10 cosas que no le debes decir a una recién parida

Tengo una bebé de 7 semanas y puesto que ya tengo experiencia en esto de la maternidad, no ando obnubilada por la felicidad y estoy más atenta que nunca a los comentarios “bien intencionados” que recibo. La gente dice de todo, pero estas son definitivamente 10 de las peores cosas que te pueden decir una vez acabas de parir. Así, que despistados por favor tomen nota.
  1. ¿Para cuándo es? ¿Cúanto tiempo tienes?
     Si eres mi “amigo” desde este momento dejaste de serlo. Mira mi facebook, sigue mi twiter o por lo menos enterate por otra gente: ¡ya parí! Mi bebe tiene 1 o 2 meses o de repente, 5. Esta panza se demora en ir, se demoró 9 meses en crecer, dame 9 meses para bajarla. Y de verdad, mírate al espejo primero. 

  2. Todavía te falta bajar de peso, ¿no?
¿    Y, ¿crees qué me lo tienes que decir por qué yo no lo he notado? Ya te lo dije: la panza se demoró 9 meses en crecer, dame 9 meses para bajarla. Además yo no ando mirando tu cuerpo, ¿qué %$%&/ miras el mío?.

  3.   Y ¿qué tal tus noches?
     ¿Tú que crees? ¿Cómo crees que son las noches con un recién nacido? Si no lo sabes te invito a mi casa a dormir. Puedes dormir en mi cuarto con el bebé y si quieres, te presto mis bubis para que le des de lactar. Te la vas a pasar genial.

  4.  Pasa rápido, pasa todo muy rápido. ¡Disfruta!
      Esta es la típica de las abuelitas o de la gente con hijos grandes, obviamente sufren de amnesia. No, no pasa rápido cuando te tienes que levantar 3-4 veces en la noche, y definitivamente no hay nada que disfrutar de eso.

  5. ¿Qué es esa mancha que te ha salido en la cara/panza/cualquier parte del cuerpo?
       Esta mancha se llama melasma y se debe a los cambios hormonales. ¿Quieres qué te deje una igual en la cara?

  6. Y ¿a quién se parece el bebé?
      Todavía a nadie, y con suerte a mí o a mi marido. Sería trágico que se parezca a mi suegra o peor aún, a mi ex.
   
  7.  ¿Qué tal el parto? ¿te dolió? O ¿fuiste cesárea?
      ¿De verdad quieres saber? No, no dolió nada. Fue como ir a un picnic en la playa. ¡No seas pes…!! Y para que lo sepas: la cesárea también duele.

  8.   ¿Lo quieres mucho a tú bebe, no?
       Es que tú te mereces un premio
  9.    Deberías descansar, estás con unas ojeras…
      En mi caso particular esta tiene una variante,es mi mamá (sí, mi propia madre) diciendome: “¿Por qué no te pones la crema anti-ojeras que te regale? Deberías usarla”. Mami, y demás gente que menciona mis ojeras: si nos les gustan, vengan y duerman en mi casa por un par de noches y después me enseñan las suyas, ¿ya?
  10.   ¿Cuándo volverás a estar activa?
      Esta sobre todo para los maridos: o sea, ¿te parece qué no estoy activa? ¿Te parece que dar leche unas 6-7 veces al día, cambiar 8 pañales al día y correr por toda la casa con un recién nacido no es actividad? ¡¡Ni el Ironman es tan fuerte cómo esto!! ¡Ubícate!

  Ya saben, si tienen alguna amiga que acaba de parir (sentirse recién parida también es un estado de ánimo que pueda durar durante el 1er año del bebe). Estas son las 10 cosas que, ni por casualidad deben decir.  

Mis días con tres

No quiero dejar que el tiempo pase, y se me olvidé – porque cuando se trata de parir niños la memoria (o mi memoria al menos) es corta – cómo son mis días y mis noches con tres (3) pequeños en casa.  

Mi día empieza muy temprano por la mañana a eso de las 6:30 a.m. Mi hijita, de un año y 7 meses aparece al lado de mi cama diciendo: “mamá, upa, mamá”. La meto a la cama y la abrazo mientras ella me acaricia el pelo y habla a todo volumen.  Imposible hacerla volver a dormir. Despierta a su hermano de 3 años y 8 meses que se pasó a mi cama en la madrugada. Él se levanta y dice: “Es hora de la leche. Mamá es hora de la leche”. Yo sigo sin abrir los ojos y le contesto: “sí hijito, anda tráela”.  Gracias a Dios la nana deja las leches en la puerta de mi cuarto muy temprano. Les prendo el televisor y sigo “durmiendo”. 
A eso de las 7:30 a.m., la bebé de 6 semanas empieza a moverse, grita y sé que es hora de su siguiente toma.  Mientras le doy de lactar, la nana y papá cambian a los mayores. Una vez termino de dar de lactar, superviso el desayuno de los “grandes”, las loncheras y los mando al nido. Luego, desayuno, me ducho, me cambio y si tengo algo de energía hago mis ejercicios post natales. Cuando termino todo esto ya es la siguiente toma de mi bebe, y luego sin darme cuenta ya es medio día y mi hijita ya regresó del nido: “mamá, meme acá”. “Sí hijita, ven a dormir acá”. Cuando ya ella terminó de dormir, escucho la voz de mi hijo: “mamá, mamá ya llegué”. Es la 1:30 p.m. y la bebé tiene hambre de nuevo. 

Fat mom with 3 little children

Las tardes son un poco más tranquilas, gracias a Dios hay algún cumpleaños o una clase de fútbol. Intento descasar: misión imposible. Entre la chica de limpieza, el panadero, el cartero y el testigo de Jehova me lo impiden. A eso de las 5:00 p.m. caigo muerta. Pero, a las 6:00 p.m. otra vez toca leche y comienza la locura: a comer, bañarse y dormir. Trato de estar en todas, pero no puedo. A veces les doy de comer, a veces los baño, a veces nada. Ya bañados, toman sus leches para dormir y yo le doy la última toma del día a la bebé. Ya son cerca de las 8:00 p.m. y gracias a Dios, es hora de dormir. Todos caen como troncos, yo incluida.


A eso de las 8:15 p.m. mi esposo me levanta para comer juntos, a veces lo logramos. Conversamos un rato, muy poco porque caigo rendida a las 9:30 p.m (o antes). Duermo profundamente… hasta alrededor de la media noche cuando la bebe se levanta con hambre, la teta otra vez. Rápidamente caigo dormida de nuevo, a eso de las 2:00 a.m., mi hijo mayor se mete a la cama y hay que llevarlo a hacer pila, porque si no…

A las 3:30 a.m. se vuelve a levantar la bebe. Toma rápidamente, pero luego de botar los chanchos abre los ojos y decide mirar alrededor por un rato. Pasados 45 minutos vuelve a dormir. Se levanta nuevamente a las 5:00 a.m. esta vez es por frío. Yo, a esta hora ya no puedo más. Se la doy a su papá, él se la pone en el pecho y la hace dormir. Continuó durmiendo profundamente hasta que escucho una vocecita: “mamá, upa, mamá”.
Son las 6:30 a.m. y mi día vuelve a empezar.

Mi lactancia: una nueva perspectiva

Hace poco recordé un artículo que leí hace un tiempo atrás cuando estaba embarazada de mi primer hijo, el artículo se llamaba “The case against breastfeeding” (Acá). Lo leí con avidez, pues como madre primeriza quería saberlo todo sobre todo.

Quedé muy sorprendida, pues era todo muy nuevo y distinto, el artículo describe como en algunos círculos la presión social en pro de la lactancia exclusiva es tan fuerte, que ésta deja de ser una opción y se convierte en una obligación. Obligación que la madre debe cumplir, incluso en contra de su propio bienestar. Este artículo, también señala que a pesar de toda la literatura pro lactancia existente, las investigaciones médicas señalan que los beneficios de ésta sobre la fórmula en temas tanto de salud como emocionales, son más débiles de lo que se cree, y que si uno observa a largo plazo a un niño amamantado vs. uno que no lo fue, las diferencias son casi inexistentes. La autora propone, que es la madre quien debe evaluar si dar de lactar es la opción más conveniente para ella y su familia. Además, en su opinión, la lactancia exclusiva es una nueva forma que tiene la sociedad para mantener a la mujer abajo.

Recordé este artículo, pues cada vez está más cerca el parto de mi 3er bebé, y ya sé el desgaste físico y emocional que me espera. Dar de lactar cada 3-4 horas, las 24 horas del día por mínimo 6 semanas, para luego continuar por 5 meses y medio más dando de lactar cada 4 horas, por 12 horas. Y, luego continuar –como con mis hijos mayores –  varios meses más una vez empiezan a comer sólidos. Es DURO, por decir lo menos. Además, si a esto le sumas dos niños pequeños que también quieren pasar tiempo con su mamá y también demandan cuidados, hace la situación más dura aún. Sí, claro yo me matriculé solita en esto, lo tengo claro.

Pero, así como me matricule solita en tener hijos seguidos, también tengo la libertad de decidir en lo que NO me voy a matricular. Y, esta vez no voy a caer en la presión de pediatras que nunca han dado de lactar, madres convencidas que es su deber sagrado dar de lactar exclusivamente y a libre demanda indefinidamente, abuelas exigentes que sólo dieron de lactar a sus propios hijos por un máximo de 3 meses, o tías y amigas bien intencionadas que han leído mucho sobre los beneficios de la lactancia exclusiva, pero que no tienen idea de lo que es estar engrilletada a un recién nacido. Y, mucho menos voy a tolerar que me estén “obligando” a mirar a los ojos a mi bebé mientras doy de lactar para generar un vínculo más estrecho aún. ¡No señor!

Quizá haya algunas personas que se espanten con esto, pero como ya expliqué en otros posts yo creo que lo más importante para un bebé es tener una mamá plena y realizada en su rol. Y, el dedicarme tantas horas a dar de lactar me va a impedir realizar otras actividades que también son importantes y necesarias para mí. Quiero compartir con mis otros hijos, quisiera poder ver algún tema profesional, y por supuesto me gustaría poder conversar con mi esposo alguna vez.

Así, que esta vez me lo voy a tomar con calma. Voy a dar de lactar el tiempo que me sienta cómoda, sin presiones. Si tengo que recurrir a la fórmula lo haré, si tengo que delegar una o dos tomas en las noches para poder funcionar durante el día lo voy a hacer, y trataré de no sentirme culpable por esta decisión, porque la estoy tomando no sólo por mi bien, sino también por el bien de mi recién nacida, que se merece una madre plena con energía y fuerza para atenderla no sólo estos primeros meses de vida, sino por el resto de su vida. 

El postparto: lo que nadie te dice

¿Cómo es en verdad el post parto? La verdad del postparto.
Este post nació a sugerencia de mi hermana, quien acaba de tener su primer bebé. Una lindurita de apenas 1 mes. Ella como toda primeriza vive en un constante estado de ansiedad y preguntándose si lo estará haciendo bien, y cuestionando si todo lo que siente/piensa/hace es normal. Me pidió que cuente todo aquello que nadie cuenta o que solo te cuentan tus mejores amigas en esas sesiones de catarsis que deberían siempre ser más seguidas.

Lo que nadie te dice del postparto: mamá en clínica dando de lactar a bebe


En mi experiencia son varias cosas fundamentales las que nadie te dice, o si te las dicen por algún motivo no haces mucho caso. Yendo al grano –en mi opinión- esta es la lista de las cosas más importantes que debes de saber:

1.       Criar a un recién nacido AGOTA y este desgaste no es solo físico sino también emocional.  La angustia que genera tener a un recién nacido en casa sólo se compara con la angustia que sintió Jesús en el huerto de Getsemaní (recuerden que sudó sangre).  Esta angustia disminuye con el tiempo y a medida que vamos conociendo a nuestro bebé.
2.       Si bien has llevado a ese bebé en tu vientre durante 9 meses no lo conoces, y él tampoco a ti. Así, que les va a llevar un tiempo (re)conocerse fuera del vientre. No te sientas mal si tu bebé llora y llora y no tienes idea de porqué, los primeros días/semanas será ensayo y error hasta que aprendas a identificar sus llantos.
3.       Algo que siempre genera polémica, debido a la presión social que existe alrededor, es la lactancia. Con la experiencia de haber dado de lactar exclusivamente a dos por más de 8 meses cada uno, puedo dar fe que dar de lactar no es una experiencia tan fácil y grata como te la pintan. Dar de lactar es duro. Los primeros días duele y puedes tener hasta heridas, el resto del tiempo: un ser humano depende 100% de ti para su supervivencia (El huerto, el huerto). Sí es cierto, es lo mejor que le puedes dar a tu bebé, pero no es fácil para todas. Mi conclusión es que si te cuesta mucho y vives malhumorada, fastidiada y deprimida, complementes con fórmula o les des sólo fórmula. Lo más importante para el niño/a es tener una madre feliz y plena, no una máquina proveedora de leche que ande amargada e histérica y transmita todos estos sentimientos al niño/a.
4.       Los cambios hormonales son ciertos. Claro, que eso no significa que vas a tener que medicarte. Pero, definitivamente tus hormonas están alteradas y lo vas a notar (y, no solamente tú sino todos los que viven contigo).
5.       Vas a querer tirar a tu bebé por la ventana. Y si alguien te dice que nunca ha sentido eso con sus hijos es porque ha delegado bastante su crianza. Pero, tú que los estás criando (o tratando de criar) a puro pulmón sabes lo duro que es, y que es inevitable exasperarse con ellos (VER ACA).
6.       Vas a tener sentimiento de culpa, y ¿cómo no? después que lo has querido tirar por la ventana, te entra un sentimiento de culpa horrible cuando ves a tu “angelito” descansando profundamente. No te preocupes, lo superarás. También te da sentimiento de culpa irte por mucho rato de la casa, salir a la peluquería, ir a tomar café con las amigas, etc.  
7.       Te olvidas del marido. Bueno, esto no les pasa a todas pero sí a las más “mamá gallina”, y no es que te olvides de que él existe es que el pobre pasó a un 5to plano. No te preocupes, lo superará.
8.       La barriga te queda totalmente flácida e hinchada después del parto. En algunos casos se te rompen los músculos de la panza. Tienes que trabajar duro para recuperarla, y algunas sólo recuperarán sus formas mediante una cirugía.

Estos son en mi opinión los puntos más importantes que toda primeriza debe saber sobre sus primeros días con un recién nacido en casa. Quizá, para algunas hayan otros más o quizá quitaría algunos de la lista. Lo importante es compartirlos y difundirlos y que todas nos enteremos. 

¡Dejen mi panza en paz!

No sé si esto ya lo saben pero,  estoy embarazada de nuevo. Este es mi tercer embarazo y me agarra ya bastante conocedora de las vicisitudes del tema. Ya sé lo que es tener una panza y  tener que cargarla por todos lados. Sé también que junto con la panza vienen consejos no solicitados, preguntas impertinentes y hasta órdenes insolentes.  Ya estoy acostumbrada a llevar panzas grandes, a que todo el mundo me alucine con el tamaño de mi panza, e incluso estoy acostumbrada a que me pregunten una y otra vez (tanto amigos como extraños) para cuándo es, qué sexo es  y cómo se va a llamar.

A lo que no estoy acostumbrada y creo que jamás estaré (así esté llevando mi panza número 9) es y será a comentarios tipo: “pero estás segura que sólo hay uno ahí”,  o “¡wow! ahorita explotas”, o peor aún, los comentarios buena gente del tipo “pero, tú ¿no deberías usar una faja?” Ó, “¿no deberías estar descansando? Cargas mucho peso”.  Tampoco me puedo acostumbrar a que la gente agarre mi panza como si fuera la panza de buda y me la soben y soben, como si les fuera a caer plata. ¿Acaso piensan qué como hay otro ser humano dentro, esa panza ya es de dominio público? O sea, ¿pueden invadir mi espacio personal porque llevo un bebé dentro?

Pero, de todas estas cosas a las que no me acostumbro la que más me llega de todas, la que menos tolero  son los comentarios/ consejos con sentido moralizador, esos comentarios que más que nada son críticas y solo buscan juzgar tu buen juicio. Comentarios tipo: “¿Tú puedes tomar Coca-Cola? Pensé que las embarazadas no debían tomar gaseosa” o, “¿Al Starbucks? Tú, de lejitos” o, este que es el peor de todos que me lo dijo la mamá de un compañerito del nido de mi hijo: “Me encanta tu look ahora que estás embarazada, pero para nada me gusta que estés con una copa de vino. Para nada”. ¿Disculpa? ¿Acaso yo te digo algo sobre tu look de gaucha arrabalera? ¿Te digo algo sobre tus dientes llenos de nicotina?

Si me estoy tomando una copa de vino es porque sé que lo puedo hacer sin poner en riesgo a mi bebé, si me tomo una Coca-Cola y un café también es porque sé que no pasa nada si lo hago moderadamente. ¿Acaso porque estoy embarazada no me puedo dar un gustito?  Y, por último a ti ¿qué te importa? He parido ya, dos niños sanos y fuertes con los mismos cuidados. He cargado peso, no he usado faja y al final de cada embarazo he recuperado mi figura tranquila, así que déjenme llevar mi embrazo tranquila y relajada que más daño que el vino, el café o la torta de chocolate que me pueda comer, más daño le hace al bebé que su mamá esté alterada por comentarios impertinentes de gente metiche.

¡Todo extremo es malo!

Durante mi embarazo investigué todo lo que pude en Internet, en libros y en revistas. Me suscribí a decenas de páginas sobre fertilidad, embarazo, crianza, desarrollo del bebè y similares. Compré varios libros y me presté varios otros. Leía tanto, que podía decir de memoria las etapas de crecimiento de un embrión. Me fui al extremo de convertirme en ratón de biblioteca embarazado. Entre todos los libros que me recomendaron, el primero fue el famoso: “Que esperar cuando se está esperando”. En mi necedad por querer leerlo todo, no hice caso a mi partera que me recomendó que mejor no lo leyera, ni a una buena amiga que me recomendó lo mismo.

Debí hacerles caso. Guiada por este libro me torturé y torturé a mi hijo durante bastante tiempo. En la sección: “que puede preocupar” donde aparentemente, preocupa todo. Leí que un bebé saludable debe de patear mínimo unas 10 veces durante una hora. Cuando sentía que mi bebé no se había movido por bastante tiempo lo empujaba y empujaba hasta obtener una respuesta, la mayoría de las veces obtenía una fuerte respuesta y después los consabidos 10 movimientos, pero otras veces solo me respondía una vez. ¿Pueden imaginar mi desesperación cando veía los minutos pasar y solo había percibido un movimiento? Volvía a empujar mi barriga una y otra vez hasta lograr que mi pequeño reaccione. Terminaba con la barriga adolorida de tanto empujar y con el pobre bebé moviéndose como un loco para tratar de encontrar una nueva posición.

También leí, que una embarazada no debe exponerse a altas temperaturas y mucho menos bañarse con agua muy caliente (tipo jacuzzi), sobre todo en la etapa final del embarazo. Además, una simpática persona –cuando estas embarazada siempre hay alguien con alguna historia de horror para compartir – me contó sobre el efecto sauna. ¿El efecto sauna? Cuando te duchas con agua muy caliente en un ambiente pequeño y cerrado (como son la mayoría de los baños) se genera un calor tipo sauna. Gracias a esta información, me la pase duchándome con agua helada prácticamente TODO el invierno (mi tercer trimestre).

Me aconsejaron también, que era básico hacerle a mi bebé pruebas a la vista y el oído. Así, que empecé a probar un día sí y otro también, que mi hijo no tuviera estos problemas.Prendía una linterna y apuntaba a la barriga para ver si se movía -ahora pienso ¿pasará algo de luz al útero a través de capas y capas de piel, musculo y grasa? También ponía audífonos en mi barriga y ponía un rock muy fuerte para sentir una reacción. Me imagino que mi pobre hijo debe de haberse pegado tremendos sustos al escuchar los alaridos de Metallica.

Cuando estaba a punto de desfallecer convencida de que mi hijo no era sordo, pero había una gran probabilidad de que fuera ciego (pues casi nunca reaccionaba a la prueba de la linterna). Decidí dejar de lado todas esas revistas, libros y páginas web y decidí guiarme por mi sentido común y mi intuición. Decidí disfrutar mi embarazo sin aprensión, confiando en Dios y esperando lo mejor. Así, guiada por mi intuición aprendí los patrones de movimiento de mi hijo, me di cuenta que bañándome con agua tibia estaba más contenta, y que esas pruebas podían esperar. La pasamos tan bien juntos que decidió quedarse dentro mío 5 días más.

Y, bueno por seguir mi propia intuición y guiarme por mi experiencia sin hacer caso a nadie ni cuenta me di que había empezado el trabajo de parto … es que bueno, a veces, ¡la intuición también falla!

Los inicios: obsesión por un embarazo saludable

Todo empezó el día que me enteré que estaba embarazada. Junto con la dicha y alegría que sentí al enterarme que iba a ser madre por primera vez vino también el miedo; miedo a que algo salga mal, o a hacer algo mal. Un miedo (que ahora sé) es bastante común en las embarazadas. Quería llevar mi embarazo a buen puerto, quería tener un embarazo lo más sano posible, ¿Cómo lo lograría? ¿Cómo haría para que este bebe que crecía dentro mío –al cual ya quería más que a nada en este mundo- creciera y se desarrollara plenamente? ¿Qué debía de hacer o dejar de hacer para que salga bien?

Ya lo sé: llevar un embarazo saludable

Llevé mi obsesión a la comida y el deporte. Algunas mujeres que caen presas de la obsesión por un embarazo saludable se privan de absolutamente de todo lo rico (y digamos un poquito dañino) que tiene este mundo, entrenan, van al gimnasio y al final terminan más regias que cuando estaban embarazadas. En otros casos – como en el mío – la obsesión por llevar un embarazo saludable y transmitirle todos los nutrientes a mi bebé se transformó en un reto económico pues, todos mis productos se volvieron orgánicos, libres de EPAs, BPAs y cuanto químico hay (y todo eso es bastante más caro) y en el tema de la nutrición terminé engordando 25 kilos.

mujer a las 26 semanas de embarazo
Yo a las 26 semanas de embarazo

Había leído en algún lado que durante el embarazo una debía comer entre 120 y 160 calorías diarias más de las que come normalmente y yo… ¡No quería privar a mi pequeño de ningún nutriente! NINGUNO, así que tenía que cumplir con mi cuota calórica. Comía todo, todo el tiempo. Me torturé física y psicológicamente planeando nutritivos almuerzos, desayunos y cenas que muchas veces incluían comidas que odio -como los frijoles y alverjas- y también (no lo voy a negar ahora) comidas que amo como la torta de chocolate, los tallarines y la pizza (hecha en casa por si acaso. Recuerden que todo tenía que ser con alimentos de primera).

También había leído que las embarazadas no deben comer huevos crudos, ni jamones, ni prosciutto, ni quesos que no estén pasteurizados ni nada que no esté bien cocinado debido a riesgos de transmitir bacterias al feto. De más está decir, que pasé mi embarazo friendo jamones, obviando el prosciutto, convirtiendo al sushi en mi mayor enemigo y leyendo las etiquetas de todos los quesos para comprobar que estuvieran debidamente pasteurizados. En un momento mi neurosis fue tal, que cuando me di cuenta que me había pasado un pedacito de jamón sin cocinar en un restaurante traté de escupirlo. En ese momento, mi esposo me miró con tal cara que me curó de toda mi obsesión y terminé pasándome ese jamón, pero no pude evitar preguntarme por un par de semanas si ese jamón no traería desagradables consecuencias.

Increíblemente llegue hasta las 39 semanas de gestación, ya con una barriga que reventaba, usando la ropa de mi esposo (porque nada me quedaba de lo gorda que estaba) y por supuesto como buena mamá “saludable” haciendo deporte hasta el día anterior al parto. Luego de cinco horas de un trabajo de parto prácticamente inexistente llegó el regalo más grande que Dios me ha dado, el bebé más hermoso que había visto jamás, llegó mi hijo; sano, saludable, pesando 4 kilos y 80 grs y con hambre.

¡Ahhhh, salió a su mamá!