¡Todo extremo es malo!

Durante mi embarazo investigué todo lo que pude en Internet, en libros y en revistas. Me suscribí a decenas de páginas sobre fertilidad, embarazo, crianza, desarrollo del bebè y similares. Compré varios libros y me presté varios otros. Leía tanto, que podía decir de memoria las etapas de crecimiento de un embrión. Me fui al extremo de convertirme en ratón de biblioteca embarazado. Entre todos los libros que me recomendaron, el primero fue el famoso: “Que esperar cuando se está esperando”. En mi necedad por querer leerlo todo, no hice caso a mi partera que me recomendó que mejor no lo leyera, ni a una buena amiga que me recomendó lo mismo.

Debí hacerles caso. Guiada por este libro me torturé y torturé a mi hijo durante bastante tiempo. En la sección: “que puede preocupar” donde aparentemente, preocupa todo. Leí que un bebé saludable debe de patear mínimo unas 10 veces durante una hora. Cuando sentía que mi bebé no se había movido por bastante tiempo lo empujaba y empujaba hasta obtener una respuesta, la mayoría de las veces obtenía una fuerte respuesta y después los consabidos 10 movimientos, pero otras veces solo me respondía una vez. ¿Pueden imaginar mi desesperación cando veía los minutos pasar y solo había percibido un movimiento? Volvía a empujar mi barriga una y otra vez hasta lograr que mi pequeño reaccione. Terminaba con la barriga adolorida de tanto empujar y con el pobre bebé moviéndose como un loco para tratar de encontrar una nueva posición.

También leí, que una embarazada no debe exponerse a altas temperaturas y mucho menos bañarse con agua muy caliente (tipo jacuzzi), sobre todo en la etapa final del embarazo. Además, una simpática persona –cuando estas embarazada siempre hay alguien con alguna historia de horror para compartir – me contó sobre el efecto sauna. ¿El efecto sauna? Cuando te duchas con agua muy caliente en un ambiente pequeño y cerrado (como son la mayoría de los baños) se genera un calor tipo sauna. Gracias a esta información, me la pase duchándome con agua helada prácticamente TODO el invierno (mi tercer trimestre).

Me aconsejaron también, que era básico hacerle a mi bebé pruebas a la vista y el oído. Así, que empecé a probar un día sí y otro también, que mi hijo no tuviera estos problemas.Prendía una linterna y apuntaba a la barriga para ver si se movía -ahora pienso ¿pasará algo de luz al útero a través de capas y capas de piel, musculo y grasa? También ponía audífonos en mi barriga y ponía un rock muy fuerte para sentir una reacción. Me imagino que mi pobre hijo debe de haberse pegado tremendos sustos al escuchar los alaridos de Metallica.

Cuando estaba a punto de desfallecer convencida de que mi hijo no era sordo, pero había una gran probabilidad de que fuera ciego (pues casi nunca reaccionaba a la prueba de la linterna). Decidí dejar de lado todas esas revistas, libros y páginas web y decidí guiarme por mi sentido común y mi intuición. Decidí disfrutar mi embarazo sin aprensión, confiando en Dios y esperando lo mejor. Así, guiada por mi intuición aprendí los patrones de movimiento de mi hijo, me di cuenta que bañándome con agua tibia estaba más contenta, y que esas pruebas podían esperar. La pasamos tan bien juntos que decidió quedarse dentro míos 5 días más. Y, bueno por seguir mi propia intuición y guiarme por mi experiencia sin hacer caso a nadie ni cuenta me di que había empezado el trabajo de parto … es que bueno, a veces, ¡la intuición también falla!

Los inicios: obsesión por un embarazo saludable

Todo empezó el día que me enteré que estaba embarazada. Junto con la dicha y alegría que sentí al enterarme que iba a ser madre por primera vez vino también el miedo; miedo a que algo salga mal, o a hacer algo mal. Un miedo (que ahora sé) es bastante común en las embarazadas. Quería llevar mi embarazo a buen puerto, quería tener un embarazo lo más sano posible, ¿Cómo lo lograría? ¿Cómo haría para que este bebe que crecía dentro mío –al cual ya quería más que a nada en este mundo- creciera y se desarrollara plenamente? ¿Qué debía de hacer o dejar de hacer para que salga bien?

Ya lo sé: llevar un embarazo saludable

Llevé mi obsesión a la comida y el deporte. Algunas mujeres que caen presas de la obsesión por un embarazo saludable se privan de absolutamente de todo lo rico (y digamos un poquito dañino) que tiene este mundo, entrenan, van al gimnasio y al final terminan más regias que cuando estaban embarazadas. En otros casos – como en el mío – la obsesión por llevar un embarazo saludable y transmitirle todos los nutrientes a mi bebé se transformó en un reto económico pues, todos mis productos se volvieron orgánicos, libres de EPAs, BPAs y cuanto químico hay (y todo eso es bastante más caro) y en el tema de la nutrición terminé engordando 25 kilos.

mujer a las 26 semanas de embarazo
Yo a las 26 semanas de embarazo

Había leído en algún lado que durante el embarazo una debía comer entre 120 y 160 calorías diarias más de las que come normalmente y yo… ¡No quería privar a mi pequeño de ningún nutriente! NINGUNO, así que tenía que cumplir con mi cuota calórica. Comía todo, todo el tiempo. Me torturé física y psicológicamente planeando nutritivos almuerzos, desayunos y cenas que muchas veces incluían comidas que odio -como los frijoles y alverjas- y también (no lo voy a negar ahora) comidas que amo como la torta de chocolate, los tallarines y la pizza (hecha en casa por si acaso. Recuerden que todo tenía que ser con alimentos de primera).

También había leído que las embarazadas no deben comer huevos crudos, ni jamones, ni prosciutto, ni quesos que no estén pasteurizados ni nada que no esté bien cocinado debido a riesgos de transmitir bacterias al feto. De más está decir, que pasé mi embarazo friendo jamones, obviando el prosciutto, convirtiendo al sushi en mi mayor enemigo y leyendo las etiquetas de todos los quesos para comprobar que estuvieran debidamente pasteurizados. En un momento mi neurosis fue tal, que cuando me di cuenta que me había pasado un pedacito de jamón sin cocinar en un restaurante traté de escupirlo. En ese momento, mi esposo me miró con tal cara que me curó de toda mi obsesión y terminé pasándome ese jamón, pero no pude evitar preguntarme por un par de semanas si ese jamón no traería desagradables consecuencias.

Increíblemente llegue hasta las 39 semanas de gestación, ya con una barriga que reventaba, usando la ropa de mi esposo (porque nada me quedaba de lo gorda que estaba) y por supuesto como buena mamá “saludable” haciendo deporte hasta el día anterior al parto. Luego de cinco horas de un trabajo de parto prácticamente inexistente llegó el regalo más grande que Dios me ha dado, el bebé más hermoso que había visto jamás, llegó mi hijo; sano, saludable, pesando 4 kilos y 80 grs y con hambre.

¡Ahhhh, salió a su mamá!

Bienvenidos a Neuro Mamá

¿Cuál es el nombre de tu blog? ¿Neuro Mamá? ¿por qué? ¿acaso eres neuróloga? ¿psicóloga? No, solo soy neurótica, una madre de 3 hijos con aspiraciones neuróticas.

Soy Milagros Sáenz creadora y autora del blog NeuroMamá (miembro de mamás blogueras peruanas) y en este este blog comparto mis dudas, anécdotas y angustias sobre ser una mamá (un poco) neurótica en el complicado mundo de hoy.

Tengo 3 hijos, un hombre y dos mujeres y debo admitir que jamás me imagine que me convertiría en una madre bloguera y menos aún neurótica, jamás. Ni siquiera en mis peores pesadillas me imaginé que me vería a mi misma convertida en una persona así. Lo cierto es que, con el dolor de mi corazón (de mi alma y mi billetera también) me he convertido en una mamá un poco paranoica, obsesiva, quisquillosa, maniática y sobre todo muy, pero muy neurótica. Una NeuroMamá.  

Yo que tanto me burlaba de esas madres que veía corriendo desesperadas cuando sus hijos se tropezaban y se golpeaban levemente, o que llaman al pediatra al primer estornudo, o que de pronto se olvidan de sus trabajos, sus amigas y HASTA DE SUS ESPOSOS por andar atrás de sus hijos. Esas madres con aspiraciones tan descabelladas que creen que sus hijos son Einstein porque cuentan hasta 10 antes del primer año, o creen que serán Phelps porque les gusta nadar en la piscina…

Logo NeuroMamá o neuro mamá
Nuevo logo de NeuroMamá o neuro-mamá o neuro mamá

Lo cierto es, que me convertí en una de esas. No sé cómo, ni cuándo. No sé si fue un proceso largo o corto, la verdad es que ya no lo recuerdo. Cuando caí en cuenta de lo que me había sucedido, era ya muy tarde… Me había convertido en una mamá neurótica, obsesionada con el bienestar de sus hijos y alucinada con sus futuros logros. Me preocupo si duermen mucho, si duermen poco, si toman mucha leche, si toman poca; si comen mucho, si están inapetentes; si hacen mucha pufi, si hacen poca. Cuento las onzas de agua, de leche y de comida que ingieren a diario, además arreglo personalmente sus ropas, les cambio pañales o acompaño al baño porque quiero ver (con mis propios ojos) como están sus deposiciones, los reviso siempre a ver si encuentro algún moretón, mancha o roncha que no haya estado ahí antes… en fin. Ahora que lo escribo me doy cuenta porque termino tan cansada, y eso que tengo ayuda profesional diaria.

Sé que suena un poco ¿cómo decirlo sin ofender? Raro, pero lo cierto es que soy una persona normal. Soy divertida (así me dicen los que me conocen), alegre, conversadora. Terminé el colegio y la universidad sin mayores contratiempos, es mas hasta hice una maestría. Si me ven por la calle, juro que no llamaría su atención, no se darían cuenta que soy una neuromamá, una mamá que vive obsesionada con sus hijos y cada día encuentra un motivo más por el que preocuparse.

Finalmente, este blog surge como una necesidad personal de compartir mis dudas, inquietudes y traumas con otras mamás, papás, tíos, tías, primos, herman@s, cualquier persona que pueda sentirse identificada o quizá incluso asustada por estos comentarios y quiera reírse un rato, compartir una experiencia, hacer una pregunta o simplemente darme más motivos para preocuparme y neurotizarme por el bienestar de mis hijos.

Espero que disfruten al leerlo tanto como yo disfruto al escribirlo.

Milagros Sáenz de NeuroMamá Blog con sus 3 hijos
Milagros Sáenz y sus 3 hijos