Todo lo que debes saber sobre la Disfunción de Integración Sensorial

La integración sensorial es la capacidad del sistema nervioso para descifrar la información recibida por los sentidos y generar respuestas inmediatas acorde con estos estímulos. Cuando falla alguno de los componentes del sistema de integración sensorial, hablamos de una Disfunción de Integración sensorial que en los niños genera mayores obstáculos de los habituales en su comportamiento en el día a día.

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8 consejos para favorecer la atención y concentración de los niños

Hace unas semanas atrás posteé sobre la poca motivación que tenía mi hija la segunda para ir al colegio. Todas las mañanas se levantaba llorando y renegando que no quería ir al colegio, que era aburrido, que quería quedarse en casa conmigo. La sugerencia que me dieron varias mamigas fue averiguar que era lo que pasaba con ella en el colegio. ¿Por qué de pronto ya no quería ir? ¿Qué estaba pasando ahora que la hacía no querer ir al colegio, pues ella siempre había ido feliz?

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Hablemos de sexo

Hablemos de sexo, sí. Pero, no entre nosotras ni sobre nosotras, tampoco sobre el sexo en pareja, ni como éste decae con la llegada de los hijos y el transcurso de los años. No, de eso no quiero hablar (pero si estás interesada en ese tema te recomiendo este post: con chiquitos no hay chiquitingo). 
Hablemos de sexo, con nuestros hijos. Hablemos de cómo hablamos de sexo con nuestros hijos, cómo manejamos su educación sexual y cómo satisfacemos su curiosidad por estos temas. Y claro, seguro muchos saltarán y me dirán #ConMisHijosNoTeMetas que de eso me encargo yo. Bueno, pues, de verdad espero que se encarguen y que este post les sirva como una ayuda u orientación.

Es muy difícil hablar de sexo y sexualidad en una sociedad tan conservadora como la Limeña. Hablar de sexo es prácticamente tabú, y más aún cuando se trata de hablar de sexo con nuestros hijos o sobre nuestros hijos. Pero, si no lo hablamos entre nosotras, ¿con quién lo hablaremos?
Hablemos de sexo

Tengo una muy buena amiga que me cuenta que su hijo de 4 años estos últimos meses ha estado curiosísimo: “ha empezado a explorar su cuerpo y me pregunta cosas tipo: ¿mami, por qué siento cosquillas ricas cuando me toco mis partes privadas? Ha empezado a intuir que hay más que saber: “Mami cuando las luces se apagan ¿papi y tú se abrazan calatos? De otro lado, mis hijas de 4 y 5 años siempre me preguntan a qué edad se pueden dar besos en la boca, a qué edad se pueden casar, cómo se hacen los hijos y por dónde salen. Mi hijo de casi 8 años y que lee todo, leyó sobre la marcha del orgullo gay y me preguntó por bastante tiempo sobre la homosexualidad, el matrimonio y las relaciones homosexuales.   
Traté y trato de contestar todo sin prejuicios y directo al grano, sin dar más información de la que piden, y lo más difícil; sin darles menos de la que necesitan, tal como sugieren los psicólogos, pero no es tan fácil, sobre todo con los temas que son tabú para mí misma.

Naturalmente, hay niñ@s más curios@s que otr@s y esto es normal. Hace unos días atrás recibí la angustiada llamada de una íntima amiga mía: su hija que está en pre-kínder había invitado a su mejor amiga a jugar a casa y en los 5 minutos en los que mi amiga bajó a la cocina: su hijita y su amiguita jugaron a la familia, se enseñaron sus partes íntimas y se tocaron. Mi amiga se enteró de esto porque apenas subió a chequear a las chicas su hija corrió a contárselo con cara de culpable. Mi amiga colapsó, primero porque ya le había explicado 500 veces a su hija que el CUERPO ES PRIVADO, y segundo porque tenía que contarle lo ocurrido a la mamá de la amiguita. Este tipo de cosas se cuentan sí o sí. Fue ahí que me llamó y conversamos largo rato al respecto y fue ahí que decidí conversar con una psicóloga infantil a la que respeto mucho.

Luego de una larga conversación con la psicóloga infantil quería compartir algunas conclusiones a las que llegué y que creo les pueden ser muy útiles, sobre todo cuándo lidian con pequeños curiosos y preguntones (como los míos y los de mis amigas):

1) Los niños son curiosos por naturaleza, es normal querer explorar e investigar. Si su curiosidad persiste, a pesar de que ya les hablé mil veces del tema, es porque no he satisfecho su necesidad de información. 
2) Si yo no le doy las respuestas, las buscará en otro lado.
3) Mis tabúes les generarán tabúes a ellos. Entre las cosas que hablamos lo que más me sorprendió fue ver como mis propios tabúes y complejos influyen en mis hijos. Debo hablar con seguridad y sin complejos, sin ese miedo a la sexualidad que tengo y tenemos la mayoría de las de mi generación.
4) Si te ha pasado algo como lo que le ocurrió a mi amiga, no te alarmes. Los niños van a querer experimentar, es lo normal, es lo sano. Tienen que estar informados y tener un canal de conversación abierto con nosotras (o con sus padres) para que lo hagan a su ritmo y su necesidad, y no al ritmo o necesidad de la amiga o amigo.


Finalmente, espero que estos tips las hayan ayudado y les sean de utilidad. Personalmente, para mí es difícil hablar sobre algunos temas de sexualidad – sobre todo con mi hijo hombre – pero, reconozco que, si mis hijos no hablan conmigo o con su  papá, buscarán información por otro lado, información que puede ser incorrecta o que puede no ser acorde con los valores que queremos inculcarles así que, caballero no más, tenemos que hablar de sexo. 

¿Qué hacer con los chicos en las vacaciones de invierno?

Las vacaciones de invierno ya están aquí. Muchos de los colegios ya terminaron clases y muchos otros están terminando en estos días. Cuando estaba en el colegio las vacaciones de invierno eran mis favoritas pues, no eran tan largas como las de verano (que para ser honesta se me hacían eternas) y, además, me encantaba (todavía me encanta) quedarme en Lima sin tener que preocuparme por horarios, tareas, tráfico, exámenes, responsabilidades, etc.
Ahora que soy mamá, estas vacaciones me encantan por el mismo motivo: no hay tráfico, tareas, no hay que levantarse temprano ni arrear criaturas hasta el colegio. El descanso se me hace justo y necesario. Pero, debo confesar que estas 2-3 semanas sin una rutina y sin planes para los chicos se me hacen súper estresantes: no tengo tantas actividades caseras como para entretener a mis hijos todo el día, y termino peleando para que no se peguen a la tele, tablet, videojuegos o todas las anteriores. Por eso, empecé a averiguar sobre alternativas de talleres, clases y programas para estas cortas vacaciones, y uno de los que más me gustó, por lo completo y variado, es el programa de vacaciones de medio año de la YMCA.
El programa de vacaciones de invierno de la YMCA (ojo, sede Surco, averigüé de esa porque queda cerca a mi casa, jejeje) me encantó, primero porque es la ¡¡¡GUAY!!! Y no sé uds. pero yo, crecí compitiendo contra el equipo de natación de la guay (o ACJ, como también le decían) y era un club deportivo al que mi papá admiraba mucho. Además, tengo recuerdos de haber ido varias veces a nadar y a hacer gimnasia rítmica en la sede de pueblo libre. (snif, snif, recuerdos hermosos).

Planes con niños en vacaciones invierno
Regresando al programa de vacaciones de la YMCA-Surco, me encanta porque ofrece una variedad de cursos novedosos y entretenidos como robótica, natación (ya saben que soy fan de este deporte), bailes, ciencia, entre otros. Además, estos cursos están divididos en dos rangos de edad: para niños de 3 a 5 años y para niños de 6 a 12 años, lo que es ideal porque, como bien sabemos, los tiempos y dinámicas de cada edad suelen ser distintos.
El programa de la YMCA también cuenta con personal de primer nivel capacitado en el trabajo con niños, lo que hace a este programa perfecto para las mamis que trabajan a tiempo completo o a aquellas que no tienen con quien dejar a sus hijos por las mañanas mientras hacen sus cosas. El horario es desde las 9:00 a.m. hasta la 1:00 p.m de lunes a sábado. Por lo que pueden trabajar tranquilas en ese horario ;).
¡Ya saben! En estas vacaciones de invierno, sus hijos pueden estar entretenidos y alejados de tablets y videojuegos en un ambiente seguro y sano dónde conocerán nuevos amigos y la pasarán genial. Sólo deben llevarlos a la YMCA y además, si han leído este post y son fans de NeuroMamá lo podrán mencionar en el counter y recibirán un regalito especial. (yeeeeeee)
DATOS IMPORTANTES:
El programa va del 24 de julio al 5 de agosto de lunes a sábado de 9:00 a.m. a 1:00 p.m.
El programa se divide en 2 rangos de edad: De 3 a 5 años y de 6 a 12 años.
Las actividades son:
de 3 a 5 años: natación, circuito motriz, robótica, ritmo y sabor, manos creativas, comida saludable temática.
De 6 a 12 años: natación, deportes, circuito motriz, science max, mandalas, comida saludable temática, robótica.
El regalo en la matrícula se aplica única y exclusivamente para la sede Surco.

Y si ya leyeron hasta acá, les cuento que mañana por la mañana sale un sorteo para ganar una beca completa para 1 niño en el programa de vacaciones de invierno de la YMCA-Surco. 

Los papás en el blog de NeuroMamá

Es cierto, lo admito. No escribo mucho sobre los papás en mi blog. Apenas, si he escrito algunos posts sobre ellos (pero, bueno, este blog se llama neuroMAMÁ, ¿no?). Y por eso mismo, quiero aprovechar que ya se viene el día del padre y reivindicarme con los padres de mi vida, y que mejor manera que dedicándoles este post. 
Quiero empezar diciendo que – en mi opinión –  en términos de crianza y vínculo con los hijos, los papás de hoy no tienen nada que envidiarles a las mamás. Y eso me encanta. Hoy por hoy, los papás que quieren, pueden estar tan involucrados en la crianza y quehaceres domésticos cómo deseen. Y mucho de ellos lo están: cambian pañales, preparan biberones y bañan a sus hijos tan bien como las mamás y no sólo eso, algunos incluso cocinan, los acuestan, arropan y arrullan mejor que cualquier niñera, y – en mi caso particular – es mi esposo el que se levanta en las noches cuando alguno de nuestros hijos se despierta (ver post acá).
Y empiezo diciendo esto, porque no siempre fue así. En generaciones anteriores el rol del padre se limitaba casi exclusivamente a ser el proveedor económico de la casa. Un tanto ausentes en el día a día, sus funciones se centraban más en imponer disciplina a los hijos, supervisar las notas y libretas y, en algunos casos, instalar y/o arreglar los equipos eléctricos de la casa.
Pictures of the dad's in NeuroMama Blog
Aún con esto, mi papá siempre fue una figura presente y adelantada a su época. Mi papá nos bañaba, nos cambiaba, nos llevaba a nuestras clases de natación y se quedaba mirándonos (junto con puras mamás y nanas), él nos acostaba y me enseñó la oración que al día de hoy rezan mis hijos; nos cantaba canciones para arrullarnos (las letras eran un tanto inusuales, eso sí) y nos preparaba unas comidas deliciosas: arroz con tomate (mi favorito personal), arroz chaufa con huevo frito, huevitos revueltos y por supuesto el favorito de la casa: “la ricura de papá” (un plato inventado por él). Su amor, lo doy por sentado. Yo sé que siempre seré su hijita, la hijita de papá (post acá) y él siempre será mi papito.
Por otro lado, mi esposo, el padre de mis hijos. Un papá de la generación de hoy que, sin embargo, fue criado por un padre con todas las características de los patriarcas de generaciones anteriores. Desde que estaba embarazada con mi primer hijo y lo vi comprarse para él, para su uso exclusivo una pañalera tipo mochila (tenía que ser una pañalera cool, pues) y lo vi probando coches que le fueran cómodos a él (a mí que me parta el rayo), supe el tipo de padre que iba a ser: cariñoso, comprometido, engeridor, generoso y total y absolutamente pisado por sus tres hijos.  
En consecuencia, nuestros hijos crecen seguros, felices y LO AMAN. Lo aman con amor verdadero: así, tal y cómo es. Les encanta él, les encanta su perenne dolor de espalda, sus explosiones de cólera (que yo odio y ellos se ríen), aman su panza (que él odia) y verlo hacer crucigramas, aman sus 4 pelos parados (siempre los dibujan) y por supuesto, aman la comida que les prepara: mis hijos son todos unos carnívoros amantes de la parrilla.
Leo estas líneas y no puedo dejar de sentirme bendecida y muy agradecida. Agradecida por el maravilloso papá que tengo, que hasta el día de hoy me hace sentir segura de quien soy y cómo ando por la vida; y por el tremendo papá que les conseguí a mis hijos – sí yo se los conseguí ;).
¡Feliz día a mis neuro papás y a todos los papás!

Netflix presenta tus NO típicas películas de Semana Santa

¿Eres de la generación que solo ve Ben-Hur, Los 10 Mandamientos (las dos con Charlton Heston de protagonista) o Jesús de Nazareth (la de 1977) durante la Semana Santa? O, ¿quizá vez algo con un poco más de acción como Quo Vadis?  
Pues creo que llegó el momento de actualizar tu repertorio y ver estas películas No tan típicas en Semana Santa que nos trae Netflix Latinoamérica pero que te harán reír, llorar y reflexionar sobre el verdadero significado cristiano y católico de Semana Santa. Y ¿por qué no? También cuestionar a la Iglesia, el mundo y el verdadero significado del cristianismo.
Sin más acá van mis 5 favoritas. Las 5 me han hecho reír, cuestionarme y reflexionar sobre mi fe y lo que significa ser creyente hoy.
Poster película tierra de María
1.       Tierra de María: Mary’s Land. Director: Juan Manuel Cotelo. España, 2013
Es una película hecha en corte de documental (entrevista a gente de la vida real). Súper entretenida. En la película un católico común y corriente es el nuevo “abogado del diablo” cuya misión es investigar a la gente que aún confía en las “recetas del Cielo”. ¿De verdad siguen creyendo en eso? ¿son charlatanes? ¿crédulos? ¿0?…  

poster película salvados
2.       Saved! Director: Brian Danely. USA, 2004
Me encanta. Súper entretenida y reflexiva. Ideal para verla con adolescentes (actuales y los que fuimos, jejeje). Es una típica “teen movie” pero con la particularidad de poner en claro lo que es importante en cuanto a la religión se trata. En un high school cristiano una alumna sale embarazada, pero quien mejor actúa al respecto no es El Pastor ni la chica más “rezadora”. Oportunidad para ver a Macaulan Caulkin y Mandy Moore junto a varios ídolos adolescentes de aquel entones.   
3.      

La Biblia – La Miniserie. Directores: Roma Downey, Mark Burnett. USA, 2013

Lo que más me gusta de esta miniserie es que ha sido realizada bajo la guía de los reputados historiadores Dirk Hoogstra y Julian P. Hobbs además, la serie se estrenó en History Channel (lo que para mí es una garantía que atrás hay una investigación seria).
Poster película Philomena
4.       Philomena. Director: Stephen Frears. Inglaterra-USA, 2013
      Un dramón de la vida real. Esta película acumuló muchos premios de la crítica especializada. Philomena está basada en el libro The lost child of Philomena Lee de Martin Sixsmith, que narra la verdadera historia de Philomena Lee y la búsqueda de su hijo durante cincuenta años. Esta película sirve para reflexionar sobre el abuso de poder en la Iglesia y los atropellos que se cometieron. Para que no vuelva a ocurrir jamás.
5.       Dios No está muerto 2. Director: Harold Cronk. USA, 2016
La 2, porque la 1 es demasiado cliché para mi gusto. Además, esta tiene como protagonista a mi ídolo infantil Melissa Joan Hart. Ojo, es una película cristiana, cristiana desde el primer segundo. El sound track también es Cristiano.  Pero, la peli invita a preguntar hasta dónde estamos dispuestos a llegar por nuestra fe.
Dios No existe película 2

                                                                                                                                                           Finalmente, no podía faltar la recomendación de películas para niños. Ambas de DreamWorks.
Películas para niños en Semana Santa
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1.       José, el rey de los sueños. La historia de José. ¿No la sabes? Pues mira la peli, porque es tal cual la encuentras en la Biblia.

2.       El príncipe de Egipto. Es la historia de Moisés. ¿Tampoco la sabes? Entonces te recomiendo que empieces ya con la recomendación #3. El documental de la Biblia porque estás bien atrasad@.
    Y bueno, eso es todo. Feliz Semana Santa para tod@s!!

La hiperactividad el déficit de atención y yo


Hace tiempo que tenía la idea de escribir sobre mi experiencia personal con el déficit de atención y la hiperactividad pero, no fue hasta que asistí al santo de un amigo de mi hijo de 6 años – dónde las mamás presentes conversaban sobre el pésimo comportamiento de un niño – que tuve un deja vú a mi propia infancia y me animé a hacerlo. Efectivamente, el niño del santo era un poco (bastante) más movido que el resto. Las mamás no entendían lo que había atrás del comportamiento del niño. Yo sin embargo, lo entendí de inmediato; era un niño hiperactivo. Esa noche me dije a mi misma que había llegado el momento de sincerarme con el mundo y conmigo misma.

Así que acá va, espero que mi experiencia sirva para ayudar tanto a las mamás cuyos hijos pasan por lo mismo que yo pasé, como a las mamás cuyos hijos son amigos de un niño que tiene algún tema que lo hace distinto al resto (¡aunque todos los niños son distintos!).


Cuando cursaba segundo grado de primaria en mi colegio les pidieron a mis papás – como condición para continuar – que un neurólogo y un psiquiatra me evalúen y determinen porqué razón no paraba de moverme y mi nivel académico era tan bajo. Luego de ser evaluada, y con las pocas herramientas que se tenían en aquel entonces los doctores llegaron a las siguientes conclusiones: 1) era hiperactiva. 2) tenía déficit de atención. 3) tenía un alto nivel de inteligencia lo que traía que me moviera más, me aburriera más, e hiciera cosas mucho más “terribles” y “malcriadas” que un niño “normal”. Con ese diagnóstico las monjas les pidieron a mis papás que me cambien a un colegio más acorde con mis necesidades. Ellas no iban a cambiar su sistema. Así que, mis papás me cambiaron a un colegio nuevo, personalizado, pequeño, sólo de mujeres y católico en donde iban a tener la paciencia para “aguantar” mis cosas (no sé si fue lo mejor, pero es lo que había en esa época).


El colegio para mí fue una experiencia muy difícil. Lo fue porque yo era distinta y muchas profesoras, algunas compañeras y sus madres no lo entendían y me lo hacían notar. Yo no era una niña de 8 años, yo era una malcriada, terrible, la peor de la clase y ellas tenían que aguantarme. Mi infancia pasó así, siendo “aguantada”. Por un lado, esto fue muy difícil, pero por otro me hizo adquirir carácter, un carácter fuerte, que me enseñó a enfrentarme a todo y a todos. Me creí el papel de terrible y aprendí sobrevivir como tal…

Nunca olvidaré como en quinto grado una niña hizo una fiesta inmensa e invitó a todo el salón menos a mí. Yo era la terrible y la mamá de la niña pensaba (quizás con razón) que podía quemar su casa… Hay cosas que se te graban y te enseñan a ser fuerte.

Al pasar los años mi comportamiento fue de mal en peor, no podía tener un cuaderno con letra al nivel que debía estar, no sé cómo aprendí a leer, no sabía restar, apenas sumar ¿química? Las profesoras ya no jalaban y se rendían ante mis ganas de no querer estar ahí. No voy a ser mezquina, tuve profesoras maravillosas que me tenían paciencia y entendían mi condición, pero también había otras, así como chicas de mi clase que pensaban que yo era una fresca y tenía “privilegios” porque al final no me expulsaban. Ese grupo de personas me declaró la guerra, inclusive hasta hoy me encuentro con comentarios desafortunados de alguna de ellas… y bueno, así pasaba mi día a día, llenándome de odios, rabias, y sin entender por qué yo no era igual a las que me lo decían todo el día.


Hasta que un día se abrió un curso de golf para niños y niñas, y mi mamá me matriculó. Obviamente, no pude estar quieta más de 5 minutos y la clase fue un desastre; al terminar el profesor vio a mi mamá y le dijo: señora esta niña no debería jugar golf, ella debería hacer algo más activo (yo tenía 11 años y estaba ahí escuchando mientras se lo decía). Otra vez, yo no era para algo y el mundo se encargaba de hacérmelo saber. Pero en esa oportunidad, decidí – a mi corta edad – que nadie más me iba a decir lo que yo podía o no podía hacer. Así que le dije a mi mamá (maravillosa mamá) que quería seguir con el golf, y ella, sin dudarlo, aceptó. 

Conociéndome, mi mamá me propuso: “si tú haces una hora de golf, yo te pago 10 soles. Por cada hora te pago 10 soles”. Así empezó mi travesía por la “cura” de mis males. Al día siguiente, empecé a jugar golf a las 9 de la mañana, y golpeé bolas sin tener idea de del deporte, por más de 5 horas, sin parar ni siquiera para ir al baño o tomar agua. Era tal el show que llamó la atención de un profesor muy mayor que estaba cerca. Al ver mis manos luego de las 5 horas de juego, todas rojas y llenas de heridas, me dijo que quería enseñarme a jugar, y que él me iba hacer campeona. Él por su edad no tenía muchos alumnos y a mí me sonó cool que por primera vez, alguien más que mi mamá, me dijera que yo podía ser algo.  Éramos un buen equipo.

Para hacerla corta, empecé con el golf, y nunca lo dejé, mi profesor viejito cumplió su promesa, con mucha paciencia, me enseño a jugar y a jugar bien, todas esas horas de práctica, los 7 días de la semana, dieron sus frutos. Fui subcampeona nacional dos veces consecutivas a los 16 y 17 años, y viaje al junior world championship dos veces a competir contra el mundo, y a Brasil  al sudamericano juvenil de golf.


El golf fue mi terapia, mi paz y mi herramienta para manejar mi condición, me enseñó a manejar la hiperactividad como un combustible para lograr mis metas. Me enseñó a ser consecuente, disciplinada, a concentrarme. Entendí, que el ser distinto era una ventaja si podía manejar mi mente. Aprendí a usar el tiempo como herramienta a mi favor, y cuando llegó el momento de entrar a una universidad y tenía que estudiar en 5 meses todo lo que no había estudiado en mi vida, mi deporte una vez más, me ayudó. Aprendí a estudiar a los 17 años. El deporte me dio la madurez que necesitaba para nivelar mi comportamiento.

Y así termina mi historia, y si me preguntan cómo me fue, creo que bien a pesar de todo. Nada es perfecto, pero lo hago lo mejor que puedo. Me gradué de derecho “summa cum laude” en una buena universidad. Me casé, tengo dos hijos a los que amo y mientras los veo crecer intento ser lo más normal posible, sigo jugando golf, pero ya no competitivamente sino como “terapia de relajamiento”. Aunque hace unos días una amiga me preguntó cómo podía correr 10 km y jugar 18 hoyos de golf después…a lo que respondí….es que yo soy un xmen, jajajajajaja


Ojalá les sirva mi relato. A aquellas mamás que les ha tocado un niño difícil les digo, no se rindan nunca, como mi maravillosa mamá que nunca perdió por un minuto la fe en mí (de ella tengo tanto que aprender). Busquen siempre una alternativa. Si su hijo es hiperactivo averigüen que deporte les puede gustar; si su hijo se distrae jueguen legos con él, etc… La mejor terapia es el amor y siempre es más importante que un psicólogo. El niño es lo que sus padres hacen de él.

Y si no es tu caso, pero conoces a un niño difícil, piensa en lo difícil que ya es el mundo para él. Sólo es un niño. Hablen con sus hijos sobre la diferencia entre las personas, y la necesidad de respetar dichas diferencias. La vida da vueltas y uno nunca sabe cómo va a terminar la historia. A juzgar menos y comprender más.

Un beso grande a todas, 


Alexandra 

Mamigas = mamás amigas

El término mamigases una mezcla de dos palabras muy comunes y básicas en el mundo de la maternidad: mamás y amigas. Hace referencia a madres amigas, o más específicamente madres que se hicieron amigas a través de sus hijos. Este término me viene rondando la cabeza hace varias semanas a raíz de una conversación que tuve con mi hermana. Le contaba que me iba al cumpleaños de un amiguito de mi hija la segunda y que no podía salir en la tarde con ella “¿Cuál amigo? me dice, el que ella dice que NO es su amigo”. A lo que yo le respondo, “es su “frenemie” (léase amigo/enemigo)”. Y ella me dice, ¿Ese no es el hijo de tu amiga, con la que paras últimamente todo el día? No seas floro, oye. Es su enemie no más y uds. dos los chantan para tener excusa para juntarse”.
No pude evitar reírme a carcajadas pues era bastante cierto. Yo estaba yendo feliz al cumpleaños de este amiguito, porque su mamá y yo nos hemos hecho súper amigas, además, en esa fiesta me iba a encontrar con otras mamigas con las que me encanta conversar y para rematar, la fiesta en cuestión quedaba súper cerca de las clases de fútbol de mi hijo mayor, que son súper lejos de mi casa. Lo cual me llevó a pensar el motivo por el que elegimos (y en plural porque influencié bastante la toma de esta decisión) las clases de fútbol más alejadas. El motivo era que en las clases más cerca él no tenía ningún amigo y, siendo del todo honesta, yo tampoco. Y preferíamos (sí, los 2 aunque debo reconocer que más yo que él) ir un poco más lejos con tal de juntarnos con nuestros amigos.  
Mamigas mamás que son amigas echadas con lentes de sol

Sí, ya sé. Me estoy llevando el premio a la abnegación y sacrificio maternal. Pero, ¿acaso no es mejor disfrutar las actividades a las que acompañamos a nuestros hijos? Y ¿qué mejor que teniendo con quien conversar y pasarla bien nosotras? ¿Qué mejor que poder conversar con otras madres que están pasando o ya pasaron por lo mismo que tú? La maternidad puede ser muy solitaria. Tener mamigas con las que poder compartir es liberador. En mi caso particular, incluso tengo varias mamigas con las que nuestra amistad trasciende a los hijos. Nos juntamos más sin ellos que con ellos. (muajajajaja risa malvada).
Claro, me dirán. Es muy fácil hacer nuevas mamigas cuando tienes un trabajo con horario flexible o eres un ama de casa que maneja sus horarios. Touché. Es cierto. ¿Qué tal si nos pasa como a una buena amiga mía quien cargada de trabajo y con un nuevo bebé no había podido conocer a ninguna mamá del salón de su hijo? Bueno pues, no pasa nada. No tenemos el deber ni la obligación de entablar amistad con otras madres de familia. El hacerlo es un plus. No tenemos que angustiarnos ni presionarnos por hacer amistades o integrar panderos. Yo me he pasado años enteros sin hacer una sola amiga y más bien cultivando un par de enemigas (jejejeje). Y mis hijos sobrevivieron.  

En todo caso, si te gustaría conocer a más mamigas te recomiendo que comiences invitando una por una a las madres de los más amigos de tus hijos. Asegúrate de estar en casa y con tiempo libre para poder departir con calma. Anda a todas las reuniones/eventos para madres de familia que organizan en el colegio y ahí mismo queda con un par de mamás para hacer alguna actividad juntas. Y recuerda que al final, todo esto se trata de nuestros hijos y no de nosotras, ¿no? Y si mientras acompañamos a nuestros hijos en su etapa escolar conocemos a muchas mamigas y la pasamos bien, pues ¡enhorabuena! Y si no… no pasa nada.

5 películas navideñas para ver con niños

A sólo 3 días para Navidad no me organizo bien para hacer nada más que comprar regalos de  navidad, asistir a lonches/almuerzos/cenas navideñas y ver películas navideñas con mis hijos. He dejado de ir a nadar, he dejado de leer, he dejado de hacer casi todo (y me siento pésima por eso) pero simplemente no me puedo organizar para hacerlo. 

Estos días la única paz que encuentro está en las pelis Navideñas que he descubierto en Netflix con mis hijos. Tenemos nuestra rutina de sentarnos en las tardes y ver una de éstas películas. Netflix tiene varias opciones, pero acá les dejo las top 5 navideñas de mis hijos. Éstas son las que me piden ver una y otra vez y… otra vez.  

1. Los fantasmas de Scrooge (A Christmas Carol) USA, 2009. Es la adaptación de la clásica novela de Charles Dickens, A Christmas Carol. Dirigida por Robert Zameckis y protagonizada por Jim Carrey

5 películas Navideñas para ver con niños

2. El extraño mundo de Jack (A nightmare before Christmas) USA, 1993. Una película oscura que da un poco de miedo, Jack el rey del mundo de Halloween quiere ser el rey de la Navidad y roba a Papa Noel. En el interín descubre su vocación. Dirigida por Henry Selick y producida por mi director favorito, Tim Burton.  

5 películas Navideñas para ver con niños


3. El Grinch  (How The Grinch Stole Christmas) USA, 2000. Basada en el cuento del mismo nombre escrito por el autor conocido como Dr. Seuss. Protagonizada por Jim Carey y dirigida por Ron Howard. Es un poco larga para mi gusto, pero mis hijos la aman. 

The grinch with a Chritmas hat


4. Una Navidad con los muppets USA, 1992 dirigida por Brian Henson y protagonizada por Michael Caine. Nuevamente, una adaptación de la historia de Charles Dickens: A Christmas Carol. Ahora, con la Rana René y sus amigos de protagonistas. Es mi favorita. 

5 películas Navideñas para ver con niños Muppets



5. Buscando a la estrella de Navidad (Reisen til julestjernen) Noruega, 2012 . Dirigida por Nils Gaup. Es una linda historia llena de aventura y fantasía. Sonja, una niña muy aventurara va a buscar a la hija del rey que se perdió buscando la estrella de Navidad. Para niños de 5 + años

5 películas Navideñas para ver con niños



Bonus: Mickey Celebra la Navidad USA, 2012 Mickey y sus amigos son un clásico en estas fechas. Varias historias protagonizadas por todos los amigos de Mickey. A nosotros nos encanta desde siempre. 

5 películas Navideñas para ver con niños


De alta de la terapia

Estoy que no quepo en mi pellejo del orgullo y la felicidad. A mi hijo mayor – mi hijo con espíritu (leer acá criando a un niño con espíritu) – le dieron de alta en su terapia ocupacional sensorial. Terapia a la que acudía hace más de dos años. Él empezó a acudir a esta terapia luego que lo diagnosticaran con Disfunción de Integración Sensorial (DIS) (ver post acá). Sus sesiones eran dos veces a la semana y sólo faltaba por viajes o si estaba realmente enfermo. Finalmente, la semana pasada luego de más de 200 horas de terapia …  le dieron de alta.
Masked 3 year old boy with a cape integración sensorial
Y yo no quepo en mi pellejo de la felicidad. Lo he celebrado por todas partes. Sí, ya sé. Como si el logro fuera mío. Pero, en gran parte siento que lo es. Y no porque crea que lo logró gracias a mí. Para nada, el mérito es suyo. Sino porque durante este proceso lo he estado acompañando, y no ha sido nada fácil. Lo he acompañado en los días malos, pésimos y los terribles, por supuesto, también en los días buenos y regulares. Me he reunido con los tutores del salón, con la psicóloga del colegio y con los profesores muchas más veces de las que hubiera querido. Tanto así, que en un punto ya no quería ir a recogerlo al colegio pues, tenía pavor de que me agenden una reunión más, o de lo que la tutora me diría al recogerlo.
He consultado con terapeutas y especialistas, he practicado en casa – con la rigurosidad de un sargento – todas las recomendaciones que los especialistas me daban. Incluso si eso significaba tener que mecharme con mi hijo, obligarlo, amenazarlo o todas las anteriores.
Y si pues, estoy feliz que eso haya terminado. Obviamente, soy consciente que la disfunción de integración sensorial no es algo que se cura, ni que desaparece. Es un trastorno en el procesamiento y organización de los estímulos sensoriales que se controla y aprende a manejar. De hecho, también las manifestaciones disminuyen y se vuelven prácticamente inexistentes. Eso significa que, a pesar que ya le dieron de alta de terapia a mi hijo, igual habrá circunstancias, momentos e incluso días enteros que serán muy malos. Pero, confío en que él ya tiene las herramientas y la madurez para manejarlo. Y yo siempre estaré ahí para apoyarlo.
Sé también que algunos de los síntomas de esta disfunción quedarán como rasgos particulares de su personalidad. Por ejemplo, probablemente mi hijo sea uno de esos adultos a los que no les pueden hacer pedicure porque simplemente no tolera que le corten las uñas de los pies (ni que le toquen los pies en general) y seguro, jamás en su vida usará chompas o sweaters de un material distinto al algodón, y siempre tendrá un olfato privilegiado que le avisa el menú de la casa 3 cuadras antes de llegar. Llámenlo excéntrico maniático, pero para esta neuro-madre todo esto simplemente lo vuelve único y más interesante.
Y si pues me toca celebrar. Me toca celebra por un trabajo duro y bien hecho. Me toca celebrar como una neuro-madre que se angustió hooooras, lloró mares y leyó horas de un tema que hoy por hoy, por fin deja de ser una preocupación. ¡SALUD!