Que empiece por mí

Que empiece por mí

Creo que no me equivoco cuando digo que todos los padres queremos criar hijos que se conviertan en adultos felices, plenos, buenos y honestos. Les enseñamos a decir gracias y por favor, a ser corteses, a respetar, a cumplir las reglas. O al menos lo intentamos. Nos esforzamos por criar gente de bien. Queremos que cuando crezcan sean adultos civilizados, confiables, empáticos y ¿por qué no? simpáticos también, buenas personas en general. Nos preocupamos muchísimo por la educación de nuestros hijos también; que los profesores sean los adecuados, que nuestro dinero se invierta en mejoras para el colegio y en capacitaciones para los docentes. En fin, queremos lo mejor para nuestros hijos.

Y eso está muy bien.

Pero, querer lo mejor y darles lo mejor viene también con enseñarles lo mejor, ser el mejor ejemplo posible, ¿no?

Y lo intentamos, de verdad que sí… hasta que empieza el colegio y con él, el caos, el tráfico y el estrés. No voy a hablar de las salvajadas que hacemos (o hacen) al manejar en el camino al colegio porque este tráfico es infernal. Pero, sí quiero empezar por mí y contarles algunas cosas que pasan a diario en la puerta del colegio o incluso dentro del colegio, pero – ojo acá – ninguna de las cosas que voy a contar pasa en el colegio de mis hijos. Estas cosas pasan en otros colegios, con otros padres, otros niños. Tampoco pasa en los colegios a los que van sus niños. Por eso, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

En algunos colegios muy, muy lejanos estacionar para dejar y recoger a los niños es un suplicio. Y no lo es tanto por el poco estacionamiento que hay, sino porque madres y padres de familia se estacionan bloqueando a otros carros, se estacionan en doble (y hasta triple fila). Otros, se colocan lo más cerca que pueden a la puerta del colegio y ahí se plantan (no importa si atrás hay un pandemonio de carros que quiere pasar) y se rumorea que los choferes de estas familias son peores que los matones de Marsellus Wallace.

Algo similar sucede con el “Kiss & Go” o “Drop Off” (o como se llame el sistema de aquellos colegios lejanos). Se supone que es una vía rápida donde los padres NO bajan, sólo dejan a sus hijos y los profesores los ayudan a bajar. Sin embargo, madres y padres estacionan, bajan del carro, bajan a sus niños, los abrazan, besan, apapachan y bendicen para luego seguirlos con la mirada mientras se meten al cole. Conclusión: cola infernal, tráfico y desesperación. [Acá, debo decir, que como neuro-madre comprendo totalmente a los padres que hacen esto.] A mí también me encanta apachurrar a mis hijos, se me estruja el corazón cuando los veo tan chiquititos entrar solos al colegio y si tuviera un pool con 5 pequeñitos de pre-kínder también sufriría al dejarlos en ese sistema. Pero… como una neuro-madre que se respeta, no los dejaría en el “Kiss & Go”, no. Yo estacionaría con calma en algún sitio un poco más alejado (pagaría un parqueo si hubiera uno cerca) y caminaría con todos mis pequeñitos hasta dejar a cada uno en su salón (previo apachurrón, beso y bendición respectiva). Llámenme neuro, pero así soy yo.

De otro lado, cuando se trata de respetar las reglas y cumplir con las normas en estos colegios mandan comunicados (todos los años) prohibiendo las mochilas con ruedas, entregando las medidas oficiales de las loncheras, mochilas y cartucheras para que no haya problemas al meterlas en los casilleros, pero…igual los padres de familia compran mochilas con ruedas que son tan grandes que no entran en ningún lado, o peor aún mandan a sus niños con prendas que no son parte del uniforme.

Y qué decir de aquellos colegios (por supuesto, ninguno de los colegios en los que están nuestros hijos) en los que están enquistadas APAFAS argolleras y pretenciosas, que con la excusa que es un trabajo voluntario se incrustan eternamente satisfaciendo egos personales o fungiendo de carreras (semi)profesionales para quienes nunca tuvieron una.

¿Cómo queremos criar adultos formales y respetuosos de los otros y las instituciones si nosotros mismos no respetamos y, más aún, no respetamos a la primera institución con la que tienen contacto nuestros hijos (aparte de la familia)? Sí, ya sé, ya sé. Que tire la primera piedra quién esté libre de pecado. No me las voy a dar de súper perfecta, también he cometido mis errores. Aunque, en el colegio de mis hijos lo evito. Si alguna vez he incomodado a alguien con la estacionada ha sido por caña monse no por “sapa” y si mis hijos han incumplido alguna regla ha sido por desinformación, no a sabiendas.

Yo sé que todos acá somos padres que queremos lo mejor para nuestros hijos y nos rompemos el lomo para dárselo. Entonces, ¿qué tal si empezamos por darles el mejor ejemplo? ¿Qué tal si empezamos por nosotros? Que tal si empieza por mí.

Que empiece por mí
¿Quiero un mejor futuro para mis hijos? Que el cambio empiece por mí.

Que empiece por mí el respetar las directivas del colegio (aunque no esté de acuerdo con ellas), respetar a los demás mientras manejo, tener conciencia cívica. Que empiece por mí enseñar a mi hijo a ser empático e incluir a todos los amiguitos del salón, que empiece por mí no criticar tanto y colaborar más (¡lo prometo!) que empiece por mí enseñar a respetar, respetando a la primera institución a la que mis hijos acuden y yo elegí.

Que el cambio que tanto quiero para mi país, para mis hijos, empiece por mí.

4 comentarios en “Que empiece por mí”

  1. Vaya qie tienes razón, mientras leía se me venía la mente en el colegio anterior donde estaban mis hijos, el estacionamiento tan pequeño y salir de reversa, un caos total. Yo prefería dejar el auto un poco retirado y caminar.
    En cuando a las normativas de los coles , es muy cierto, a veces solo hacemos nuestra voluntad.
    Que buena reflexión! Gracias.

  2. Qué razón tienes. Las entradas y salidas del colegio son un verdadero suplicio los niños nos ven nerviosos, furiosos y sin respetar la normativa. ¿Cómo podemos pedirles a ellos que cumplan lo que les dicen luego sus profesores?

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