¿Por qué mami?

Como ya es fin de año estaba leyendo mis notas de facebook y mirando las cosas que había escrito sobre mis hijos en el transcuros del año y encontré esta crónica, que no sé porqué no la había compartido, pero qué es muy entretenida y divertida sobre las preguntas de mi hijo mayor. En ese entonces, tenía 3 años y unos cuantos meses.

Además, me hizo recordar que hace unos días atrás mi hija, la segunda, Nina, preguntó por su pipí. Decía que le dolía (jajaja) y que se lo tenía que lavar.

Ahora, mi Chino ya es todo un niño grande y tiene 4 años y 3 meses.

Acá se las dejo, tal cual la escribí en ese momento:

“Mi Chino está creciendo. Cada vez es menos un bebé y más un niño curioso y preguntón. A sus 3

años y 3 meses, sus preguntas son implacables, ametralla y no para hasta satisfacer toda su curiosidad. 
Me ha preguntado desde astronomía: “¿Qué es el sol?”; botánica: “¿por qué crecen las plantas?”, pasando por física “¿por qué hay electricidad?” y metafísica, ¿por qué Dios vive en el cielo? Ha llegado incluso a anatomía avanzada: “¿por qué tenemos huesos? ¿Para qué sirven los huesos?, ¿los ojos son huevos?” 

Y ahora, continúa con su inquisición de anatomía avanzada. Así, tuvimos una simpática conversación mientras los bañaba a él y a Nina.

-“Mamá: ¿dónde está el pichín de Nina?”

-Sonrío y le respondo: “Nina no tiene pichín, porque ella es una niñita. Las niñas y las mujeres no tienen pichín”.
-“Ayyyyy (con pena y preocupación) pero, ¿por qué mami? ¿Por qué no tiene pichín? ¿Tú tienes pichín?
-“No hijito, yo no tengo pichín tampoco. Pero, no te preocupes soy muy feliz sin pichín. Las mujeres y las niñas no tienen pichín. Solo los hombres tienen pichín.”
Me mira con una mirada tierna y condescendiente. Me coge la mano y me dice: “No te peocupes mami. Yo te voy a comprar un pichín. Un pichín a ti y otro a Catalina. Vamos a ir a Wong y yo voy a comprar sus pichines”.
¿Qué diría Freud?

Nina y los terrible two

¿Es posible sobrevivir a los terrible twos o terribles dos? ¿Cómo se superan los terribles dos (terrible two)? Acá no tengo ningún tip, ni consejo, solo el dolor de mis anécdotas.

Mi hija Nina (ese es el apodo que ella misma se ha puesto), tiene exactamente 2 años, 2 meses y 3 días. Y, de un tiempo a esta parte está como nunca la había visto: retadora, desobediente y provocadora. Pasó de ser una dulce, obediente y fácil niñita a una tirana llorona. Nadie en la casa, absolutamente nadie, se escapa de sus diabluras (ni siquiera la pobre perra a la que le quita la comida de la boca para comérsela ella) y por supuesto, los más afectados con este cambio de actitud son sus hermanos. Sin querer queriendo se ha transformado en su tormento.

Nina and the terrible twos, los terribles dos


A su hermano mayor lo tiene seco: le quita sus juguetes y dice que son de ella, cuando él pide ver un programa en la tele ella grita a todo pulmón que hay que ver “lícula de peshas” (película de princesas) que él las odia;  además cuando lo ve ordenando sus zombies para enfrentarse a los trash packs o a los LEGOS ella viene con sus piececitos gordos y chanca con furia todos los juguetes y los desparrama por todas partes. Cuando lo ve sentado jugando tranquilo va corriendo con la mano en alto para meterle un manazo, y en el colmo de la tiranía, ha intentado obligarlo a disfrazarse de príncipe cuando ella se pone alguno de sus vestidos de princesa. (En una ocasión tuvo éxito y llegue a casa y los encontré con sus disfraces).

A su hermanita menor, de 7 meses la apachurra hasta casi asfixiarla, y por supuesto la hace llorar. Cuando yo la cargo, se hace la dulce y mientras acaricia el pie de su hermanita se lo mete a la boca y le pega una mordida de aquellas, y ya en el colmo de las travesuras cuando la ve linda y lista para salir a una fiesta se acerca a “darle un besito” y abre su bocota y le hace una especie de succión/chape que le tapa la nariz y por supuesto, la deja recontra asustada y llorando como si la hubieran intentado matar (que me temo, es el deseo subconsciente de mi “terrible two”).

Su prima Abiga, también sufre sus maldades. No la deja coger absolutamente ninguno de sus juguetes, adornos, utensilios y similares. Tampoco deja que coja las cosas de sus hermanos. Tan es así, que la leyenda cuenta que una vez dijo: “No respires Abibil, ese aire mío”.


Por supuesto, papá – que es su fan número 1 – también sufre sus diabluras. Cuando se está cambiando lo persigue por todas partes para darle un palmazo en el poto o pellizcarlo, no lo deja desayunar tranquilo y finalmente lo obliga (sí obliga) a que le cambie el pañal todas las mañanas ¡TODAS! y si no lo hace, es vilmente castigado con llantos acusadores y una mirada de resentimiento que puede durar varias horas.  

Sé que es una etapa, que superará los dos años y volveremos a tener (relativa) calma. También, sé que su hermano aprenderá a evitar sus ataques y su hermanita aprenderá a defenderse asertivamente (espero), también sé que su papá seguirá babeando por ella (su “pesha”) y que yo, seguiré disfrutando cada una de sus diabluras y sus etapas tratando de educarla con límites y respeto. Pero mientras el tiempo pasa y eso sucede, tenemos que estar muy atentos y con mucho cuidado porque… ¡cualquiera puede ser víctima de los ataques de Nina en sus terrible two!

De cumpleaños feliz a casi, casi tragedia

Crónica de cómo un cumpleaños muy feliz casi se convierte en una terrible tragedia. Hace un par de semanas estaba conversando con otras mamás sobre la responsabilidad que una asume al invitar niños ajenos a jugar a la casa: los peligros tontos que hay, las tragedias que ocurren y como una nunca puede dejar de tomar todas las precauciones posibles. Recordé así, un episodio que presencié unos meses atrás, y del cual no escribí antes por… la verdad no sé bien porqué. Pero, pensándolo bien, es importante compartirlo porque puede pasar en cualquier momento.

El dueño del santo cumplía dos años, e hizo una fiestita con los amiguitos del salón y otros niños más. En principio, yo no iba a ir porque me tenía que quedar dando de lactar, pero por suerte, ese día la bebe lactó rapidísimo y se quedó dormida, así que aproveche que era temprano y me fui a la fiesta a estar con mis hijitos “grandes”.  
Cuando llegué, la fiesta estaba en su apogeo: gritos y el show a todo volumen. Como siempre, mis hijos se engrieron conmigo y se quedaron pegados a mis piernas por el resto de la tarde. Así, nos pusimos a ver el show en un costado, parados y apoyados sobre el inflable. El inflable, era uno pequeño, cuadrado, conocido como piscina de pelotas. Era, exactamente al de abajo.

juego inflable en el que casi se produce la tragedia


En esas estaba, disfrutando el show con mis hijitos a mi costado, cuando escucho al lado mío a una nana pidiendo a un niño que pare, que salga de ahí, que no haga eso. Volteo divertida a ver qué pasaba y vi, una escena rara: un niño de aproximadamente 3 años echado sobre puras pelotas tirandose sobre ellas con furia y toda su fuerza, “qué raro pensé”. Cuando en eso, el niño se mueve y me doy cuenta que debajo de las pelotas, hundido y boca abajo ¡había otro niño!! Entré en pánico: si ese niño no salía de encima iba a asfixiar al más pequeño que estaba debajo. Algo me poseyó y me puse a gritar como una loca: “¡saquen a ese niño de acá, saquen a ese niño de acá!” seguido por: “¿dónde está la puerta del inflable? !Que alguien entre! ¡Que saquen al niño de ahí!”. Mis gritos fueron tales que todas las mamás que estaban sentadas alrededor del inflable se pararon, el show semi-paró y el encargado de cuidar el inflable se dio cuenta y rescató al niño que estaba hundido.

Salió morado, respirando raro. Me volvió el alma al cuerpo cuando vi que estaba bien. Era un niñito del salón de mi hija, tenía menos de dos años!! Quedé muy nerviosa, me temblaban las manos y quería llorar: ¿qué hubiera pasado si no me daba cuenta que el compañerito de mi hija estaba debajo de las pelotas? ¿Hubiera sido una tragedia? ¿Cómo podría haberse evitado? A todos los niños les encanta el inflable.  Pero, ¿se imaginan ir a una fiesta dónde hay un accidente fatal? O peor aún, ser la anfitriona de una fiesta de niños donde uno sale muy lesionado o algo más grave incluso? 

Pasé el resto de la fiesta recontra nerviosa y con ganas de llorar, me temblaba el cuerpo y me dolía la garganta de tanto gritar. Mis hijos (que habían estado a mi costado durante toda la escena) no paraban de hacer preguntas y por supuesto, se me pegaron más. Luego, de todo me quedé pensando también: ¿debería contarle esto a la mamá del niñito agredido? Sabía que las otras mamás del nido que estaban ahí y eran más amigas de ella le contarían, pero la que vio todo tal cómo pasó fui yo. ¿Me gustaría que me lo cuenten a mí? Sí, claro. Pero, ¿quería ella qué se lo cuente? ¿Reaccionaría mal?

No la llamé. Opté por mandarle un email y dejarle mis números para que me llame si quería que le cuente lo ocurrido. Obviamente, no se lo iba a contar por correo. No me llamó y nunca me respondió el email. Supongo, que se siente tranquila con lo que sabe que pasó, y qué no es como yo: una neuro_mamá que quiere saber TODO lo que les pasó a sus hijos detalle a detalle. Como sea, desde ese día he aprendido que ninguna precaución es poca, y que es siempre bueno estar súper atentas a todo más aún cuando tenemos a nuestro cargo a niños pequeños. 

Criando a un niño con espíritu

La primera vez que oí el término niño con espíritu fue cuando buscaba en internet libros de crianza que me ayuden con mi hijo mayor: un niño con espíritu (que no es lo mismo que tener un carácter fuerte). No es que él tenga un problema particular, ni mucho menos; si no es que simplemente en sus 4 años de vida nos ha exigido mucho más, que lo cualquier niño promedio exige en toda su infancia: es intenso, persistente, sensible, perceptivo y odia el cambio. Características que según, Mary Sheedy Kurcinka autora de “Raising your Spirited Child”, tienen todos los “spirited child” o “niños con espíritu” (no sé si está sea la traducción oficial al español). Mi hijo tiene todas estas características y más, y ahora sé que es un niño con espíritu. Un niño, imaginativo, cuestionador y muy exigente; un niño que en un solo día te puede llevar a tocar el cielo ida y vuelta y sin parar, y esa misma tarde sacarte de quicio como ningún otro ser humano lo había hecho en tu vida…
 

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Bienvenidos a Neuro Mamá

¿Cuál es el nombre de tu blog?

¡¿Neuro Mamá? !   ¡¡¡NeuroMamá!!!

¿Por qué? ¿acaso eres neuróloga? ¿psicóloga? ¿psiquiatra?

No. Solo soy neurótica, una madre de 3 hijos con aspiraciones neuróticas. Con deseos conscientes e inconscientes de control absoluto sobre la vida y milagros de mis 3 hijos y muchas neurosis maternas.

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