Five nights at Freddys y otros videojuegos para padres desesperados

Mami, ¿tú conoces a Freddy?
¿Qué Freddy??? – Dije mirando a mi hijo con espanto -¿Krueger? ¿Freddy Krueger?
Nooo, Ma. Freddy, el de Five Nights at Freddy’s
¿Qué? ¿Quién es ese? Nunca lo he visto, a ver enséñamelo.
Y así, fue como – hace más o menos 1 año atrás – esta neuro madre desesperada (y un poco asustada) conoció al famoso oso Freddy y toda su pandilla del videojuego Five nights at Freddy’s. Mi hijo me enseñó un vídeo de youtube y desde ese día no para de rogarme para que le baje los juegos (están en IOS, Android y todas las demás), le pidió a Papa Noel que le traiga al muñeco bendito y por su cumpleaños, también los quiere a todos. Y no sólo él, todos sus amiguitos están obsesionados con ese juego.
Pero ¿de qué trata este videojuego? ¿a qué rango de edad va dirigido? Y lo más importante ¿es seguro que lo jueguen nuestros hijos menores de 12 años?
Vayamos por partes. Five nights at Freddys es una saga de videojuegos de terror – que apelan al terror psicológico a la antigua (o sea, sustos y tensión) – creada y desarrollada por un tal Scott Cawthon. El video juego ya cuenta con 5 “episodios” de la saga y hasta un spin off: Five nights at Freddy’s World. El videojuego se hizo conocido por sus videos virales en YouTube dónde varios gamers se filman jugando y siendo asustados. Lo más probable es que si tu hijo no tiene aparatos eléctricos propios (como el mío) haya conocido a Freddy por sus videos en YouTube. Así que no te alarmes.
 

Five nights at Freddy's toys
Esta foto la tomó mi hijo a sus juguetes 

En “Five Nights at Freddy’s”, el jugador asume el rol del personaje principal quien es el nuevo vigilante de seguridad en la pizzería “Freddy Fazbear’s Pizza” —un restaurante tipo Chuck E. Cheese’s. El problema, es que esta pizzería tiene unos animatrónicos (Freddy y todos sus amigos) que en la noche caminan libremente ya que, si no se mantienen activos, sus servomotores se apagan. La idea es sobrevivir 5 noches sin que estos animatrónicos te maten.

Al ser el vigilante nocturno de la pizzería, el rango de acción del jugador está limitado a mirar por las cámaras de seguridad. Sólo puede protegerse cerrando puertas para que los animatrónicos no ingresen a su puesto. El ambiente es oscuro, pues tienes poca batería para usar las cámaras y prender las luces y acá radica el terror del asunto: entre muñecos, apagones, ruidos raros y trucos hay una tensión real que te hace saltar hasta el techo. Es el miedo más primario: miedo al miedo. Nada de sangre, nada de tragedias, nada de palabrotas; puro susto psicológico. Y eso es precisamente lo que les encanta a los niños.
El videojuego fue creado con la intención que hasta el jugador con menos experiencia pueda jugarlo y lo pase bien. Por lo que ahí no hay un mínimo de edad. De otro lado, el video juego apela al thriller de terror psicológico por lo que la organización “Common sense media” lo recomiendan para niños a partir de los 12 años con una madurez media pues, la tensión y sustos del juego son reales.
Personalmente, pienso que dejar o no que tu hijo se baje este videojuego depende de cuan maduro lo veas para afrontar sustos y miedos. En líneas generales, los expertos piensan que el thriller de terror psicológico es demasiado para los niños y estoy de acuerdo.
Imagen del videojuego Roblox

Otros juegos como Roblox y Clash of Clans han sido rankeados como para 10 y 12 años respectivamente por la misma organización common sense media. Estos dos juegos a mí me encantan pues son de estrategia y en el caso de Roblox puedes crear contenido, lo que estimula la imaginación. El problema está, en que en Roblox nunca falta quien crea contenido poco apropiado para los niños y en caso de Clash of Clans cómo es un juego interactivo, pueden ser contactados por otros gamers. En mi opinión, nada que no pueda ser solucionada con supervisión adulta.

Eso es todo lo que averigüé de estos juegos. Para más info de otros videojuegos, series y películas les recomiendo mucho la página “Common sense media”. En esta página son los propios padres los que otorgan las reseñas y rankings de los juegos, series y hasta películas. 

¿Cómo motivo a mis hijos para que hagan tareas?

A estas alturas creo ya tod@s los que me siguen (y vari@s que no) han visto el meme que realicé luego de una tarde de terror haciendo tareas con mi hijo mayor. No es que siempre sea así, pero hay días. Debo mencionar también, que yo no me siento a hacer tareas con mi hijo pero, ese día en particular, mi hijo me pidió que lo acompañe.
Beauty and the beast motherhood meme
Facebook.com/NeuroMamaBlog

Usualmente, cuando él hace tareas yo estoy por ahí dando vueltas lo suficientemente cerca para ayudarlo pero, lo suficientemente lejos para evitar episodios como los del día en cuestión.


De otro lado, en el colegio de mis hijos las tareas son misérrimas. Los peores días a mi hijo mayor (que está en 2do de primaria) le mandan 3 hojas de tarea además de su lectura diaria de 8 minutos. De igual manera, a mi hija la segunda (que está en kínder) le mandan prácticamente cero tareas. Sin embargo, lograr que se sienten a hacer sus [mini] tareas es todo un reto. Algunos días fluye pero otros… incluyen 20 minutos previos de pedidos, chantajes, sobornos y – en algunas ocasiones – amenazas.  

Conversando al respecto con una amiga blogger (Andrea de Mamá Quiero Leche), me sugirió un post que ella escribió hace tiempo sobre cómo logró motivar a su hijo mayor a que haga tareas (lo pueden encontrar acá: El Baúl de las Tareas). Además, coincidió con que terminé leer un libro sobre crianza que me motivó bastante y se los recomiendo (Amy Chua: The Battle Hymn of the Tiger Mom, en español: Madre tigre, hijos leones). En el cual postula que somos las madres (o padres, como prefieran) los que debemos darle a los niños los motivadores externos para trabajar duro, estudiar, destacar y triunfar todo esto sin miedo a exigirles. Pues, parte de la premisa que ellos pueden. Una vez crecen con esta ética de trabajo, la internalizan y tienen el motivador interno que los empuja a cumplir y destacar. 

Así, esperanzada en que llegará el día en que encuentren la motivación interna que los lleve a sentarse solos y hacer las tareas, me he puesto manos a la obra en sembrarles la semilla del estudio y – no lo voy a negar – las ganas de sacarse buenas notas y destacar (que de eso, mis hijos nada).
Para hacerlo, me remonté a los orígenes: mi madre (que sin saberlo siguió el método de Amy Chua). Mi mamá con las 4 fue muy estricta. Hábitos, horarios y RUTINA. La gente exitosa tiene buenos hábitos y orden (ella no se acuerda de decirlo, pero yo sí recuerdo haberla escuchado). Con una rutina diaria que incluye hacer tareas los niños ya saben que esperar. Y aunque no lo crean, tener un horario bien establecido me está ayudando muchísimo con la motivación para hacer tareas de mi hijo mayor.
Beautiful brown eyed boy 2 years age holding phone loking bored and cute
Que divertido!

También, con mi hijo mayor sirven mucho las recompensan materiales. Él siempre está coleccionando algo, siempre quiere algo. Entonces, para motivarlo aún más, le pongo metas semanales: “si haces las tareas con buen ánimo y sin perder el tiempo durante toda la semana, te ganas un paquete de plastilina dura” (las ama). Hasta ahora me sirven las metas a corto plazo, porque realmente a largo plazo ni él ni yo las vislumbramos. Por otro lado, los motivadores de mi hija la segunda son más emocionales (con ella sí me siento a hacer las tareas) y son del tipo: “si te esfuerzas duro hoy y haces la tarea rapidito me acompañas a hacer las compras ahora, solas tú y yo, sin tus hermanos”.

No voy a negar que hay días en los que hasta mí cuesta seguir con estas rutinas (¡¡vacaciones por favor!!!). Pero lo importante es ser constante. Soy una fuerte creyente que, una vez pasado el incentivo externo inicial, los niños internalizan la motivación por el conocimiento y el aprendizaje que viene con las tareas. El incentivo se vuelve interno y las tareas parte de su rutina. Y digan lo que digan, la gente organizada y con motivadores (de conocimiento y curiosidad) internos suele ser la gente más feliz y exitosa. Y, creo que a eso, apuntamos todos. 

De alta de la terapia

Estoy que no quepo en mi pellejo del orgullo y la felicidad. A mi hijo mayor – mi hijo con espíritu (leer acá criando a un niño con espíritu) – le dieron de alta en su terapia ocupacional sensorial. Terapia a la que acudía hace más de dos años. Él empezó a acudir a esta terapia luego que lo diagnosticaran con Disfunción de Integración Sensorial (DIS) (ver post acá). Sus sesiones eran dos veces a la semana y sólo faltaba por viajes o si estaba realmente enfermo. Finalmente, la semana pasada luego de más de 200 horas de terapia …  le dieron de alta.
Masked 3 year old boy with a cape integración sensorial
Y yo no quepo en mi pellejo de la felicidad. Lo he celebrado por todas partes. Sí, ya sé. Como si el logro fuera mío. Pero, en gran parte siento que lo es. Y no porque crea que lo logró gracias a mí. Para nada, el mérito es suyo. Sino porque durante este proceso lo he estado acompañando, y no ha sido nada fácil. Lo he acompañado en los días malos, pésimos y los terribles, por supuesto, también en los días buenos y regulares. Me he reunido con los tutores del salón, con la psicóloga del colegio y con los profesores muchas más veces de las que hubiera querido. Tanto así, que en un punto ya no quería ir a recogerlo al colegio pues, tenía pavor de que me agenden una reunión más, o de lo que la tutora me diría al recogerlo.
He consultado con terapeutas y especialistas, he practicado en casa – con la rigurosidad de un sargento – todas las recomendaciones que los especialistas me daban. Incluso si eso significaba tener que mecharme con mi hijo, obligarlo, amenazarlo o todas las anteriores.
Y si pues, estoy feliz que eso haya terminado. Obviamente, soy consciente que la disfunción de integración sensorial no es algo que se cura, ni que desaparece. Es un trastorno en el procesamiento y organización de los estímulos sensoriales que se controla y aprende a manejar. De hecho, también las manifestaciones disminuyen y se vuelven prácticamente inexistentes. Eso significa que, a pesar que ya le dieron de alta de terapia a mi hijo, igual habrá circunstancias, momentos e incluso días enteros que serán muy malos. Pero, confío en que él ya tiene las herramientas y la madurez para manejarlo. Y yo siempre estaré ahí para apoyarlo.
Sé también que algunos de los síntomas de esta disfunción quedarán como rasgos particulares de su personalidad. Por ejemplo, probablemente mi hijo sea uno de esos adultos a los que no les pueden hacer pedicure porque simplemente no tolera que le corten las uñas de los pies (ni que le toquen los pies en general) y seguro, jamás en su vida usará chompas o sweaters de un material distinto al algodón, y siempre tendrá un olfato privilegiado que le avisa el menú de la casa 3 cuadras antes de llegar. Llámenlo excéntrico maniático, pero para esta neuro-madre todo esto simplemente lo vuelve único y más interesante.
Y si pues me toca celebrar. Me toca celebra por un trabajo duro y bien hecho. Me toca celebrar como una neuro-madre que se angustió hooooras, lloró mares y leyó horas de un tema que hoy por hoy, por fin deja de ser una preocupación. ¡SALUD!

¿Por qué se celebra el día del niño?

En el Perú celebramos El Día del Niño el 3er domingo de agosto. Es ya tradición en nuestro país, que en esta fecha las jugueterías tengan unos descuentos increíbles, que los parques y plazas organicen actividades diseñadas especialmente para los niños y sus familias y que se genere mucho movimiento comercial alrededor de ellos.  
Sin embargo, a pesar de todo este movimiento comercial pocas sabemos por qué y para qué se celebra este día – cuya fecha varía de acuerdo a la región y/o al país (es decir, no se celebra el mismo día en todo el mundo). Como ya deben suponer, este día no se celebra para que los niños reciban regalos, ni para que almuercen lo que quieran, ni para que seamos sus esclavos personales por este día. El día del niño se celebra para reafirmar los derechos universales de los niños.
Happy Children walking
¿Por qué necesitamos reafirmar los derechos de los niños? Porque es necesario, generar una preocupación y conciencia sobre la necesidad de protección especial para los infantes. En ese sentido, es que en 1954 la ONU decidió recomendar a todos los países que instituyeran el Día Universal del Niño, para fomentar la fraternidad entre todos ellos y promover el bienestar de los niños.
Así, que ya lo saben en el día del niño reafirmamos y recordamos los derechos universales de los niños:
1.       Derecho a la educación y a jugar
2.       Derecho a una familia
3.       Derecho a la atención de salud preferente
4.       Derecho a no ser obligados a trabajar
5.       Derecho a ser escuchado
6.       Derecho a tener un nombre y una nacionalidad
7.       Derecho a una alimentación cada día
8.       Derecho de asociación y derecho a integrarse, a formar parte activa de la sociedad en la que viven
9.       Derecho a no ser discriminado
10.   Derecho a no ser maltratado: incluyendo aquí matrimonios forzados, esclavos sexuales, niños – soldados…

Y bueno, ¿por qué no? mientras recordamos y reafirmamos los derechos de nuestros niños podemos también pasar una linda tarde de diversión, engriéndolos con un rico almuerzo y pasándola bien en familia. 

El más movido del salón

Con la idea de tranquilizar a las angustiadas madres de los niños más “movidos” del salón y también, para generar (un poco) de conciencia con la “mirada” que se les da (en algunos centros educativos) a los niñ@s más inquietos, comparto esta experiencia de cuando fui a participar en la semana especial del nido de mi sobrino. 
En la semana especial de mi sobrino fui a contar un cuento y a hacer unos juegos en su salón. Fui de lo más feliz a compartir con mi sobrino y sus compañeritos, que en aquel entonces rondaban los 2 años 8 meses, eran los más chiquititos del pre-school. La pasé genial, y mi sobrino también. Estaba feliz. Fueron 60 minutos de pura diversión. Todo estuvo bien, salvo que, durante todo el tiempo que estuve en el salón de mi sobrino (1 hora aprox.). Noté rápidamente – por lo obvio que era – quien era considerado el niño más movido del salón.
El más movido del salón dos niñas y una de ellas con disfraz de diablo

Lo interesante acá, es que no lo noté por el comportamiento específico del niño (que para mí no fue nada extraño) si no, lo noté por el comportamiento de la profesora y las auxiliares del salón. No es que lo maltrataran ni mucho menos, para nada. Si no más bien, había una “sobre mirada” y exceso de atención y nombramiento del niño.
 ¿Qué? Explícate por favor.
Para empezar, este niño contaba con una auxiliar (casi) exclusivamente para él. La auxiliar estaba pendiente de él el 99.9% del tiempo. Cuando todos nos sentamos en la alfombra para la canción de bienvenida, a este niño lo sentaron encima de una auxiliar, cuando todos nos paramos para bailar la canción del cuento, él se paró con la auxiliar, cuando estornudó, lo hizo encima de la auxiliar. En cuanto se empezaba a mover un poco, la auxiliar lo abrazaba fuertemente y no lo dejaba levantarse y/o moverse libremente. Luego, cuando el niño se cansó de estar sentado (¡hey! No fue el único) la auxiliar salió disparada detrás de él. No le permitió coger otros juguetes (que para él eran más interesantes que mi cuento) (y, no, no me ofendo) y lo cargó por todo el salón y así lo tuvo un buen rato. Y no sólo eso, si no que las otras auxiliares y la misma Miss lo nombraban constantemente: Fulanito, que bien te sientas hoy, Fulanito ven para acá, Fulanito no empujes, Fulanito no hagas esto o haz aquello, Fulanito, Fulanito, Fulanito.
Con este comportamiento por parte de los adultos cuidadores del salón  no me sorprendió en absoluto que el niño luego de un rato se rebele y haga un berrinche de aquellos. Este berrinche sólo confirmó para la profesora y auxiliares, que él es un niño “difícil” y probablemente, para él confirmo que el colegio es difícil. Y probablemente, cuando la mamá llegue le contarán el episodio o quizá en la entrega del reporte le hablaran de las dificultades del niño y confirmarán que es “movido” y/o “difícil”.

Pero, quizá si el manejo de estos niños en el salón fuera diferente, quizá si lo dejaran un poco más solo o no le exigieran lo mismo a todos los niños. Quizá si lo miraran menos e “ignorarán” un poco más, quizá él hubiera soportado mejor la mañana en el salón.
Y es a esto a lo que voy. Muchas de nosotras vivimos los primeros años escolares de nuestros hijos angustiadas porque la profesora nos cuenta que se mueve demasiado, que no se sienta tranquilo en la alfombra, que no obedece a la primera (díganme por favor, ¿Quién lo hace?) y un sinfín de comportamientos negativos, pero que  – ya está científicamente comprobado – son naturales en niños de menos de 5 años. Y nosotras como neuro-madres, nos angustiamos, nos preocupamos, hablamos con nuestros hijos, los llevamos a evaluar, caemos sin querer queriendo en el juego de las terapias, las sobre evaluaciones y sobre diagnósticos. En vez de preguntarnos por la mirada que le dan a nuestro hij@ en la clase.

Ahora que empieza este año escolar, antes de angustiarnos si nos dicen que nuestro hijo se mueve más que el promedio o no rinde como debería o no obedece tanto como el resto. Debemos de preguntarnos, si acaso la mirada hacia él o ella dentro del salón no es excesiva y le hace más daño que bien. 

Carta abierta a la súper niñera

Querida Súper Niñera:

Primero quiero decirte que soy tú súper fan, he visto todos tus capítulos, sigo tus consejos al pie de la letra y he comprado todos tus libros. Tus enseñanzas me han ayudado mucho. Pero déjame decirte, que de un tiempo a esta parte ya ninguna de las tácticas que aprendí de ti me está funcionando. Te cuento mi caso: Soy una madre (ama de casa full time) de Lima, Perú tengo 3 hijos, un hombre y dos mujeres. El hombrecito, tiene 5 años, la segunda 3 y la tercera cumple 2 el próximo mes. Todos son muy lindos y los quiero con todo mi corazón. El problema está en que ya no sé qué hacer para enseñarle límites y respeto a mi hija la segunda, la de 3 años y 6 meses.

Siento que esta niña de 3 años y medio, me gana. Sigo tus enseñanzas: en casa los límites son claros y están bien establecidos, los niños tienen rutinas comprensibles y predecibles, papá y yo somos un equipo. Cuando debo corregirla me agacho para estar a su altura y le hablo mirándola directamente a los ojos, le hago tiempo fuera cuando se sale de control. Tengo momentos “madre – hija” constantemente, e incluso, le he hecho un “cuadro de beneficios” para ponerle caritas felices o estrellas cada vez que cumple con alguna obligación.  Pero, nada de esto parece estar resultando.

Con mi hija sándwich (ver post acá) la cosa está complicada. Desafía abiertamente mis mandatos. Cuando la castigo se corre, se ríe y grita feliz como si estuviera jugando. Cuando le pega a alguno de sus hermanos lde doy tiempo fuera pero, lograr que lo cumpla es misión imposible. Me tengo que sentar con ella durante los 3 minutos si no, no lo cumple. Tiene su “cuadro de beneficios” intacto porque no me atrevo a ponerle caritas tristes y por supuesto, no merece caritas felices. Mi esposo me dice que le ponga carita triste, pero no sé dónde he leído que eso puede dañar su autoestima y que el refuerzo negativo no es bueno para el desarrollo de los niños. Estamos trabajando en conjunto con su miss del nido para que ella aprenda a respetar más la autoridad (léase no se zurre tanto en nosotras).  

Mi consigna actual con ella es: mucho amor y mucha firmeza. Pero, ya no sé qué hacer cuando se ríe en mi cara de los castigos y/o privaciones que le impongo. Tus consejos me sirvieron mucho para controlar las pataletas de mi hijo mayor. Pude calmarlo, comprenderlo y dirigirlo. Lo mismo con mi hija la tercera que tiene un carácter parecido. Sé, cómo manejar estos genios fuertes e impetuosos. Pero, con la segunda no sé qué hacer. Tiene una respuesta inmediata (con sonrisita incluida) para todo. Intento hacerla reflexionar y me sale con respuestas audaces o invenciones y todo con una sonrisa y una calma que me descuadran. Me dijeron que los 3 años eran peores que los “terribles 2” (ver post acá y Acá) pero esta situación está alcanzado dimensiones épicas, sobre todo porque se zurra en mí en mi propia cara. 

Dime súper niñera ¿qué debo hacer? En el nido ya han hablado con nosotros (sí, fuimos de los primero en ser citados, ¡auch!) sobre el tema de los límites y el desafío a la autoridad por parte de esta pequeñita. Nos preguntaron si en casa ella tenía los límites claros. Pues, claro que los tiene. Si no, no se empeñaría tanto en desafiarlos. Súper niñera, lo que más me preocupa es el futuro: ¿si no puedo ahora que tiene 3, qué me espera cuándo tenga 13? ¿O 15? No quiero ni imaginarlo. Pero, no señor. No.  Esto lo controlo hoy. El problema es, que ya no sé cómo…. No sé cómo…  ¡¡Ayúdame!!

Mamás “metidas”, hijos buenos

Hace unos días fui a una fiesta infantil con mi hermana y nuestros hijos. Nos encontramos con una amiga y su hijo de 6 años y a ambas nos sorprendió lo bien que estaba el niño. Pues, de ser el terror de las fiestas: un niñito realmente descontrolado, desobediente y cargoso, pasó a ser un niño simpático, educado y súper colaborador. Y todo, en un lapso relativamente corto de tiempo (menos de un año). Ambas nos quedamos sorprendidas del cambio en este niño y por supuesto, tuvimos que reconocer que el principal generador de este cambio fue el también cambio de actitud de la mamá, y la fuerte chamba que metió en su hijo.

Ella pasó de ser una mamá “light”, a ser una mamá más comprometida y participativa en la vida de su hijo. Pasó, de no acompañarlo a (casi) ningún cumpleaños, a ir a todos aunque sea un momento, de no recogerlo nunca de sus actividades a recogerlo mínimo una vez por semana. Además nos contó también que ahora tanto ella como él, tienen horarios más claros en casa y ella tiene horarios determinados para compartir momentos uno a uno con él (y con su hermana). En esos momentos, ella aprovecha para enseñarle con el ejemplo y hacerle notar lo mucho que él le importa. Y, los resultados de estos pequeños cambios no se han hecho esperar. El niño, era otra persona: más seguro, más educado y más feliz. Lo mejor, es que si bien, nuestra amiga tuvo que disminuir un poco sus horas de trabajo, ella continúa trabajando. Así, que demuestra que, ¡Sí, se puede!

Luego de ver este cambio, me puse a observar a todos los niños y a sus madres (pues conocía a la mayoría) y me di cuenta que, efectivamente, mientras más metida es la mamá, mientras más comprometida está con la crianza de sus hijos, mientras más “lacra” con la educación es, los niños son, por decirlo de alguna manera, una “mejor” versión de sí mismos. Y no se trata acá de ser una empalagosa e impertinente mamá que no deja a sus hijos hacer nada. O de ser una metiche sin vida que anda atrás de ellos, pues muchas trabajan fuera de casa. Si no, simplemente de saber acompañar (en el significado total de la palabra) a nuestros hijos, guiarlos, educarlos y sobre todo, amarlos.

Empecé a recordar a todos los hijos de amigas cercanas y parientes que tengo, y me di cuenta que mi teoría era efectivamente cierta: mientras más comprometida la mamá, mientras más metida en la crianza; más buen@ el hij@. Esas mamás, que están siempre presentes, EDUCANDO (y con mayúsculas porque ahora hay muchas mamás que están, sin embargo no educan – ver post acá). Esas mamás, que son unas “lacritas” porque están ahí acompañando constantemente a sus hijos y conteniendolos, tenían a los niños más centrados, más juicios y también los más seguros. Claro, que ser una “lacrita educadora” no es fácil. Asumir el compromiso de estar ahí para nuestros hijos siempre, es bastante trabajo. Pero, en mi opinión, vale la pena. Así, que a trabajar, porque si queremos hij@s buen@s, pues hay que ser unas “metidas”. 

Carta a NeuroMamá…a propósito de un reciente viaje a Europa

Hola Neuro-Mamá,
Antes que nada quiero decirte que soy tu fan. Me encantan tus anécdotas y siempre me haces reír. Te escribo a raíz de un reciente viaje que hice a Europa en el que observé muchas cosas curiosas que muero de ganas de comentar…

Siempre supe que hay grandes diferencias culturales entre países y que los europeos son muy diferentes a los latinos. Este viaje me permitió descubrir una posible explicación: la manera como criamos a nuestros hijos. La forma de crianza de nosotras, las peruanas, es muy peculiar. En este viaje, éramos mi esposo y yo vs. mi hija, digo, mi esposo, mi hija y yo… jajajaja. Nada de nanas. No pude evitar compararme con cada madre que vi en la calle. Me sorprendió que nadie cargaba tanto a su hija como yo. Las europeas los hacen caminar, inclusive desde tan pequeñitos como la mía (año y medio), los niños tienen 2 opciones: coche o mano, a veces aparece una tercera, el canguro, pero definitivamente no iban cargaditos contra la cadera de mamá.

También caí en cuenta que ahogo a mi hija en besos, y que en consecuencia, ella es una gran besuqueadora. No vi en 14 días ninguna europea que cargue a su mostrito y le diga “a ver besito a papá, al abuelito, a la tía, al fulanito que casi ni conoces”, y que reciba una ola de aplausos por ello. Y de ahí deriva que cuando me presentaban a algún europeo automáticamente y por “educación” yo les metía la cara tratando de besarlos y ellos me extendían la mano… “Que frios”, pensé la primera vez, a la quinta vez me sentí súper inoportuna y hasta invasiva. Así que dejé de andar de repartidora de besitos, incluso era más cómodo para mí, y me he propuesto no forzar/pedir besitos a mi chiquitina.

Otra cosa que me sorprendió es que niños pataletudos hay en TODO el mundo. No faltó en cada paseo por lo menos un par de niños berrinchudos, eso no me sorprendió. Lo que sí me sorprendió, es como lo manejaban las mamás. Más de una vez pensé que el niño lloraba porque se había perdido, y NO, no era eso, la mamá estaba a una prudente distancia, viendo con paciencia y casi sin inmutarse el despliegue de ira de la criatura, la que luego de un rato entraba en razón y con el rabo entre las piernas volvía hacia la madre. Y no sólo eso, sino que ningún europeo se preocupaba o prestaba atención. Sólo la inoportuna latina que te escribe miraba con asombro y hasta, sólo la primera vez, quiso entrometerse para ayudarlo a “buscar a su mami”. En el aeropuerto de Lima un niño se tiró al piso y no faltó más de una vieja que tuviera algo que decir al respecto, desde “señora, recoja a su hijo”, hasta “¡ayyyy Dios!”. Y eso, obviamente trae consecuencias, las madres peruanas no sabemos manejar una pataleta con dignidad: o los arrastramos por el piso, o los gritamos y nos frustramos, o terminamos dándoles lo que quieren (para que no hagan roche) o, simplemente llamamos a la nana…

Y hablando de nanas, las europeas van con sus 2,3 o 4 hijos a todos lados. Ellas y sus maridos con todos los hijos. Los niños se saben manejar en grupo, juegan cerca de los papás, se sientan y comen tranquilos. Me rompí el cerebro preguntándome porqué mi enana simplemente camina a donde se le da la gana y ni se preocupa por perderse, mientras los gringuitos siempre andan a la vista de la madre. ¿Por qué mi hija acaba de comer y se baja de la silla ipso facto, mientras los europeitos mueren de aburrimiento en sus sillas y esperan a sus viejitas? ¿Por qué mi traviesa es tan poco “sobreviviente” y se paraba chancando, atorando en el ascensor, la escalera eléctrica? No vi a ningún europeito meterse en tantos problemas… Creo que tengo la respuesta: mi hija está malacostumbrada a la nana. Las peruanas tenemos nanas, abuelas, tías que cuidan 100% del tiempo a nuestros pequeños. Cuando mi hija se aburre, la nana se la lleva a dar una vuelta. Ella no está acostumbrada a esperar pacientemente. Si terminó de comer, se la llevan a jugar.  Cuando se va corriendo, siempre la persigue la nana (no vaya a ser que se caiga o algo) ella sabe que siempre hay alguien atrás. En este viaje no siempre tuvo a alguien atrás, y casi se rompe en mil pedazos. La verdad, no es tan “ranger” como los europeitos, y es porque no ha necesitado serlo.

También observé que, los esposos de las europeas no son “cooperadores”, ellos saben que no se trata de “cooperar”, sino que también es ¡¡responsabilidad de ellos!!! Mientras, mi marido se daba palmaditas en su propia espalda, porque (y cito) la estaba “rompiendo” como papá, estos gringos chambeaban callados y sin esperar agradecimiento. En el aereopuerto ya de regreso a Lima, vi a una familia, iban papá y mamá con 3 niños. Mamá empujaba el coche de uno de ellos, papá cargaba 3 maletas, 2 niños y un carry-on, ¡no exagero!  Seguramente era el turno del papá, y no escuché ni una queja de su parte. Mientras mi esposo se creía un héroe por llevar él sólo las 2 maletas. Me quedé pensando, ¿cómo lo entreno? ¡Yo quiero el shampoo que ella está usando!!!

Increíble compararnos con otra cultura. ¿Lo estamos haciendo mal o muy bien? Sólo el tiempo lo dirá. Sólo sé que para mi próximo viaje, llevo a mi chiquitina cuando sea más grande y no tenga pensamientos suicidas.

Abrazos

Neuro-mamá 2

Terapias, terapias y más terapias*

Ayer estaba en una fiesta conversando con una amiga. Ya era un poco tarde y la fiesta estaba por terminar cuando de pronto llega otra amiga con su hijita. Por supuesto, le preguntamos qué por qué llegaba tan tarde. Y nos respondió entre susurros: porque hoy es día de terapia de mi hija, y ya estoy harta de que se pierda todas las fiestas y los eventos. Así, que la traigo aunque sea un rato.


Nos pusimos a conversar sobre la obsesión actual por las terapias. Sobre todo, en los nidos. Parece, que la misión del nido es no alertar a los papás de posibles problemas que quizá puedan presentarse en un futuro, si no de traumarlos para que los niños entren perfectísimos al colegio y así, los profes del colegio se la pasen bien. Claro, si nos los niños ya llegan con miles de horas de terapia. ¿Cuál es la chamba del colegio? En el salón de mi hijo en el nido, no había ni uno que se escapaba de haber hecho alguna terapia.   

Además, por supuesto esta “sugerencia” de terapias es alimentada por la noica de las madres que queremos que nuestros hijos sean perfectos y no entren con ninguna desventaja en comparación del resto de niños. Así, entre nidos/colegios y neurosis maternas nos alimentamos mutuamente y seguimos con esta fijación por las terapias, dónde al final los más perjudicados son los niños. No tienen horas de juego libre para desarrollar la imaginación, no tienen periodos de descanso, nada de lo que sí gozamos en mi generación.

Varias, veces he escrito sobre mi resistencia a meter a mis hijos a terapia. Pero, es un tema que no me cansa. En mi época (sí, ya estoy vieja) no era así. Sólo, iban a terapia los que realmente necesitaban una ayuda muy obvia. Y esto, sólo era a partir de los 5 años. Antes, los niños eran considerados muy pequeños para que valiera la pena. ¿Era mejor o era peor? No lo sé, pero por lo menos nos dejaban ser niños y no nos perdíamos las fiestas, las invitaciones de los amigos, ni similares. Ahora, tendremos una generación de niños “perfectitos” y sumamente ocupados dónde hasta los espacios de juego son regulados. ¿Cómo serán? ¿qué tal les irá? Sólo lo sabremos en el futuro. Mientras tanto, yo dejo que mis hijos jueguen y le digo NO a las terapias. Hasta que el colegio me obligue, o realmente me dé cuenta que lo necesita. 

*Colaboración con el portal digital Mamitips

Nina y los terrible two

¿Es posible sobrevivir a los terrible twos o terribles dos? ¿Cómo se superan los terribles dos (terrible two)? Acá no tengo ningún tip, ni consejo, solo el dolor de mis anécdotas.

Mi hija Nina (ese es el apodo que ella misma se ha puesto), tiene exactamente 2 años, 2 meses y 3 días. Y, de un tiempo a esta parte está como nunca la había visto: retadora, desobediente y provocadora. Pasó de ser una dulce, obediente y fácil niñita a una tirana llorona. Nadie en la casa, absolutamente nadie, se escapa de sus diabluras (ni siquiera la pobre perra a la que le quita la comida de la boca para comérsela ella) y por supuesto, los más afectados con este cambio de actitud son sus hermanos. Sin querer queriendo se ha transformado en su tormento.

Nina and the terrible twos, los terribles dos


A su hermano mayor lo tiene seco: le quita sus juguetes y dice que son de ella, cuando él pide ver un programa en la tele ella grita a todo pulmón que hay que ver “lícula de peshas” (película de princesas) que él las odia;  además cuando lo ve ordenando sus zombies para enfrentarse a los trash packs o a los LEGOS ella viene con sus piececitos gordos y chanca con furia todos los juguetes y los desparrama por todas partes. Cuando lo ve sentado jugando tranquilo va corriendo con la mano en alto para meterle un manazo, y en el colmo de la tiranía, ha intentado obligarlo a disfrazarse de príncipe cuando ella se pone alguno de sus vestidos de princesa. (En una ocasión tuvo éxito y llegue a casa y los encontré con sus disfraces).

A su hermanita menor, de 7 meses la apachurra hasta casi asfixiarla, y por supuesto la hace llorar. Cuando yo la cargo, se hace la dulce y mientras acaricia el pie de su hermanita se lo mete a la boca y le pega una mordida de aquellas, y ya en el colmo de las travesuras cuando la ve linda y lista para salir a una fiesta se acerca a “darle un besito” y abre su bocota y le hace una especie de succión/chape que le tapa la nariz y por supuesto, la deja recontra asustada y llorando como si la hubieran intentado matar (que me temo, es el deseo subconsciente de mi “terrible two”).

Su prima Abiga, también sufre sus maldades. No la deja coger absolutamente ninguno de sus juguetes, adornos, utensilios y similares. Tampoco deja que coja las cosas de sus hermanos. Tan es así, que la leyenda cuenta que una vez dijo: “No respires Abibil, ese aire mío”.


Por supuesto, papá – que es su fan número 1 – también sufre sus diabluras. Cuando se está cambiando lo persigue por todas partes para darle un palmazo en el poto o pellizcarlo, no lo deja desayunar tranquilo y finalmente lo obliga (sí obliga) a que le cambie el pañal todas las mañanas ¡TODAS! y si no lo hace, es vilmente castigado con llantos acusadores y una mirada de resentimiento que puede durar varias horas.  

Sé que es una etapa, que superará los dos años y volveremos a tener (relativa) calma. También, sé que su hermano aprenderá a evitar sus ataques y su hermanita aprenderá a defenderse asertivamente (espero), también sé que su papá seguirá babeando por ella (su “pesha”) y que yo, seguiré disfrutando cada una de sus diabluras y sus etapas tratando de educarla con límites y respeto. Pero mientras el tiempo pasa y eso sucede, tenemos que estar muy atentos y con mucho cuidado porque… ¡cualquiera puede ser víctima de los ataques de Nina en sus terrible two!