El colegio es tu amigo

Iniciamos un nuevo año escolar, un nuevo año lleno de oportunidades, aventuras y retos. Un nuevo año para enmendar los errores, dejar atrás los disgustos y miedos del pasado, y mirar hacia el futuro con optimismo y apertura. Un nuevo año también para darle la oportunidad al colegio de nuestros hijos de ser el “amigo” profesional, educador, que al igual que nosotros quiere lo mejor para nuestros hijos, y no mirarlo como el “cuco” que sólo quiere molestar y hacer sentir mal a nuestras criaturas.

¿Por qué digo esto? Seguro porque el colegio de mis hijos me ha hecho un canje para que escriba al respecto (¡ya quisiera!) o porque me he vuelto las más sobona buscando una posición en el directorio (tampoco, aunque me encantaría…). Entonces, seguro he estado fumando algo raro ahora en el verano, para nada (lo juro 😉). Entonces, ¿por qué escribo esto?

el colegio es tu amigo
Considerar al colegio parte de nuestro equipo mejorará el rendimiento de nuestros hijos.

Porque el año pasado diagnosticaron a mi hija, la segunda, con TDA (trastorno con déficit de atención) y este diagnóstico sólo fue posible gracias a las miradas atentas de su profesora y la psicóloga del colegio (mi esposo y yo ni cuenta). Si bien muchas personas han criticado este diagnóstico, al colegio y, por supuesto, también a mí, yo estoy muy agradecida por haber recibido una alarma temprana, pues no sólo sufría el nivel de aprendizaje de mi hija sino también su autoestima.

Y este nuevo año, yo, como buena neuro-madre, rápidamente saqué cita con los tutores de mis hijos, pero sobre todo me esmeré en sacar cita con la tutora de mi hija. En cuanto comenté que mi plan era conversar con ella sobre los avances, dificultades, temores y frustraciones académicas de mi hija la respuesta general que recibí de mamigas, conocidas, amigas, familiares y hasta del portero fue un rotundo NO. Podía hablar de todo lo que ella había logrado en el verano, pero de ninguna manera de aquello que no hubiera logrado, o que le estaba costando.  No podía ponerla en evidencia frente a su profesora, la iban a etiquetar, a tener en la mira, jorobar, etc…

Me lo decían con la más buena intención y todo el amor del mundo, lo sé, pero al decírmelo no estaban considerando que, en mi opinión, las profesoras y el colegio están para ayudar, y que en el momento en el que matriculamos a nuestros hijos firmamos (literal y metafóricamente) un acuerdo de colaboración. Además, también creo que la única manera de ver mejoras rápidas y sólidas en nuestros niños es trabajando mano a mano con la institución educativa en la que están.

Nuestros hijos pasan en promedio 6 horas al día en el colegio, los más grandes pasan incluso más de 8 horas. Obviamente, los temas que nosotros tratamos de ocultar o maquillar van a saltar, y es mejor que no sorprendan a nadie. Es mejor que el profesor o profesora sepa cómo manejar estos temas de antemano, pues así podrá darles una mejor respuesta.

Entiendo también que lidiar con estos colegios de “alto rendimiento” e hiperexigentes es agotador, pues demandan bastante de padres y alumnos. Quienes me conocen o me siguen saben que también he tenido mis momentos con el colegio y, probablemente intuyen – al igual que yo – que, con tres hijos obstinados, inquietos y enérgicos, y una madre #sinfiltro, habrá momentos en el futuro en los que estaré copada también, y pensaré que el colegio no es mi amigo, sino mi némesis.

Ahora, no les digo que vayan por el mundo contando los problemas o diagnósticos de sus hijos a todo el personal del colegio, o a quien les preste el oído. Para nada. Si no que, considerando la importancia del trabajo en conjunto entre padres y maestros, este nuevo año se den la oportunidad de confiar en la institución educativa que eligieron para sus hijos (por algo la eligieron ¿no?) con una mirada optimista y sin reproches, y puedan lograr el mejor desarrollo y desempeño para ellos, tal como yo lo he sentido en años anteriores con mis hijos.

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