¡No quiere dejar el pañal!

Hace un tiempo posteé sobre cómo iba a acompañar a mi hija de ahora 2 años y medio a dejar el pañal (Dejar el pañal,¡sí se puede!!). Yo veía que ella ya estaba físicamente lista (porque sabe aguantar, ergo: tiene control de esfínteres) así que asumí que también estaba emocionalmente lista para dejar el pañal y que hacerlo, sería tan fácil como lo fue empezar a darle de comer. Incluso escribí un post sobre la nostalgia que me daba el hecho que deje el pañal (Nostalgia por un pañal), pues eso significaba que ya no era más una bebé. Jamás, me imaginé que casi 3 meses después, no sólo no lo ha dejado, sino que se aferra a él con toda la furia de sus “terrible two”.
Columna de stack de pañales: mi hija no quiere dejar el pañal


Así pues, pese a todos mis esfuerzos, ella aún no deja el pañal. Es más, lo ha agarrado con más fuerza que nunca y está determinada a seguir siendo una bebé con pañal cueste lo que cueste. No le interesa que la mayoría de sus amigos del nido ya lo dejó, no le importa el incentivo que le ofrezca, ni si la amenazo o la premio. A pesar que ama a las princesas, odia la sillita para el W.C de princesas que le regalo su abuela. Ella, simplemente, NO quiere dejar el pañal. Y por muy frustrante (y preocupante) que eso sea para mí, no hay nada que pueda hacer.

Quitarle el pañal a mi hijo mayor fue cosa fácil. Sin dramas, ni estrés. Si bien, sospechaba que con ella no sería tan fácil, jamás me imaginé que sería así de difícil. Y, lo más duro de todo, es que me he dado cuenta que yo (sí, yo) estaba equivocada. Las psicólogas, como mi prima, tienen razón. Cada niño tiene su tiempo y su ritmo, y no sirve de nada intentar forzar las cosas. No importa si yo estaba lista para que lo deje, ella aún no lo está. Si mi hijo mayor dejó el pañal a los dos años y en tiempo record, fue porque él estaba listo. Mi Nina, aún no lo está y no me queda más que esperar con paciencia, sin forzarla, ni avergonzarla porque en cuanto esté lista, lo dejará. Además, la presión podría ser contraproducente, pues por contreras, podría incluso aferrarse más al pañal.

Ahora me toca esperar con paciencia y sonreír callada cuando otras mamás cuentan cómo es que sus hijos dejaron el pañal, el chupón y hasta el biberón en las vacaciones de verano (auch!). Mi hija no está lista aún, y yo debo respetar su tiempo y aprender a acompañarla tranquila en su proceso. Debo recordar que su desarrollo, no se trata de mí, ni de mi vanidad de madre (sí, hay mucho de eso acá) sino, se trata de que sean sus tiempos los que primen.

Tómate tu tiempo hijita, tómate todo el tiempo que necesites. Acá, tu mamá te espera y estará preparada para ayudarte, cuando tú te sientas lista. Porque, al final todo se trata de ti, de tus tiempos y no, no de los míos.

Nostalgia por un pañal

Ahora que es momento de entrenar a mi segunda hija para que deje el pañal me ha entrado un poco de nostalgia: mi pequeñita será una niña grande, no más una bebé, sino una niñita cada vez más autónoma. Sólo me quedará una bebé con pañal en casa, y pronto seguro que ninguna. Sí, sí; sé que debería estar feliz y celebrar que crecen y dejan etapas, pero no puedo evitar sentir un poco de nostalgia por la etapa que se acaba y el hecho de que ya no voy a tener a mi bebé segunda.   

Así, melancólica como estaba me puse a recordar el día que llegó mi hijo mayor al mundo y con la ansiedad preguntaba por todos lados, y ¿qué hago? ¿Cómo se cambia un pañal? ¿Cuántas veces le cambio de pañal? ¿Qué pañal uso? ¿Cuál es el mejor? Las respuestas no se hicieron esperar: cambiaba pañales un promedio de 8 veces al día los primeros días (así que este es el número de pañales que hay que cambiar, mmmm), probé con varias marcas, diseños y modelos y también descubrí que cada etapa es distinta y sin darme cuenta tenía un stock de más de 50 paquetes de pañales de distintas marcas, modelos y tallas.


Ya cuando nació mi hija la segunda yo era toda una madre experta. Sabía que los primeros días cambiaría un horror de pañales, sabía que existían pañales y productos para los primeros 100 días de nacidos y también sabía que por todo lo anterior, que no pararía de chambear los primeros días. No me compliqué y a todos los que me preguntaban que regalar a la nueva bebé, les pedía pañales y útiles de aseo y similar: cosas prácticas. El tiempo fue pasando, y mi pequeñita pasó de ser talla RN, a talla P (ese cambio fue en 10 días, increíble ¿no?), luego G (en esa duró bastante), luego XG (¡ya estaba grande!) y finalmente es una XXG. Cada cambio de talla pera mí era un hito, y lo sigue siendo ahora con mi nueva bebé, cada cambio de talla me hace sentir bien, es como si me dijeran: muy bien, tu bebé está creciendo, está engordando, estás haciendo un buen trabajo. ¡Felicitaciones!

Ahora que mi segunda va a dejar el pañal, es lo mismo: está creciendo, está engordando, está cada día más mosca y cada día es más una niña grande y menos un bebé; es un hito. Y yo, me siento feliz por eso, por verla crecer, verla volverse más independiente, desarrollar sus propios gustos y llevar a cabo sus propias ideas. 
Me preparo para decirle (nuevamente) adiós a una etapa de pañal. Y no puedo evitar que me dé pena. Claro, me alegro porque, al igual que cada cambio de talla en el pañal, significa que mi bebé está creciendo, se está haciendo más grande, fuerte y más hábil y cómo mamá, es un recordatorio que lo estoy haciendo bien (ufff), lo estoy haciendo lo mejor que puedo. Sin embargo, no puedo evitar sentir pena y nostalgia por esa etapa que se va. Mi bebé, ya no es más una bebé y se está convirtiendo en una niñita. Una niñita linda, terca y muy inteligente a la que adoro con todo mi corazón.

Un tercer hijo: ¿se puede?

Un tercer hijo. ¿Se puede tenerlo y no morir en el intento? ¿Es posible tener un 3er hijo?

Cuando nació mi primer hijo recibí felicitaciones por todas partes. Me deseaban mucho éxito, me hablaban de lo maravillosa que es la vida con hijos y similar. Claro, no faltaron los aguafiestas que me auguraron noches de terror por el resto de mis días y me contaron las más tristes historias de muertes súbitas y nanas de espanto. Cuando nació mi segunda hija, también; recibí miles de felicitaciones, regalos y demás. Además, mi hija la segunda me agarró inmune a los comentarios asustadores y a las historias de terror, sin contar que ya era una experta en cambiar pañales, dar teta de madrugada y funcionar como un zombie durante el día.
Un tercer hijo: ¿Se puede?
Los 3 y yo celebrando el cumple-mes de la 3era


Cuando nació mi 3era hija las felicitaciones empezaron a escasear y en su lugar aparecieron preguntas y comentarios tipo: ¡¡¿Estás embarazada de nuevo?!! ¿Estás loca? ¿Eres del Opus Dei?! ¡Eres una salvaje! ¡¿Cuántos vas a tener?! O ¡Compren un televisor! Y algunos más bárbaros, del tipo: ¿supongo que este será el último hijo, no? … Si supieran que secretamente anhelo un cuarto.

Cuándo los comentarios venían de amigas de confianza me reía y seguía la corriente, pero cuándo no me sentía vulnerada; sobre todo porque muchos eran del tipo: “ahora van a ver lo que es bueno, ¡tres hijos! Ya los voy a ver”; “Te vas a volver loca, no vas a poder”. “Ahora sí te fregaste, no vas a jalar”. ¿Cómo vas a pagar 3 colegios tan caros? …
¿Me estaban amenazando?  Nada de felicitaciones, nada de buenos augurios, sólo críticas y comentarios sarcásticos.

Lo cierto es que sí, un 3er hijo es más chamba (obvio) y también implica un cambio de logística cuando como en mi caso dónde todos son seguidos (El mayor y la segunda se llevan 2 años exactos y la segunda y la 3era 1 año y 7 meses). Tuve que cambiar de carro: una camioneta con 3 hileras de asientos para poder entrar con car seats, nanas y coches; tuve que meter a mis dos hijos mayores a un cuarto para que la bebé duerma sola porque obvio se levanta (hasta ahora 8 meses más tarde) y por supuesto, ni hablar del desgaste físico y sobre todo emocional que implica tener que dedicar atención y calidad de tiempo a 3 pequeños. Sin contar que en el ínterin hay que lidiar con los celos de los dos mayores, las mil cosas que trae el organizar una casa (y escribir un blog) y el cansancio que se eleva a la exponencial cuando tienes a tres pequeños.

Pero, si algo bueno tiene el tercer hijo es que te coge ya experta, prácticamente inmune a las “advertencias”. Te coge segura, fuerte y sin preocupaciones bobas y culpas por pasar menos tiempo con los que llegaron primero. Ya no más mamá torturada porque destronaron al mayor y se muere de celos, no más mamá culpable porque no le puede dedicar tanto tiempo a la nueva bebé como se lo dedicó al mayor o a la segunda. Bienvenida mamá plena que sabe que es una chamba díficil, que se va a partir en tres y así y todo nunca será suficiente. Mamá tranquila que goza con los momentos únicos que tiene con cada uno de sus hijos, una mamá que se raja y sabe que incluso cuando se raja, no todo va a salir como quiere. Una mamá que disfruta a mil los momentos con sus hijos, una mamá que aprendió a organizarse y distribuirse para tres.
¿Se puede? Claro que se puede. ¿Es fácil? No, no lo es. ¿Qué cosa buena en la vida es fácil?  ¿Me estoy volviendo loca? Creo que ya estaba loca antes, así que no va por ahí. jajaja ¿Lo mejor? Una bebé segura, alegre, independiente, sin complejos, risueña y juguetona que sabe que su mamá la ama y adora aunque no pueda estar físicamente con ella tanto como las dos quisieran. 

Dejar el pañal, ¡sí se puede!

Muchas personas esperan la llegada del verano para quitar el pañal a los niños. No importa si éstos están listos, si tienen la edad para hacerlo o si deben hacerlo. Igual las mamás, azuzadas en su mayoría,  por nanas (las peores), abuelas, tías, primas y amigas, lo van a intentar. Algunas con relativo éxito, otras, no tanto. En mi experiencia personal la tuve fácil. Mi hijo mayor dejó el pañal de un día para otro; el día que yo estaba en la clínica dando a luz a su hermana. La nana nueva me dijo: “le he cambiado el pañal y ha salido seco todas las veces, después lo he hecho hacer pila en el wáter parado y lo ha hecho bien”. Listo, ponle sus calzoncillos. Y así, fue. De un día para otro se acabó, adiós pañal. Claro, hubo accidentes, pero el pañal era historia. Tenía exactamente 2 años y 3 semanas y era Octubre.

Ahora estoy, como muchas a las que tan duramente critiqué, aprovechando la llegada del verano y sufriendo para quitarle el pañal a mi Nina, quien ya tiene 2 años 3 meses y, en mi humilde opinión, ya está lista. Lo sé, porque es capaz de aguantar la pila por 3 horas con tal de no tener que hacerla en un colector para un análisis de orina. Y porque, además, controla muy bien sus esfínteres que sólo la dejan hacer sus necesidades cuando le hemos puesto el pañal, o cuando se mete a la piscina, tina, ducha, mar o similares.

Sé que muchas psicólogas de las nuevas corrientes, como mi prima, me dirán: “déjala, si no está lista, déjala. Cada niño tiene sus tiempos, sus ritmos y bla, bla, bla” y bueno, no sé si tengan razón porque lo cierto es que he hecho mi investigación, (obvio como buena neuro_mamá) y he visto que los pediatras que más avalan el uso prolongado del pañal están en la página web de Pampers USA (oh, ¡sorpresa!) y que los  investigadores serios señalan que hace 30 años (o sea mi generación) dejaba el pañal en promedio un año antes que esta generación. Y, que en países desarrollados como USA el pañal se deja también, en promedio un año más tarde que en países subdesarrollados como el nuestro.


La explicación que han encontrado al porqué en el atraso en dejar el pañal es básicamente por la masificación del uso de los pañales descartables, ya que son tan buenos (de verdad) que los niños no se dan cuenta que están mojados, no se sienten incómodos y por ende no tienen necesidad de dejarlos. Además, para las mamás son tan prácticos y fáciles, que realmente no se justifica el esfuerzo y la chamba de “entrenarlos” para que los dejen. Mientras que los pobres de mí generación los dejamos rapidito presionados por mamás desesperadas por no tener que hervir más pañales. La leyenda cuenta que yo (¡oui, moi!) dejé el pañal al año y 3 meses, ¿dónde está mi nobel? En el caso de los países subdesarrollados va, además del tema económico (no hay plata para 3 años de pañal), por un tema cultural y de estilo de crianza. Hay más ayuda en la crianza de los niños y más gente interviene en ésta, las mamás no cargamos tan solas con esta dura tarea.

Y precisamente, porque vivo en un país subdesarrollado y cuento un amplio sistema de redes personales (léase, abuelas, tías, amigas y nanas) he decidido que es momento que Nina deje el pañal. Tengo ayuda para hacer esa chamba, tengo el tiempo y sobre todo tengo la convicción de que la cultura y las normas sociales rigen nuestra vida hasta en los ámbitos más privados como es la dejada del pañal (¿ya he dicho que soy socióloga?). Así, que este verano mi Nina deja el pañal sí o sí, y muy al estilo del Cienciano diré: ¡sí se puede! 

Liebster Award

La Navidad pasada recibí uno de los regalos más bonitos que me han dado en los últimos tiempos: un Liebster Award. ¿Quéeee? ¿Qué es eso? El Liebster Award es un premio que otorgan los autores de un blog a otros blogs, como un reconocimiento a su trabajo y un empuje, pues son blogs pequeños (de culto, jeje).Y en mi caso, me fue otorgado por Diana, creadora del blog:  Madre Solo Hay Una (las invito a revisar su blog, es súper entretenido).

Para hacerme merecedora de este premio debo responder unas preguntas y nominar a otros blogs: pueden ser 5, 7 u 11 blogs, además de -obviamente – ser seguidora/ fan del blog que me nominó. En mi caso nominaré a 5, pues aunque escribo duro y leó duro, la mayoría de blogs a los que me gustaría darle el premio ya lo tienen (y un requisito es que no se lo hayan otorgado en el último año) y el resto de blogs que seguía, por algún extraño motivo han dejado de existir.

Sin más, acá mis 5 nominados, sin ningún órden en particular:
– Paremos el Acoso Callejero. Las causas femininas siempre me han inspirado, y esta es la mejor porque realmente nos toca a todas.
– Mamacitas Blog me encanta, porque no es una, si no muchas mamás que escriben y cuentan sus vivencias, así hay muchas voces contando sobre diversas etapas y diversas perspectivas.
– Cat in Heels, aunque hace tiempo no escribe igual lo pongo. Ahora hay muchas blogueras de moda que se creen divas o rocks stars, y se dedican más a poner selfies, que a hablar de moda.
– Nuestro Plan Estratégico. Este blog, me gusta mucho porque trata del plan estratégico de una madre para tratar en el día a día, el autismo de su hija. Las anecdótas son reales y educadoras. Mi compu no me deja linkear el blog porque al parecer tiene un virus. Pero, por si alguien se anima a buscarlo.
El Blog de Kikín Rispa, aunque a veces peca de autobombo, sus aventuras luego de superar un agresivo cáncer y tratar de concientizar a los peruanos sobre el respeto a las personas con discapacidad ¿lo habré puesto bien? son lo máx. El blog es súper entretenido.

Y acá, mis respuestas:

 1-  Por que decidiste hacer un Blog?
Porque necesitaba descargar todo lo que llevo dentro. Compartir mis sentimientos y mis temores sin ser juzgada. Aunque, lamentablmente a medida que pierdo el anonimato pierdo mucho de eso.
    2- A quien Admiras entre La Blogosfera (Mundo del Blog)
Uyy, me encanta Mommy Guru. Realmente me encanta.
    3- En Que Pais te Gustaria Vivir?
En Perú, dónde vivo.
    4- Por que Crees te he Nominado a un Liebster?
Porque te gusta mi blog.
    5- Tu Mayor Exito
mmmm, difícil. Creo que son pequeños éxitos cómo ver que mis hijos crecen buenos y sanos.
    6- Tu Mayor Fracaso:
Quizá no atreverme a hacer varias cosas que quiero.
    7- Blog Favorito
Neuro_Mamá, obvio! y Un ama de casa no tan desdesperada (es demasiado gracioso!)
    8- De que te Gusta Escribir Mas En Tu Blog?
De mis chinos.
    9- Viajar, Cocinar ó Cantar, escoge una y por que?
Viajar, porque las otras dos las hago hasta las patas.
   10-  Un Consejo, Truco ó Tip que trates sobre alguna temática en tu Blog ó sea de tu Interes
Consejo, y va para mi también, dejar que los niños sean niños y no obligarlos a crecer rápidamente.
   11- Espero que sigas Actualizando Mas Tu Blog, que mas traerás en el?
Más sobre el colegio ahora que Bernardo empieza una nueva etapa.

¿Por qué mami?

Como ya es fin de año estaba leyendo mis notas de facebook y mirando las cosas que había escrito sobre mis hijos en el transcuros del año y encontré esta crónica, que no sé porqué no la había compartido, pero qué es muy entretenida y divertida sobre las preguntas de mi hijo mayor. En ese entonces, tenía 3 años y unos cuantos meses.

Además, me hizo recordar que hace unos días atrás mi hija, la segunda, Nina, preguntó por su pipí. Decía que le dolía (jajaja) y que se lo tenía que lavar.

Ahora, mi Chino ya es todo un niño grande y tiene 4 años y 3 meses.

Acá se las dejo, tal cual la escribí en ese momento:

“Mi Chino está creciendo. Cada vez es menos un bebé y más un niño curioso y preguntón. A sus 3

años y 3 meses, sus preguntas son implacables, ametralla y no para hasta satisfacer toda su curiosidad. 
Me ha preguntado desde astronomía: “¿Qué es el sol?”; botánica: “¿por qué crecen las plantas?”, pasando por física “¿por qué hay electricidad?” y metafísica, ¿por qué Dios vive en el cielo? Ha llegado incluso a anatomía avanzada: “¿por qué tenemos huesos? ¿Para qué sirven los huesos?, ¿los ojos son huevos?” 

Y ahora, continúa con su inquisición de anatomía avanzada. Así, tuvimos una simpática conversación mientras los bañaba a él y a Nina.

-“Mamá: ¿dónde está el pichín de Nina?”

-Sonrío y le respondo: “Nina no tiene pichín, porque ella es una niñita. Las niñas y las mujeres no tienen pichín”.
-“Ayyyyy (con pena y preocupación) pero, ¿por qué mami? ¿Por qué no tiene pichín? ¿Tú tienes pichín?
-“No hijito, yo no tengo pichín tampoco. Pero, no te preocupes soy muy feliz sin pichín. Las mujeres y las niñas no tienen pichín. Solo los hombres tienen pichín.”
Me mira con una mirada tierna y condescendiente. Me coge la mano y me dice: “No te peocupes mami. Yo te voy a comprar un pichín. Un pichín a ti y otro a Catalina. Vamos a ir a Wong y yo voy a comprar sus pichines”.
¿Qué diría Freud?

Nina y los terrible two

¿Es posible sobrevivir a los terrible twos o terribles dos? ¿Cómo se superan los terribles dos (terrible two)? Acá no tengo ningún tip, ni consejo, solo el dolor de mis anécdotas.

Mi hija Nina (ese es el apodo que ella misma se ha puesto), tiene exactamente 2 años, 2 meses y 3 días. Y, de un tiempo a esta parte está como nunca la había visto: retadora, desobediente y provocadora. Pasó de ser una dulce, obediente y fácil niñita a una tirana llorona. Nadie en la casa, absolutamente nadie, se escapa de sus diabluras (ni siquiera la pobre perra a la que le quita la comida de la boca para comérsela ella) y por supuesto, los más afectados con este cambio de actitud son sus hermanos. Sin querer queriendo se ha transformado en su tormento.

Nina and the terrible twos, los terribles dos


A su hermano mayor lo tiene seco: le quita sus juguetes y dice que son de ella, cuando él pide ver un programa en la tele ella grita a todo pulmón que hay que ver “lícula de peshas” (película de princesas) que él las odia;  además cuando lo ve ordenando sus zombies para enfrentarse a los trash packs o a los LEGOS ella viene con sus piececitos gordos y chanca con furia todos los juguetes y los desparrama por todas partes. Cuando lo ve sentado jugando tranquilo va corriendo con la mano en alto para meterle un manazo, y en el colmo de la tiranía, ha intentado obligarlo a disfrazarse de príncipe cuando ella se pone alguno de sus vestidos de princesa. (En una ocasión tuvo éxito y llegue a casa y los encontré con sus disfraces).

A su hermanita menor, de 7 meses la apachurra hasta casi asfixiarla, y por supuesto la hace llorar. Cuando yo la cargo, se hace la dulce y mientras acaricia el pie de su hermanita se lo mete a la boca y le pega una mordida de aquellas, y ya en el colmo de las travesuras cuando la ve linda y lista para salir a una fiesta se acerca a “darle un besito” y abre su bocota y le hace una especie de succión/chape que le tapa la nariz y por supuesto, la deja recontra asustada y llorando como si la hubieran intentado matar (que me temo, es el deseo subconsciente de mi “terrible two”).

Su prima Abiga, también sufre sus maldades. No la deja coger absolutamente ninguno de sus juguetes, adornos, utensilios y similares. Tampoco deja que coja las cosas de sus hermanos. Tan es así, que la leyenda cuenta que una vez dijo: “No respires Abibil, ese aire mío”.


Por supuesto, papá – que es su fan número 1 – también sufre sus diabluras. Cuando se está cambiando lo persigue por todas partes para darle un palmazo en el poto o pellizcarlo, no lo deja desayunar tranquilo y finalmente lo obliga (sí obliga) a que le cambie el pañal todas las mañanas ¡TODAS! y si no lo hace, es vilmente castigado con llantos acusadores y una mirada de resentimiento que puede durar varias horas.  

Sé que es una etapa, que superará los dos años y volveremos a tener (relativa) calma. También, sé que su hermano aprenderá a evitar sus ataques y su hermanita aprenderá a defenderse asertivamente (espero), también sé que su papá seguirá babeando por ella (su “pesha”) y que yo, seguiré disfrutando cada una de sus diabluras y sus etapas tratando de educarla con límites y respeto. Pero mientras el tiempo pasa y eso sucede, tenemos que estar muy atentos y con mucho cuidado porque… ¡cualquiera puede ser víctima de los ataques de Nina en sus terrible two!

De cumpleaños feliz a casi, casi tragedia

Crónica de cómo un cumpleaños muy feliz casi se convierte en una terrible tragedia. Hace un par de semanas estaba conversando con otras mamás sobre la responsabilidad que una asume al invitar niños ajenos a jugar a la casa: los peligros tontos que hay, las tragedias que ocurren y como una nunca puede dejar de tomar todas las precauciones posibles. Recordé así, un episodio que presencié unos meses atrás, y del cual no escribí antes por… la verdad no sé bien porqué. Pero, pensándolo bien, es importante compartirlo porque puede pasar en cualquier momento.

El dueño del santo cumplía dos años, e hizo una fiestita con los amiguitos del salón y otros niños más. En principio, yo no iba a ir porque me tenía que quedar dando de lactar, pero por suerte, ese día la bebe lactó rapidísimo y se quedó dormida, así que aproveche que era temprano y me fui a la fiesta a estar con mis hijitos “grandes”.  
Cuando llegué, la fiesta estaba en su apogeo: gritos y el show a todo volumen. Como siempre, mis hijos se engrieron conmigo y se quedaron pegados a mis piernas por el resto de la tarde. Así, nos pusimos a ver el show en un costado, parados y apoyados sobre el inflable. El inflable, era uno pequeño, cuadrado, conocido como piscina de pelotas. Era, exactamente al de abajo.

juego inflable en el que casi se produce la tragedia


En esas estaba, disfrutando el show con mis hijitos a mi costado, cuando escucho al lado mío a una nana pidiendo a un niño que pare, que salga de ahí, que no haga eso. Volteo divertida a ver qué pasaba y vi, una escena rara: un niño de aproximadamente 3 años echado sobre puras pelotas tirandose sobre ellas con furia y toda su fuerza, “qué raro pensé”. Cuando en eso, el niño se mueve y me doy cuenta que debajo de las pelotas, hundido y boca abajo ¡había otro niño!! Entré en pánico: si ese niño no salía de encima iba a asfixiar al más pequeño que estaba debajo. Algo me poseyó y me puse a gritar como una loca: “¡saquen a ese niño de acá, saquen a ese niño de acá!” seguido por: “¿dónde está la puerta del inflable? !Que alguien entre! ¡Que saquen al niño de ahí!”. Mis gritos fueron tales que todas las mamás que estaban sentadas alrededor del inflable se pararon, el show semi-paró y el encargado de cuidar el inflable se dio cuenta y rescató al niño que estaba hundido.

Salió morado, respirando raro. Me volvió el alma al cuerpo cuando vi que estaba bien. Era un niñito del salón de mi hija, tenía menos de dos años!! Quedé muy nerviosa, me temblaban las manos y quería llorar: ¿qué hubiera pasado si no me daba cuenta que el compañerito de mi hija estaba debajo de las pelotas? ¿Hubiera sido una tragedia? ¿Cómo podría haberse evitado? A todos los niños les encanta el inflable.  Pero, ¿se imaginan ir a una fiesta dónde hay un accidente fatal? O peor aún, ser la anfitriona de una fiesta de niños donde uno sale muy lesionado o algo más grave incluso? 

Pasé el resto de la fiesta recontra nerviosa y con ganas de llorar, me temblaba el cuerpo y me dolía la garganta de tanto gritar. Mis hijos (que habían estado a mi costado durante toda la escena) no paraban de hacer preguntas y por supuesto, se me pegaron más. Luego, de todo me quedé pensando también: ¿debería contarle esto a la mamá del niñito agredido? Sabía que las otras mamás del nido que estaban ahí y eran más amigas de ella le contarían, pero la que vio todo tal cómo pasó fui yo. ¿Me gustaría que me lo cuenten a mí? Sí, claro. Pero, ¿quería ella qué se lo cuente? ¿Reaccionaría mal?

No la llamé. Opté por mandarle un email y dejarle mis números para que me llame si quería que le cuente lo ocurrido. Obviamente, no se lo iba a contar por correo. No me llamó y nunca me respondió el email. Supongo, que se siente tranquila con lo que sabe que pasó, y qué no es como yo: una neuro_mamá que quiere saber TODO lo que les pasó a sus hijos detalle a detalle. Como sea, desde ese día he aprendido que ninguna precaución es poca, y que es siempre bueno estar súper atentas a todo más aún cuando tenemos a nuestro cargo a niños pequeños. 

Criando a un niño con espíritu

La primera vez que oí el término niño con espíritu fue cuando buscaba en internet libros de crianza que me ayuden con mi hijo mayor: un niño con espíritu (que no es lo mismo que tener un carácter fuerte). No es que él tenga un problema particular, ni mucho menos; si no es que simplemente en sus 4 años de vida nos ha exigido mucho más, que lo cualquier niño promedio exige en toda su infancia: es intenso, persistente, sensible, perceptivo y odia el cambio. Características que según, Mary Sheedy Kurcinka autora de “Raising your Spirited Child”, tienen todos los “spirited child” o “niños con espíritu” (no sé si está sea la traducción oficial al español). Mi hijo tiene todas estas características y más, y ahora sé que es un niño con espíritu. Un niño, imaginativo, cuestionador y muy exigente; un niño que en un solo día te puede llevar a tocar el cielo ida y vuelta y sin parar, y esa misma tarde sacarte de quicio como ningún otro ser humano lo había hecho en tu vida…
 

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Bienvenidos a Neuro Mamá

¿Cuál es el nombre de tu blog?

¡¿Neuro Mamá? !   ¡¡¡NeuroMamá!!!

¿Por qué? ¿acaso eres neuróloga? ¿psicóloga? ¿psiquiatra?

No. Solo soy neurótica, una madre de 3 hijos con aspiraciones neuróticas. Con deseos conscientes e inconscientes de control absoluto sobre la vida y milagros de mis 3 hijos y muchas neurosis maternas.

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