y observa tu presupuesto para que puedas incorporar el mejor plan para tu hijo/a.
3. Edúcate sobre este trastorno. Pregúntale a tu pediatra o a un profesional de la salud mental, lee libros, tratados o investigaciones científicas serias (hay varios artículos sencillos de leer en webs especializadas). Investiga sobre la mejor manera en la que puedes ayudar a tu hijo/a. Un libro buenazo de este tema es el de Armando Filomeno: El niño con Déficit de atención e hiperactividad y este otro: “Nunca quieto, siempre distraído: ¿nuestro hijo es hiperactivo?” De Paulino Castells.
Y finalmente,
🌟 Bajo ninguna circunstancia te dejes influenciar por artículos falsos e información de dudosa procedencia que circula por internet con respecto a este trastorno. Hay muchos mitos circulando en las redes y en el día a día. Personas bien intencionadas pero, mal informadas. Es por eso que el punto 3 es clave: infórmate al respecto, edúcate y educa a tu familia y amigos. Guíate también por tu experiencia e intuición. Si estás en duda, consulta con fuentes serias como la asociación americana de psiquiatría y para más info de primera mano acá en mi página 😉 www.neuromamablog.com en la barrita de búsqueda poner TDAH.

Cuidarte a ti también es cuidarlos a ellos

Muchas de nosotras, al ser madres sentimos que debemos estar con y para nuestros hijos las 24 horas del día, los 7 días de la semana, sin delegar nuestras funciones ni responsabilidades pues consideramos que debemos cuidarlos y atenderlos nosotras mismas (porque nadie lo hará mejor, ni con más amor). Además, debemos cumplir con nuestras funciones de madre con alegría y placer sin importar si estamos enfermas, agotadas o súper ocupadas.

Esta entrega absoluta, conlleva una enorme carga mental que puede pasar factura incluso, a quienes más queremos. Una madre fatigada e infeliz, transmitirá estos sentimientos a quienes la rodean. ¿Acaso no es mejor que nuestros hijos, en lugar de estar horas de horas al día con una mamá que no es muy agradable (pues está agotada, insatisfecha o abrumada), pasen menos horas con una madre que se cuida y nutre a sí misma y que es capaz de nutrirlos y cuidarlos a ellos?

mom selfcare
Cuidarte a ti también es cuidarlos a ellos.

Debemos desterrar esa idea que el ser mamá es un trabajo sacrificado que no incluye tiempo para nosotras mismas. Es nuestra responsabilidad hacernos un tiempo para amarnos. En nuestro infinito amor hacia nuestros hijos y las atenciones y cuidados que tenemos para ellos, no podemos olvidarnos de tener atenciones y cuidados para con nosotras mismas.

Y no se trata simplemente de ir a la peluquería o al spa un rato; se trata de realmente cuidar nuestra mente, nuestro espíritu y nuestro cuerpo. De nutrirnos con actividades que nos hagan crecer como personas y nos hagan sentir mujeres plenas y satisfechas con nosotras mismas. Una persona satisfecha y feliz consigo misma, sólo irradiará felicidad y bienestar más aún; a quienes dependen de ella, como lo son sus hijos.

Sea que querramos dedicarnos a ese deporte o hobbie que nos encanta y nos hace tanto bien, o que necesitemos una terapia emocional o analítica que nos ayudará a comprendernos mejor, o quizá, retomar nuestros estudios o perseguir ese emprendimiento que nos da vueltas la cabeza. ¡Hagámoslo!

Hacerlo es bueno para nuestra salud mental y emocional. Al hacerlo nos estamos cuidando, nos estamos amando y les estamos enseñando a nuestros hijos a amarse, cuidarse y respetarse con nuestro ejemplo.

Al cuidarnos a nosotras, los estamos cuidando a ellos.  Les estamos entregando la mejor versión de nosotras mismas.

¿Para qué sirve un diagnóstico?

¿Para qué sirve un diagnóstico? Un diagnóstico de TDAH o de cualquier trastorno de aprendizaje sirve para dar luz sobre la dificultad que nuestro niño presenta. Un diagnóstico apropiado recibido en el momento oportuno permite encontrar (o adecuar) la mejor manera para apoyar y guiar al niño o niña en su desarrollo y aprendizaje.

Un diagnóstico es más que una etiqueta

Hace poco conversaba con una amiga sobre la nueva ley de protección de las personas con TDAH y las dudas que me generaba (VER POST ACÁ). Ella, abogada experta en temas de inclusión y sensibilización de personas con habilidades diferentes, me indicaba que no debía ser necesario contar con ningún diagnóstico de nada para que un niño o niña vaya a la escuela y aprenda cómodamente. Desde su perspectiva, el aula debía ser un espacio tan inclusivo y acogedor que cualquier niño, con cualquier problema o trastorno de aprendizaje pudiera aprender a su propio ritmo y sin mayores contratiempos sin necesitar un diagnóstico.

Entiendo perfectamente de dónde viene su posición. Ella parte que tanto el maestro como la currícula deben ser flexibles y amoldarse a la diversidad de aprendizajes existentes. Pero, la realidad es que tanto el mundo, como el aula funcionan con una mayoría de personas que están dentro de la norma (es decir, que caen dentro del promedio en un gráfico de distribución normal) donde todos avanzan a un ritmo similar, y quienes sobresalen son minoría.  

Diagnóstico TDAH Trastorno de aprendizaje. ¿Para qué sirve un diagnóstico de un trastorno de aprendizaje?
¿Para qué sirve un diagnóstico de TDAH o algún otro trastorno de aprendizaje?

Recuerdo una (dolorosa) época en la que evitaba ir a recoger a mi hijo del colegio con tal de no recibir comentarios sobre su comportamiento. ¡Dios mío! Día que lo recogía, día que la profesora me recriminaba algo. Ese año sufrí más contracturas musculares que nunca en mi vida. Finalmente, al terminar el segundo bimestre me pidieron que le hiciera una evaluación integral. La hice. Lo llevamos a la psicóloga que el colegio nos recomendó (no quería ninguna objeción a ese diagnóstico). Luego de 10 sesiones, varios tests y de desembolsar un montón de dinero, tuvimos el diagnóstico: con un IQ de 146 mi hijo se aburría en clase. Nada más. No había TDAH ni problemas emocionales. Tenía que continuar con su terapia de integración sensorial (diagnóstico que tenía del año anterior) y la profesora tenía que aprender a manejar a un niño inquieto y curioso que avanzaba demasiado rápido.  

Comprenderán que ese diagnóstico fue liberador. Desde ese día, a la fecha nunca más me han vuelto a citar al colegio por mi hijo. Jajajaja (y sí, me río de la felicidad). Y claro me dirán, fue liberador porque fue “positivo”. Pero, ¿acaso no lo son todos los resultados? ¿acaso no son positivos en el sentido que nos permiten identificar el tipo de atención o ayuda que necesita nuestro hijo y enfocar nuestros esfuerzos en su necesidad?  

Mi amiga me diría: ¡¡no tendrían que haberte hecho pasar por todo eso Milu!! Ni a ti, ni a él. Sí, es cierto hubiera preferido no tener tantas contracturas musculares, ni vivir torcida ese año. El acercamiento de la profesora definitivamente, no fue el mejor. Pero, ¿cómo iban a saber ella y todo el departamento psicopedagógico la mejor manera de estimular a mi hijo, retarlo intelectualmente, sacarle el jugo a sus capacidades sin ese diagnóstico? Se hubieran quedado con un niño re-movido que aprende rápido y fastidia en el salón.  

Un diagnóstico no sirve para etiquetar a un niño, ni para compadecerlo, ni mucho menos para disminuirlo. Todo lo contrario. Un diagnóstico sirve para dar luz sobre la dificultad que el niño o niña en cuestión presenta. Un diagnóstico apropiado recibido en el momento oportuno permite encontrar (o adecuar) la mejor manera para apoyar y guiar al niño o niña en su desarrollo y aprendizaje. Tal como pasó con mi princesa preciosa.

Ya he escrito sobre el TDAH de mi hija la segunda. Luego de meses y meses de ver cómo se frustraba por no poder aprender al ritmo de sus compañeros, de pasarla mal en el colegio y que su autoestima terminara por los suelos, recibir su diagnóstico fue un regalo. Instrucciones muy largas y ordenes sueltas la perdían. Sabiendo esto, talleres y terapias adecuados hicieron que se nivele en menos de un año. Hoy es nuevamente la niña alegre y segura de siempre y continúa con sus talleres que le permiten tener su mejor desempeño.

En mi experiencia, un diagnóstico adecuado y oportuno no sólo es utilísimo si no hasta sanador. No caigamos en el facilismo de equiparar diagnóstico, con etiqueta pues, sabemos que ni uno ni lo otro, nos definen. Somos más que eso, mucho más que una etiqueta. Tener conocimiento de las dificultades que tenemos nos ayuda a comprendernos (y comprender a nuestros seres queridos) y poder atender esas necesidades.

Si están dudando evaluar a sus hijos, espero que mi experiencia los ayude.

El TDAH en el Perú y la Ley 30956: algunos apuntes

Ley 30956 TDAH Perú

El pasado 06 de junio el ejecutivo publicó la ley de Protección de las personas con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) cuyo propósito es establecer disposiciones que sensibilicen a la sociedad y que atiendan a las personas con este trastorno.

Definitivamente, esta es una excelente noticia para todos aquellos que vivimos con o alrededor de alguien con TDAH pues, la falta de conocimiento y sensibilización con respecto a esta condición muchas veces lleva a que en las aulas quienes presentan este diagnóstico sean segregados y etiquetados como movidos, flojos, distraídos, desobedientes, volátiles o tontos cuando esto no es así. Quienes tienen TDAH se esfuerzan tanto o más que el promedio, simplemente este trastorno requiere una metodología y acercamiento pedagógico distinto al tradicional. Cosa que, lamentablemente no ocurre con la frecuencia necesaria.  

Esta ley precisa, además, que el Ministerio de Salud deberá elaborar en un plazo de 12 meses el Plan Nacional para personas con TDAH el cual incluye la promoción de servicios de detección y diagnóstico precoz, atención y tratamiento de las personas con TDAH, atención y orientación sobre el TDAH a los familiares de las personas que lo presentan e inclusión social y educativa que integre la cultura, el deporte y la recreación.

Todo esto son buenas noticias. Sin embargo, no deja de preocuparme el manejo que se le dará a este diagnóstico al interior de las aulas, si al contrario de lo que se prevé, esta ley generará un estigma, una nueva etiqueta de “permisión” en la que la que aquellos diagnosticados con este trastorno serán tratados con demasiada condescendencia y permisividad, en la que no serán retados ni alentados a esforzarse y trabajar duro. Cualidades que hoy, mi hija de 7 años con TDA (ella no tiene hiperactividad) moderado, son las que más exhibe y – en mi opinión – aquellas que más le van a servir para la vida.

De otro lado, me preocupa también que se genere un sobrediagnóstico pues, a edades muy tempranas, el TDAH se puede confundir. Cientos de niños son inquietos, energéticos y distraídos y no tienen TDAH. Como mi hijo mayor, un niño con espíritu.

Definitivamente soy Neuro, no puedo evitar preocuparme. No puedo evitar cuestionarme si esta ley será tan buena como la pintan. Definitivamente se necesita más conocimiento, sensibilización, capacitación y empatía con respecto al TDAH. Claro, que la empatía no solo sirve para el TDAH sino también para cualquier otro trastorno o condición y con esta, cualquier otra ley de inclusión sería innecesaria. Mientras llega, espero con optimismo el plan nacional y la reglamentación y realmente espero que sirva únicamente para el objetivo para el que fue diseñada.

¿Qué son las STEM? y ¿Por qué es importante que las niñas las estudien?

Las STEM no son las carreras del futuro, son las carreras del presente por eso es necesario reducir la brecha de género existente en la actualidad e inspirar a más mujeres a perseguir estas carreras. Pero, para hacerlo necesitamos comenzar con motivar y exponer a las niñas a estas disciplinas pero, ¿cómo podemos hacerlo? ¿cómo podemos hacer que las niñas se interesen e involucren en las STEM?

Empecemos por el principio. ¿Qué son las STEM?

La palabra STEM es un acrónimo de las siglas en inglés de las siguiente palabras: Science, Technology, Engineering y Mathematics. Las carreras STEM entonces, son aquellas que están relacionadas con las siguiente áreas de conocimiento:

Ciencia (Science).

Tecnología (Technology).

Ingeniería (Engineering).

Matemáticas (Mathematics)

Estas disciplinas no sólo son el futuro sino, también el presente. Sin embargo, existe una gran brecha de género en estas áreas de estudio. ¿Por qué pasa esto? ¿a qué se debe?

Niñas STEM con tablet

La mayoría de estudios concluye que esto se debe a que la mayoría de las de mujeres no quiere cursar carreras STEM (ingenierías, física, informática…) porque saben que tendrán que vivir en un entorno laboral claramente masculino donde serán penalizadas por ser mujeres (discriminación laboral, estereotipos fuertemente arraigados, ambientes y políticas laborales poco amigables para las mujeres, entre otros).

Esto no surge de un momento a otro sino que es consecuencia de la socialización y educación actual en donde las expectativas para los chicos y chicas son distintas; además están influenciadas por factores socioculturales que consideran que los intereses y habilidades de las chicas no van de acuerdo con las STEM. Estos factores generan, como indican recientes estudios, que las niñas y los niños tengan el mismo interés en las STEM cuando son pequeños pero, tan temprano como a los 6 años (según un estudio de la revista Science) las niñas pierden el interés en estas disciplinas.

¿Por qué pasa esto? Y ¿qué podemos hacer para evitarlo?

Principalmente, se debe a estereotipos y expectativas socioculturales que empiezan a calar en el comportamiento de las niñas alrededor de los 6-8 años de edad. Esto incluye, un bajo autoconcepto de habilidad de las mujeres respecto a áreas STEM (y la consecuente derivación a áreas que se consideran más acordes con el carácter de las niñas y mujeres) y el escaso valor que esas carreras proponen para las mujeres.

¿Qué podemos hacer?

Como padres (y educadores) podemos hacer lo siguiente:

1.Exponer a nuestras niñas desde muy temprano a las disciplinas STEM. Ya sea con juguetes (existen varios), asistiendo a ferias sobre ciencia y tecnología, mostrándoles cuentos y películas sobre estos temas. (mejor aún si la protagonista es mujer).

2. Matricularlas en talleres y actividades extra currículares de estas disciplinas: robótica, programación, experimentos científicos y similares. Ojo: haciendo que sean atrayentes para ellas.

3. Actualizar nuestro conocimiento sobre ciencia y hacer mención a los aportes que han tenido (y siguen teniendo) las mujeres al mundo de la ciencia y tecnología. Que nuestras hijas, sobrinas, nietas conozcan no solo a Marie Curie si no también, a todas aquellas que aportaron su granito de arena al mundo de las ciencias para así generar referentes femeninos a los que quieran emular.

  • Las chicas y las carreras STEM

Dada la importancia que tienen en la actualidad y el carácter todavía más prominente que adquirirán las STEM en un futuro cercano, es prioritario que las niñas se formen en estas disciplinas y participen en igualdad con los hombres en las próximas revoluciones tecnológicas que están por llegar. Está en nuestras manos evitar que alguna niña con vocación tecnológica se quede fuera del juego.

Las redes sociales y los niños

Las redes sociales están aquí y han venido para quedarse. Podemos amarlas u odiarlas pero, no podemos permanecer indiferentes pues, cada vez más los preadolescentes y adolescentes las usan (o piden usarlas). Esto como consecuencia del hecho que cada vez los chicos, están teniendo smartphones desde más chicos.

El tema más preocupante para los padres con respecto a las redes sociales y los niños y adolescentes es la edad recomendada para el uso y acceso a las mismas. Si bien, los especialistas coinciden en que recién es a los 13 años cuando los chicos están preparados para asumir una red social; desde mi perspectiva de Neuromamá, todo va a depender de la madurez y responsabilidad de cada chico individualmente. La edad cronológica es sólo un referencia.

Así tendremos chicos o chicas maduros a los 10 años y algunos que cumplidos los 13, no están listos. Ya depende de los padres hacer una evaluación honesta y concienzuda al respecto.

Por otro lado, es importante que como padres hablemos claramente con nuestros hijos sobre el correcto uso de las redes sociales y los peligros y riesgos que estas traen. Debemos, tener en claro que las redes sociales (nos guste o no) son una ventana a nuestra vida privada y debemos explicarles esto a nuestros hijos.

Finalmente, es importante mantener reglas y pautas claras para el uso del Internet y las redes sociales y dejarles en claro a nuestros hijos que deben confiar en nosotros en caso de tener cualquier problema o duda en el mundo virtual.

Para ver más sobre el uso de las redes sociales por los niños y tener más consejos y tips vayan al nuevo capítulo de mi canal de IGTV.

https://www.instagram.com/tv/BxqNiZbh48-/?igshid=16axvhiq3hx81

Mamá, tu salud mental es importante

Desde el año 2016, el primer miércoles de mayo se conmemora el Día Mundial de la Salud Materna. Este año, coincidió con el 1ero de mayo (día del trabajador) y por eso pasó un poco desapercibido. Pero acá en NeuroMamá nos esforzamos por darle visibilidad a un tema tan importante como la salud mental materna y por eso publicamos esta nota compartiéndoles porqué es importante que las madres cuidemos nuestra salud mental y cómo debemos hacerlo.

Día Mundial de La Salud Materna

No quiero empezar diciendo que la salud mental de las madres es primordial para el desarrollo y crecimiento de los hijos, y no porque no lo sea (porque, lo es) si no porque la salud mental de cada una de nosotras (madre o no madre, para tal caso) es primordial para nuestro propio bienestar, para poder llevar una vida feliz, cumplir con nuestras metas cotidianas y disfrutar las maravillas que nuestra vida nos presenta. Necesitamos estar bien para poder transmitir bienestar. Si nosotras no estamos bien, nada alrededor nuestro lo estará.

Es por nosotras mismas que debemos estar atentas a nuestros propios cambios y sentimientos, y dejar de lado estigmas y miedos relacionados con la salud mental que solo nos hacen daño. De acuerdo con la OMS, muchas mujeres experimentan emociones negativas frente a los cambios fundamentales que traen consigo el embarazo y el posparto. El 25% de las embarazadas experimenta algún tipo de malestar psíquico significativo y la depresión post parto afecta a una (1) de cada seis (6) mujeres que dan a luz. ¿Qué significa esto? Significa que NO es raro experimentar sentimientos de confusión o tristeza luego del nacimiento de un hijo.

Y no sólo eso, a lo largo de las diferentes etapas de desarrollo y crecimiento de los hijos es común que las madres experimentemos también diversos malestares psíquicos derivados de la exigencia que trae consigo la crianza de otro ser humano. Lo importante es estar atentas y notar cuando pensamientos y sentimientos negativos comienzan a interferir con nuestro funcionamiento diario. Esto sucede cuando estos sentimientos o pensamientos nos impiden hacer cosas que deseamos, cuando la ansiedad es tal que alcanza incluso a las tareas cotidianas o cuando simplemente dejamos de disfrutar cosas que solíamos encontrar placenteras.  

Salud mental materna

¿Qué pasa si notamos que tenemos algún problema de salud mental?

Pues, NO pasa nada SIEMPRE QUE LO TRATEMOS A TIEMPO. Igual que cuando notamos algún problema de nuestra salud en general, lo primero es ir a consultarlo con un especialista. No tener miedo ni vergüenza de ir con un psiquiatra (sí ellos son los especialistas de la salud mental) o un psicólogo (sus hermanos menores).  A las únicas personas a quienes hacemos daño al no atender nuestra salud mental es a nosotras, y lamentablemente, a nuestros hijos también.

En peleas de niños

…adultos sobran

Cuando era niña y peleaba con alguna amiga o amigo no solía ir corriendo a acusarle a mi mamá, y no necesariamente porque no quisiera, sino porque cuando iba a contarle a mi mamá sobre mis peleas para que intervenga, ella solía decir algo así como: “las discusiones de niños, son cosas de niños”. Me daba recomendaciones y pautas y con eso yo misma me tenía que bandear. Las más de las veces las pequeñas peleas que tenía se solucionaban en cuestión de horas y las que no, pues el tiempo se encargaba de solucionarlas.

Lo interesante es que no sólo era mi mamá la que pensaba así, si no también la mayoría de las mamás de mis amigas y amigos. Era un tema generacional creo yo, que funcionaba bastante bien. No recuerdo ningún problema que no haya podido ser solucionado honrosamente. 

Sin embargo,  en la actualidad parece que la cosa es distinta. Los papás y las mamás (sobre todo las neuro-mamás) andamos tan metidas y pendientes de la vida social de nuestros hijos que no sólo nos hemos impuesto el trabajo de “party planners” de su vida social (organizando “citas de juego”, salidas y eventos); sino también, en nuestro afán por hacerles la vida de lo más fácil y feliz, intervenimos en cada pequeña discusión o roce que tienen con los amigos/as. Algunas, llegando a al extremo de involucrarse o involucrar a las otras madres de familia.

No está nada mal si orientamos y guiamos a nuestras hijas cuando acuden a nosotras con un problema, dificultad o tristeza ocasionado por alguna pelea o discusión con amigas. El problema está cuando abiertamente intervenimos, ya sea para “conversar” nosotras con la niña con la que nuestra hija tuvo el problema (no, no, no por favor. No se “conversa” con las niñas) o con su mamá (bueeeeno), o peor aún, tomamos cartas en el asunto (y nuestra edad mental retrocede espantosamente) y empezamos con las llamaditas a nuestras mamigas para rajar de la niña (sí, terrible que rajar y niña, o niño para tal caso, vayan en la misma línea) o, en el colmo de la maldad, confabulamos para que nuestra pequeña realice algunos actos de crueldad como, invitar a todas las niñas del salón a casa y no cursarle invitación a la susodicha, que le aplique la ley del hielo o tantas otras que todas conocemos.

Triste pero cierto. Y lamentablemente, mucho más común de lo que debería. Inclusive en niñas pequeñas que están en kínder, primero de primaria o similar.

El intervensionismo materno, como me gusta llamarlo, genera dos grandes consecuencias. Ambas nefastas. Por un lado, dejamos a nuestros hijos sin recursos para que solucionen sus problemas solos. Les enseñamos cero sobre resolución de conflictos, negociación y empoderamiento; cualidades muy importantes y necesarias en el mundo de hoy. De otro lado, una discusión o pelea de niñas que debió quedarse a nivel de niñas sin mayores consecuencias, termina convirtiéndose en un enfrentamiento entre adultos con todas las consecuencias que esto trae.

Por supuesto, no digo que ignoremos el dolor y sufrimiento de nuestros hijos cuando se pelean o discuten con un amiguito o amiguita, para nada. Debemos contenerlos, apoyarlos y orientarlos. Pero, deben ser ellos mismos quienes resuelvan sus conflictos. Tampoco digo que jamás debemos intervenir. Para nada, van a haber ocasiones en las que vamos a tener que intervenir. Pero, siempre debemos hacerlo desde nuestra posición de madres con mucha prudencia,  respeto y amor hacia la personita en formación con la que nuestra hija tiene el problema y con mucho tacto y empatía si llamamos a la mamá de esta niña o niño.

Mi conclusión de neuro es que hagamos como la generación de nuestras madres y sólo intervengamos cuando es total y absolutamente necesario. Pues, sin querer queriendo, podemos hacer de una pelea de niños una cosa de grandes y eso, sí es algo muy difícil de solucionar.

Una nana peruana en Dinamarca

Ojo que esta solo es la primera parte de las aventuras de esta nana peruana en Dinamarca.

Como muchos ya deben saber (y si no saben les cuento) la semana pasada estuve en Dinamarca, Copenhague acompañando y ayudando a mi hermana menor con su recién nacido. Llegué justo un día después que mi sobrino cumplió dos semanas de vida y estuve por 8 días. Fueron días intensos y hermosos (como lo son con los recién nacidos) y también muy ilustrativos pues, pude notar en (casi) primera mano las diferencias culturales que existen en el cuidado y trato de la madre y el recién nacido entre Perú y Dinamarca.

Como socióloga (y nana experta cama adentro) soy consciente que la socialización, cuidado y crianza de los niños así como el trato a las parturientas y puérperas varían de cultura en cultura según el contexto en el que estemos. Sin embargo, me sorprendió mucho notar de primera mano esas diferencias cuando llegué con todo mi conocimiento de madre de 3 limeñitos de clase alta, a cuidar a un bebé danés de clase media. 

Lo que más me sorprendió fue el cuidado del recién nacido. En Lima, Perú en las clínicas privadas es parte del ritual que bañen al bebé al frente tuyo, es más el baño se suele dar el día que toca el alta de la clínica y así te llevas a tu recién nacido bien bañadito. Es una recomendación general bañar al bebé diariamente y siempre a la misma hora. Mejor aún si el baño lo haces parte de la rutina de sueño. En Dinamarca, la recomendación profesional es bañarlo 2 veces por semana pues los aceites y grasas naturales que segrega la piel del bebé lo protegen. Si la mamá  quiere bañarlo un poquitín más o menos seguido, está bien. Personalmente, me hubiera gustado que me dijeran eso cuando era primeriza (y no una nana experta) y temblaba bañando a mi recién nacido mientras rezaba para que no le caiga agua en el cordón umbilical.

Algo súper interesante también, es el uso de los famosos guantecitos para que no se arañen la carita. Mi hijo mayor los odió desde el día uno y yo también, pero acá en Lima son tan comunes que le llevamos a mi hermana un par. La enfermera al ver al bebé con los guantes le dijo a mi hermana que le daba pena que su bebé los use pues las primeras semanas de vida los niños solo tienen tacto en las manos y la boca, y suelen chuparse las manitos para sentir. Además, las uñas del recién nacido no se cortan, se liman con aceite de bebé y créanme que con esto es suficiente (otra cosa que me hubiera gustado que me digan cuando nació mi primer hijo).

Finalmente, creo que lo que más nos sorprende a los limeños es el hecho que los bebés salen a la calle desde el día uno (obvio, siempre que la mamá quiera/pueda) pues hay una idea generalizada que al aire libre (no importa si es el más crudo invierno) los niños descansan mejor, se relajan más y el aire fresco los fortalece. Así que es común ver (sea invierno o verano) en parques, terrazas y zonas al aire libre a bebés tomando siesta bien comoditos en sus coches.  Y eso no es todo, si la mamá y/o el papá quieren tomarse un café o comerse un snack la norma manda dejar a los bebés dentro del coche durmiendo fuera del local. ¿QUÉ hablas? Explícate. O sea, mientras mamá come en calma, el bebé se queda afuera del local con su monitor tomando su siesta. Cuando se levanta mamá sale a verlo (aunque créanme eso de las siestas más largas al aire libre es cierto). Y no ha habido casos de robos ni secuestros de niños por hacer esto. 

¿Qué les parece? Hay muchas costumbres danesas en la crianza de bebés que creo que adoptaría feliz de la vida ¿Uds? O ¿quizá a alguna otra de algún otro lugar del mundo?