Algo para compartir: consecuencias de tener un blog público

Facebook me pregunta ¿qué estás tramando? Y la verdad es que no mucho. Ahora con mis bebés (sí, ¡porque todavía son bebés!) de vacaciones del nido,  con mi verdadera bebé de dos meses que todavía no tiene muy claro eso de que “las noches se han hecho para dormir” y las mil cosas que tengo que atender de la casa, no tengo mucho tiempo para tramar nada. Estoy, como le dije a una amiga hace poco,  sobreviviendo. Cuál miembro de alcohólicos anónimos, me repito a mí misma sin parar: “un día a la vez”, “un día a la vez” para no abrumarme pensando en todos los días de malas noches que me quedan por delante y las mil actividades diarias que debo hacer por mis hijos, la casa y obvio, por mí.

Pero bueno, eso no era lo que quería compartir. Lo que quería compartir es el efecto que tuvo mi anterior blog “¿Cómo te puedoayudar para qué la pases mejor?” sobre mi marido. Así es, mi querido esposito leyó mi blog. La verdad que no lo esperaba porque nunca lo lee, pero como yo no soy piña, si no re-piña. Ese día se le ocurrió leerlo. Y, bueno se molestó un poco, mi miró raro y dijo “¿cómo escribes eso en un sitio público?… pero lo cierto es que eso nos permitió conversar sobre cómo me sentía yo anímicamente (porque la verdad de los hechos es que tener un recién nacido es duro; no sólo física, sino también emocionalmente) y permitió que compartiéramos más como pareja y como padres.

Así que pensándolo bien, esta vez la suerte sí me acompañó, ya que no sólo me permitió un diálogo honesto con mi esposo, sino también permitió un cambio de actitud (aunque él no lo quiera admitir) muy positivo de parte de él: me acompaña cuando estoy dando de lactar, me conversa para que no muera de aburrimiento mientras lo hago, ahora sí se encarga full (mejor que cualquier nana) de los mayores, organiza planes dentro de casa y lo mejor de todo: en las noches no espera a que yo acueste a todos para pedirme su comida (sí, eso hacía mi amor). Gracias a todo esto mi estado de ánimo ha cambiado mucho, estoy más descansada y optimista (aunque claro, todavía tengo mis días negros) y lo mejor: me siento mucho, mucho más feliz. Así, que mi rey si estás leyendo esto: gracias por tomártelo bien y apoyarme. Y, a aquellas que todavía sus parejas, esposos, juntes, etc. no les hacen mucho caso mi consejo es: abran un blog y escriban… jejeje

¿Cómo puedo ayudarte para qué la pases mejor?

¿Cómo puedo ayudarte a que la pases mejor? Esta es la pregunta que me hizo hace un par de días atrás mi esposo cuando me vio al borde del colapso. En ese momento estaba tan cansada que no atiné a decirle nada. Estaba tan abrumada que pensé que no había nada que mi marido pudiera hacer por mí. Pensaba que al menos que él empezara a producir leche no había mucho que pudiera hacer por mí, pero lo cierto es que pensándolo bien, sí hay muchas maneras en las que me puede ayudar. Y acá le digo cómo.

No me invites al cine, ni a comer, y mucho menos a tomar unos tragos en las noches; no es porque no quiera salir contigo y pasar tiempo juntos, si no precisamente porque me encanta salir contigo y me es muy duro decirte que no puedo salir una, dos o tres veces, y al final quizá termine cediendo sólo para terminar más agotada aún. Hoy por hoy no puedo prescindir de esas dos o tres horas de sueño que me roba una salida nocturna. ¿Qué tal si me invitas a almorzar o a salir por la tarde? Los desayunos también me caen genial.

Madre agotada durmiendo con hija

No me reproches por quedarme dormida cuando vemos una película, estoy muerta y es una de las pocas cosas que podemos hacer juntos. Tú la ves mientras yo duermo. Tampoco me reproches cuando me quedo dormida antes de las 9:00 p.m., nuestros días empiezan a las 6:00 a.m y mis noches no son corridas. Y por favor, no me digas que tengo todo el día siguiente para descansar, porque sabes que no es así. Tengo que atender tres niños, una casa, un perro y me gustaría tener algo de vida propia. Necesito estar lúcida.

No sigas con tu vida como si nada, tenemos un nuevo bebé en casa y sé que las obligaciones que te impone la sociedad a ti son distintas que las que me impone a mí, pero por favor: nadie te obliga a “cumplir” con todos los eventos sociales que tenemos. No sugieras que puedes ir tú sólo a un matrimonio, o a una fiesta de cumpleaños mientras que yo me quedo en la casa atendiendo a los niños y al bebé. Estamos juntos en esto, y no es justo que me quede sola en casa como si estuviera castigada. No estoy castigada, y tú no estás obligado a ir a ninguna parte. Tu obligación es conmigo, con esta bebé y nuestros hijos. Créeme, la gente va a entender que con un recién nacido y/o hijos pequeños la vida social cambia.

Puedes ayudarme: hazme cariño en las noches antes que me quede dormida, así como a veces haces. Eso me hace sentir segura y acompañada, me hace notar que no estoy sola en esto. Me recuerda que me quieres. Porqué sabes, a veces me siento sola, muy sola. Un recién nacido es sumamente demandante y muchas de las demandas sólo las puede satisfacer la madre, pero me puedes acompañar. Sentarte a mi lado y conversarme o por último, mirar tu celular a mi costado mientras yo doy de lactar.
Por último si como tú dices sientes que eres inútil con la bebé porque sientes que no hay mucho que puedas hacer, no te preocupes, con que me acompañes, cuides mi sueño y me preguntes como me siento, ya me estás ayudando bastante. Gracias por preguntar, y gracias por esperar. Antes que nos demos cuenta la bebé estará grande, y podremos disfrutar juntos todas esas cosas que nos gustan hacer, pero mientras tanto ten paciencia y acompáñame.

Mis días con tres

No quiero dejar que el tiempo pase, y se me olvidé – porque cuando se trata de parir niños la memoria (o mi memoria al menos) es corta – cómo son mis días y mis noches con tres (3) pequeños en casa.  

Mi día empieza muy temprano por la mañana a eso de las 6:30 a.m. Mi hijita, de un año y 7 meses aparece al lado de mi cama diciendo: “mamá, upa, mamá”. La meto a la cama y la abrazo mientras ella me acaricia el pelo y habla a todo volumen.  Imposible hacerla volver a dormir. Despierta a su hermano de 3 años y 8 meses que se pasó a mi cama en la madrugada. Él se levanta y dice: “Es hora de la leche. Mamá es hora de la leche”. Yo sigo sin abrir los ojos y le contesto: “sí hijito, anda tráela”.  Gracias a Dios la nana deja las leches en la puerta de mi cuarto muy temprano. Les prendo el televisor y sigo “durmiendo”. 
A eso de las 7:30 a.m., la bebé de 6 semanas empieza a moverse, grita y sé que es hora de su siguiente toma.  Mientras le doy de lactar, la nana y papá cambian a los mayores. Una vez termino de dar de lactar, superviso el desayuno de los “grandes”, las loncheras y los mando al nido. Luego, desayuno, me ducho, me cambio y si tengo algo de energía hago mis ejercicios post natales. Cuando termino todo esto ya es la siguiente toma de mi bebe, y luego sin darme cuenta ya es medio día y mi hijita ya regresó del nido: “mamá, meme acá”. “Sí hijita, ven a dormir acá”. Cuando ya ella terminó de dormir, escucho la voz de mi hijo: “mamá, mamá ya llegué”. Es la 1:30 p.m. y la bebé tiene hambre de nuevo. 

Fat mom with 3 little children

Las tardes son un poco más tranquilas, gracias a Dios hay algún cumpleaños o una clase de fútbol. Intento descasar: misión imposible. Entre la chica de limpieza, el panadero, el cartero y el testigo de Jehova me lo impiden. A eso de las 5:00 p.m. caigo muerta. Pero, a las 6:00 p.m. otra vez toca leche y comienza la locura: a comer, bañarse y dormir. Trato de estar en todas, pero no puedo. A veces les doy de comer, a veces los baño, a veces nada. Ya bañados, toman sus leches para dormir y yo le doy la última toma del día a la bebé. Ya son cerca de las 8:00 p.m. y gracias a Dios, es hora de dormir. Todos caen como troncos, yo incluida.


A eso de las 8:15 p.m. mi esposo me levanta para comer juntos, a veces lo logramos. Conversamos un rato, muy poco porque caigo rendida a las 9:30 p.m (o antes). Duermo profundamente… hasta alrededor de la media noche cuando la bebe se levanta con hambre, la teta otra vez. Rápidamente caigo dormida de nuevo, a eso de las 2:00 a.m., mi hijo mayor se mete a la cama y hay que llevarlo a hacer pila, porque si no…

A las 3:30 a.m. se vuelve a levantar la bebe. Toma rápidamente, pero luego de botar los chanchos abre los ojos y decide mirar alrededor por un rato. Pasados 45 minutos vuelve a dormir. Se levanta nuevamente a las 5:00 a.m. esta vez es por frío. Yo, a esta hora ya no puedo más. Se la doy a su papá, él se la pone en el pecho y la hace dormir. Continuó durmiendo profundamente hasta que escucho una vocecita: “mamá, upa, mamá”.
Son las 6:30 a.m. y mi día vuelve a empezar.

¿Dónde están mis amigas?

Sé que no soy la única nueva mamá (aunque no tan nueva ya) que se pregunta esto. Con la maternidad (y también con la edad, jeje) vienen muchos cambios en el estilo de vida, en las rutinas y hasta en los gustos. Con estas nuevas rutinas, horarios y necesidades se hace cada vez más difícil encontrar un tiempo para nosotras y esto incluye las salidas con las amigas. Y esto se vuelve aún más complicado si éstas no tienen hijos y menos aún esposo, e incluso con aquellas que sí los tienen (porque admitámoslo los esposos fastidian tanto como hijos) es muy difícil coincidir.

Escribo esto porque hace poco más de dos semanas me encontré con mis amigas después de más o menos 6 meses (o de repente más) en el brunch de una de ellas y, aunque mi plan original era quedarme por un máximo de dos horas, me terminé quedando como por 6 (sí, así de viciosa me he vuelto) y pasándola genial. Debo confesar que hice un gran esfuerzo en ir, me daba flojera, tenía mil cosas que hacer, la panza me pesaba, no quería dejar a mis hijitos – que cada vez están más molestosos – en fin mil motivos buenos y válidos para no ir, y que ya he usado más de una vez. Sin embargo, decidí hacer mi mejor esfuerzo e ir, porque la verdad cada vez veo menos a mis amigas, cada vez tengo menos amigas y siento que cada vez pierdo más a mi antiguo yo (el yo pre-hijos).

Con mis amigas la pasé genial: me olvidé de mi panza, mi esposo y hasta de mis hijos. Recordé lo bien que la paso con ellas, lo divertido que es compartir anécdotas y comentarios y escuchar opiniones sinceras de gente que te conoce más de lo que tú crees. Recordé también, que puedo ser divertida y que tuve ¿tengo? una vida más allá de las 4 paredes de mi casa y el mundo de mocos y babas en el que me hayo sumergida ahora. No es que no me encante la etapa que estoy viviendo, no. Pero, no voy a negar que muchas veces (sobre todo cuando veo en el Facebook las fotos de mis amigas en viajes, juergas y eventos que para mí son impensables en este momento) añoro mi antigua vida. Una vida que casi no reconozco, una vida sin cansancio crónico, sin malas noches, con mucho tiempo para mí y con conversaciones más allá de pañales o nanas.


Este reencuentro me sirvió para darme cuenta que debo hacer un esfuerzo por ver más seguido a mis amigas, no sólo porque me hace bien, sino también porque las extraño, las necesito y las quiero. Necesito recordar quien fui antes de ser mamá y no perderme a mí misma. Así, que está decidido, en cuanto pueda estar activa de nuevo (tengo una bebé de 3 semanas en casa; “no pressure please”) no más flojera, no más planes monses en la sala de mi casa: voy a salir con mis amigas, voy a buscarlas, a perseguirlas (porque ya cada vez me incluyen menos en sus planes) y a pasarla bien.  Y, es que también una neuro_mamá no siempre lo fue, y merece recordarlo ¿no?  

Mi cuerpo, es ¿mío?

Como parte de nuestra paternidad responsable mi esposo y yo decidimos que era el momento de cerrar la fábrica. Tres hijos en poco más de cinco años de matrimonio, si bien es lo mejor que nos ha pasado es demoledor física, emocional y económicamente. Ha sido una seguidilla de: embarazos, partos, puerperios, lactancias y nuevos embarazos. Así, que decididos a brindar calidad de vida, tiempo y etc. a los hijos que ya tenemos, empezamos nuestra búsqueda por el método anticonceptivo que fuese más seguro, rápido  y adecuado a nuestras necesidades.


Luego de mucho conversar y considerando sobre todo mi salud (3 cesáreas y un útero cuarteado)  decidí que lo mejor para mí, era no ponerme en más riesgo y ligarme las trompas. Por otro lado, mi esposo decidió que cómo yo soy bastante menor, él se haría una vasectomía – la que además es reversible – por si en un futuro muy lejano nos animamos por más hijos. Puesto que los dos estábamos dispuestos a intervenirnos, decidimos investigar un poco más. Así, fui a mi siguiente cita con la ginecóloga y le comenté mi deseo de ligarme las trompas. Ella muy profesional, me entregó un documento en el que tanto yo como mi esposo declarábamos estar de acuerdo con la intervención a la que me iba a someter. Para que éste tuviera validez y la doctora pudiera llevar a cabo el procedimiento, ambas firmas debían estar legalizadas (mediante notario público). 

Entendí claramente el porqué de mi autorización expresa y certificada (evitar los excesos que se cometieron en el pasado). Hasta ahí, todo bien. El tema surgió cuando me di cuenta que sólo con mi firma legalizada no bastaba: el documento no tenía ninguna validez sin la firma legalizada de mi cónyuge. Necesitaba la autorización expresa de mi esposo para poder acceder a un método anticonceptivo definitivo. Sin su firma, no podría hacer nada.

Todavía sigo en shock. Al parecer en la legislación peruana, las mujeres casadas no tenemos la madurez/inteligencia/lo que fuere suficiente para decidir solas si queremos o no, tener más hijos. Nuestro cónyuge debe aprobar todas las decisiones que se tomen con respecto a nuestro útero, es como si el útero fuera un activo en la sociedad de gananciales (¿debería cobrar por los servicios prestados?). Mi deber como mujer es procrear y no le puedo quitar ese privilegio a mi esposo sin su consentimiento, y si soy piña y mi esposo piensa – como muchos hombres peruanos- que me quiero ligar para poder “sacarle la vuelta” libremente, estoy frita. Sin embargo, si él decide hacerse la vasectomía y privarme de la posibilidad de ser madre no hay ningún trámite de por medio. Va, saca su cita, paga y listo. Ahí YO, el Estado y seguro hasta la Iglesia no tienen nada que hacer. Pero, por otro lado para que yo (que soy la que pone en riesgo su salud) pueda acceder a un método anticonceptivo definitivo, ahí sí todos tienen algo que opinar: mi cónyuge, el Estado y por supuesto la Iglesia.

Sé que hay un argumento legal detrás de esta disposición, pero honestamente no lo entiendo. Si se trata de defender el bien común: la familia; debería ser por ambos lados, ¿no? En mi opinión, esta medida es totalmente contraproducente e incoherente. Sobre todo, en un país donde aún el machismo es muy fuerte y somos pocas las que tenemos esposos comprensivos. Por otro lado, me sorprende que grupos feministas no hayan alzado su voz de protesta, quizá es porque no están al tanto de esta medida que no responde al lema feminista que tanto me gusta: Mi cuerpo es mío, ni del Estado ni de la Iglesia (y pondría yo acá: ni de mi marido!). Pero, lamentablemente en el Perú de hoy, mi cuerpo (léase: aparato reproductor) es mío, de mi esposo, del Estado, de la Iglesia y fácil de alguien más que en cualquier momento saldrá a reclamármelo.

El postparto: lo que nadie te dice

¿Cómo es en verdad el post parto? La verdad del postparto.
Este post nació a sugerencia de mi hermana, quien acaba de tener su primer bebé. Una lindurita de apenas 1 mes. Ella como toda primeriza vive en un constante estado de ansiedad y preguntándose si lo estará haciendo bien, y cuestionando si todo lo que siente/piensa/hace es normal. Me pidió que cuente todo aquello que nadie cuenta o que solo te cuentan tus mejores amigas en esas sesiones de catarsis que deberían siempre ser más seguidas.

Lo que nadie te dice del postparto: mamá en clínica dando de lactar a bebe


En mi experiencia son varias cosas fundamentales las que nadie te dice, o si te las dicen por algún motivo no haces mucho caso. Yendo al grano –en mi opinión- esta es la lista de las cosas más importantes que debes de saber:

1.       Criar a un recién nacido AGOTA y este desgaste no es solo físico sino también emocional.  La angustia que genera tener a un recién nacido en casa sólo se compara con la angustia que sintió Jesús en el huerto de Getsemaní (recuerden que sudó sangre).  Esta angustia disminuye con el tiempo y a medida que vamos conociendo a nuestro bebé.
2.       Si bien has llevado a ese bebé en tu vientre durante 9 meses no lo conoces, y él tampoco a ti. Así, que les va a llevar un tiempo (re)conocerse fuera del vientre. No te sientas mal si tu bebé llora y llora y no tienes idea de porqué, los primeros días/semanas será ensayo y error hasta que aprendas a identificar sus llantos.
3.       Algo que siempre genera polémica, debido a la presión social que existe alrededor, es la lactancia. Con la experiencia de haber dado de lactar exclusivamente a dos por más de 8 meses cada uno, puedo dar fe que dar de lactar no es una experiencia tan fácil y grata como te la pintan. Dar de lactar es duro. Los primeros días duele y puedes tener hasta heridas, el resto del tiempo: un ser humano depende 100% de ti para su supervivencia (El huerto, el huerto). Sí es cierto, es lo mejor que le puedes dar a tu bebé, pero no es fácil para todas. Mi conclusión es que si te cuesta mucho y vives malhumorada, fastidiada y deprimida, complementes con fórmula o les des sólo fórmula. Lo más importante para el niño/a es tener una madre feliz y plena, no una máquina proveedora de leche que ande amargada e histérica y transmita todos estos sentimientos al niño/a.
4.       Los cambios hormonales son ciertos. Claro, que eso no significa que vas a tener que medicarte. Pero, definitivamente tus hormonas están alteradas y lo vas a notar (y, no solamente tú sino todos los que viven contigo).
5.       Vas a querer tirar a tu bebé por la ventana. Y si alguien te dice que nunca ha sentido eso con sus hijos es porque ha delegado bastante su crianza. Pero, tú que los estás criando (o tratando de criar) a puro pulmón sabes lo duro que es, y que es inevitable exasperarse con ellos (VER ACA).
6.       Vas a tener sentimiento de culpa, y ¿cómo no? después que lo has querido tirar por la ventana, te entra un sentimiento de culpa horrible cuando ves a tu “angelito” descansando profundamente. No te preocupes, lo superarás. También te da sentimiento de culpa irte por mucho rato de la casa, salir a la peluquería, ir a tomar café con las amigas, etc.  
7.       Te olvidas del marido. Bueno, esto no les pasa a todas pero sí a las más “mamá gallina”, y no es que te olvides de que él existe es que el pobre pasó a un 5to plano. No te preocupes, lo superará.
8.       La barriga te queda totalmente flácida e hinchada después del parto. En algunos casos se te rompen los músculos de la panza. Tienes que trabajar duro para recuperarla, y algunas sólo recuperarán sus formas mediante una cirugía.

Estos son en mi opinión los puntos más importantes que toda primeriza debe saber sobre sus primeros días con un recién nacido en casa. Quizá, para algunas hayan otros más o quizá quitaría algunos de la lista. Lo importante es compartirlos y difundirlos y que todas nos enteremos. 

¡Las mujeres trabajamos más!

Definitivamente las mujeres trabajamos más (y me refiero a más que los hombres). Eso es algo que en verdad siempre supe. Pero, ayer me quedó más claro que nunca cuando, decidí darme una “escapada” para hacer algo por mí: deporte (natación específicamente). Con poca chamba pendiente, decidí que podía salir. Pero, para variar, me atrasé un poco y salí con los minutos contados. Cuando llegué a la piscina tenía solo 30 minutos para nadar, alistarme y cambiarme para recoger a mis hijos del nido. Dentro del gimnasio, me encontré con un par de amigos de mi esposo que caminaban tranquilos en las caminadoras. 

Yo por mi lado nadé hecho una bala. Salí sin aliento y con el corazón a mil, corrí al camarín y en el camino me resbalé y me golpeé. Me dolió, pero no tuve tiempo para sobarme. Me bañé batiendo un record  mundial, y salí de nuevo corriendo para llegar corriendo al nido e ir corriendo a mi casa para almorzar, nuevamente, corriendo.

Saliendo del camarín, volví a ver a los amigos de mi esposo – que tienen hijos pequeños, uno de ellos un bebé menor que la mía – conversando y tomando tranquilamente unos refrescos en la cafetería. Mientras, por otro lado vi a una chica, que haciendo un uso del tiempo más eficiente que el mío, había logrado nadar y cambiarse en 15 minutos (¡lo sé, increíble!) y le daba la mano a uno de sus hijos, y cargaba a su otra hija (la habían estado esperando mientras nadaba) y salían a toda velocidad mientras le daba instrucciones a la nana que los acompañaba.
Los amigos de mi esposo, seguían como si nada. En ese momento, sentí un poco de envidia. Ahí, estaban ellos de los más tranquilos sin preocuparse de nada más que sus rutinas, sus cosas. Tan tranquilos, confiados que sus mujeres estaban lidiando con los hijos y todos los demás quehaceres domésticos. Sin preocuparse por el almuerzo de nadie que no fuera ellos mismos y sin ninguna culpa por estar ahí y no en su casa pasando tiempo de calidad con los hijos. Fue ahí, cuando caí en cuenta que definitivamente las mujeres trabajamos más, mucho más. Y, más aun las que sufrimos de neurosis aguda, como yo.
Dos chicas en bikini tachadas son el signo de no. Porque las mujeres no pueden divertirse igual que los hombres
¡Prohibido divertirse y verse bien!

Mi rutina, y la de todas mis amigas y conocidas con hijos, es muy similar: levantarse alrededor de las 6:00 a.m. y no parar hasta las 8:30 p.m, hora en la que -con suerte – ya todos están dormidos y tienes algo de tiempo para relajarte y hacer lo que te gusta. Porque, aunque tu esposo sea un modelo de padre abnegado, el 95% de la chamba de los hijos y la casa siempre va a recaer en ti y no hay nada que puedas hacer por evitarlo. La distribución de tareas domésticas nos antecede muchos años atrás en la historia cultural de la humanidad y –salvo en casos muy aislados – el niño va a preferir siempre a su madre y, en la medida de lo posible, va a querer que sea sólo ella, la que supla todas sus necesidades afectivas y biológicas.

Y, óyelo bien esto es algo muy positivo, ¡sí! aunque tú sientas que ya no tienes pulmones y no puedes más. Siéntete bien porque significa que has generado un vínculo muy estrecho con tu hij@ y su futuro emocional (sólo el emocional porque del económico no podemos decir nada) está garantizado. Lamentablemente, no podemos garantizar tú salud física ni mental, pero sí la de tu marido que va a poder ir al gimnasio sin ningún sentimiento de culpa, va a poder trabajar tranquilo sintiéndose el mejor padre del mundo mientras tú haces malabares para poder cumplir diligentemente con todas tus responsabilidades.   

Y, es que como dije antes (clic acá) la sociedad exige mucho a las mujeres de hoy, porque además de tener que ser excelentes madres, debemos tener también una carrera promisoria, y encima, un cuerpo de infarto.  Y como también lo mencioné en este blog, no se puede tener todo y lamentablemente para mí – y creo que para muchas neuro_mamás también – ceder el cuidado de los hijos a otra persona NO es una alternativa. Así, que nuevamente tengo que decidir que dejo de hacer para no morir en el intento, y esta vez le tocó el turno al cuerpo sexi del verano. Bye, bye ser regia este verano, adiós bikini, sé que nos volveremos a ver. ¡¡¡Lo juro!!! 

 

Un día sin hijos

Hace un par de días estuve conversando con una amiga y como siempre nuestra conversación derivó al tema favorito de toda NeuroMamá: los hijos. Pero, esta vez, a diferencia de las otras, hablamos de temas no tan bonitos, sino de temas que –a veces – muchas de nosotras no nos atrevemos siquiera a aceptar: lo agotador (física y emocionalmente) que es criar a un hijo.

Esta amiga, que es madre soltera, 100% soltera, confesó que una de sus fantasías más recurrentes es poder desaparecerse un día completo, solo 24 horas, en las que pudiera dormir corrido y levantarse a la hora que se le viniera en gana, que pudiera leer todas las revistas que no puede por falta de tiempo, en fin, un día donde no tuviera nada más en que pensar que no sea ella misma… confesó también, que se siente pésima por tener este deseo, que tuvo que hablarlo con su psicóloga 200 veces para quitarse el sentimiento de culpa y aceptar que es normal y hasta sano, desear desaparecer por un día para poder concentrarse en sí misma y continuar.
Woman driking coffee

Lo curioso es que tras esta confesión, inmediatamente todas las que estábamos ahí asentimos. Es agotador criar a un niño, incluso para aquellas que tenemos pareja, familia y ayuda doméstica. Lo que lo vuelve particularmente duro, es el hecho que a diferencia de cualquier otro trabajo, criar un hijo es un trabajo sin descanso, dónde una está de guardia las 24 horas del día, los 365 días del año. No hay domingos, ni feriados que valgan, no te puedes tomar un “almuerzo largo” y mucho menos dar una “escapadita” y, por supuesto, tampoco hay días de enfermedad. Esto, junto al vínculo emocional que desarrollas con el niño – en el que sientes sus estados de ánimo y cada uno de sus problemas (por muy pequeño que sea) – hace que termines emocionalmente drenada.

El deseo que mi amiga se atrevió a confesar, es un deseo que muchas (todavía no me atrevo a decir todas) madres tenemos en algún momento de nuestras vidas. ¿Quién no añora su vida pre-maternidad? ¿Quién no añora ser una sola de nuevo? Cómo no añorar, el poder descansar sin preocuparse de otro ser humano, uno tan pequeñito que no puede hacer nada por sí mismo, y que depende de ti –en muchos sentidos- para sobrevivir.  
Es normal tener esta fantasía, así como es normal, que ahora que escribo  tenga un sentimiento de culpa terrible. Sentimiento de culpa, que no me deja, porque sí; a veces, solo a veces – deseo desaparecer un día completo, así sola, sabiendo que mis hijos están bien y mejor aún, sabiendo que solo por ese día, solo por un día no me necesitan, no me extrañan y no se acuerdan de mí. Solo un día, para estar libre y tranquila, y solo por ese día ser yo y solo yo de nuevo. Sí, solo un día. ¿Qué terrible, no?