¿Cómo criar niños amables en un mundo de hombres rudos?

Cómo criar niños varones
¿Cómo criar niños amables en un mundo de hombres rudos?

Se ha escrito mucho sobre cómo criar niñas empoderadas. Se ha discutido mucho también sobre la importancia de enseñarles a nuestras hijas que ellas pueden ser lo que quieran: astronautas, médicos o ingenieros (y también amas de casa, si es lo que quieren). Pero, se ha escrito muy poco sobre cómo criar niños varones, específicamente sobre cómo criar niños que crezcan para convertirse en hombres amables, empáticos y asertivos. Se ha discutido muy poco sobre cómo criar niños compasivos que crezcan sintiendo que tienen permiso para desplegar todo tipo de emociones y expresarlas sin miedo ni vergüenza. Continuar leyendo “¿Cómo criar niños amables en un mundo de hombres rudos?”

El día de la madre ¿Lo amas o lo odias?

El pasado domingo, como todos los segundos domingos de mayo, celebramos acá en el hemisferio sur el Día de la Madre. En este día conmemoramos a las madres por su valioso papel tanto dentro como fuera del hogar y por ser el pilar de las familias (en la mayoría de los casos, al menos).

Si bien es cierto, todos los días deberíamos honrar a nuestras madres (y padres), en mi opinión, es bueno tener un día en particular dedicado a celebrar a nuestras madres y su labor la cual – valgan verdades – pasa desapercibida en el día a día. Es una oportunidad de hacer tomar conciencia de la labor invisible, pero vital que hacemos en el hogarContinuar leyendo “El día de la madre ¿Lo amas o lo odias?”

Que empiece por mí

Creo que no me equivoco cuando digo que todos los padres queremos criar hijos que se conviertan en adultos felices, plenos, buenos y honestos. Les enseñamos a decir gracias y por favor, a ser corteses, a respetar, a cumplir las reglas. O al menos lo intentamos. Nos esforzamos por criar gente de bien. Queremos que cuando crezcan sean adultos civilizados, confiables, empáticos y ¿por qué no? simpáticos también, buenas personas en general. Nos preocupamos muchísimo por la educación de nuestros hijos también; que los profesores sean los adecuados, que nuestro dinero se invierta en mejoras para el colegio y en capacitaciones para los docentes. En fin, queremos lo mejor para nuestros hijos.

Y eso está muy bien.

Pero, querer lo mejor y darles lo mejor viene también con enseñarles lo mejor, ser el mejor ejemplo posible, ¿no? Continuar leyendo “Que empiece por mí”

El colegio es tu amigo

Iniciamos un nuevo año escolar, un nuevo año lleno de oportunidades, aventuras y retos. Un nuevo año para enmendar los errores, dejar atrás los disgustos y miedos del pasado, y mirar hacia el futuro con optimismo y apertura. Un nuevo año también para darle la oportunidad al colegio de nuestros hijos de ser el “amigo” profesional, educador, que al igual que nosotros quiere lo mejor para nuestros hijos, y no mirarlo como el “cuco” que sólo quiere molestar y hacer sentir mal a nuestras criaturas.

¿Por qué digo esto? Continuar leyendo “El colegio es tu amigo”

8 consejos para favorecer la atención y concentración de los niños

Hace unas semanas atrás posteé sobre la poca motivación que tenía mi hija la segunda para ir al colegio. Todas las mañanas se levantaba llorando y renegando que no quería ir al colegio, que era aburrido, que quería quedarse en casa conmigo. La sugerencia que me dieron varias mamigas fue averiguar que era lo que pasaba con ella en el colegio. ¿Por qué de pronto ya no quería ir? ¿Qué estaba pasando ahora que la hacía no querer ir al colegio, pues ella siempre había ido feliz?

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¿Qué hacer con los chicos en las vacaciones de invierno?

Las vacaciones de invierno ya están aquí. Muchos de los colegios ya terminaron clases y muchos otros están terminando en estos días. Cuando estaba en el colegio las vacaciones de invierno eran mis favoritas pues, no eran tan largas como las de verano (que para ser honesta se me hacían eternas) y, además, me encantaba (todavía me encanta) quedarme en Lima sin tener que preocuparme por horarios, tareas, tráfico, exámenes, responsabilidades, etc.
Ahora que soy mamá, estas vacaciones me encantan por el mismo motivo: no hay tráfico, tareas, no hay que levantarse temprano ni arrear criaturas hasta el colegio. El descanso se me hace justo y necesario. Pero, debo confesar que estas 2-3 semanas sin una rutina y sin planes para los chicos se me hacen súper estresantes: no tengo tantas actividades caseras como para entretener a mis hijos todo el día, y termino peleando para que no se peguen a la tele, tablet, videojuegos o todas las anteriores. Por eso, empecé a averiguar sobre alternativas de talleres, clases y programas para estas cortas vacaciones, y uno de los que más me gustó, por lo completo y variado, es el programa de vacaciones de medio año de la YMCA.
El programa de vacaciones de invierno de la YMCA (ojo, sede Surco, averigüé de esa porque queda cerca a mi casa, jejeje) me encantó, primero porque es la ¡¡¡GUAY!!! Y no sé uds. pero yo, crecí compitiendo contra el equipo de natación de la guay (o ACJ, como también le decían) y era un club deportivo al que mi papá admiraba mucho. Además, tengo recuerdos de haber ido varias veces a nadar y a hacer gimnasia rítmica en la sede de pueblo libre. (snif, snif, recuerdos hermosos).

Planes con niños en vacaciones invierno
Regresando al programa de vacaciones de la YMCA-Surco, me encanta porque ofrece una variedad de cursos novedosos y entretenidos como robótica, natación (ya saben que soy fan de este deporte), bailes, ciencia, entre otros. Además, estos cursos están divididos en dos rangos de edad: para niños de 3 a 5 años y para niños de 6 a 12 años, lo que es ideal porque, como bien sabemos, los tiempos y dinámicas de cada edad suelen ser distintos.
El programa de la YMCA también cuenta con personal de primer nivel capacitado en el trabajo con niños, lo que hace a este programa perfecto para las mamis que trabajan a tiempo completo o a aquellas que no tienen con quien dejar a sus hijos por las mañanas mientras hacen sus cosas. El horario es desde las 9:00 a.m. hasta la 1:00 p.m de lunes a sábado. Por lo que pueden trabajar tranquilas en ese horario ;).
¡Ya saben! En estas vacaciones de invierno, sus hijos pueden estar entretenidos y alejados de tablets y videojuegos en un ambiente seguro y sano dónde conocerán nuevos amigos y la pasarán genial. Sólo deben llevarlos a la YMCA y además, si han leído este post y son fans de NeuroMamá lo podrán mencionar en el counter y recibirán un regalito especial. (yeeeeeee)
DATOS IMPORTANTES:
El programa va del 24 de julio al 5 de agosto de lunes a sábado de 9:00 a.m. a 1:00 p.m.
El programa se divide en 2 rangos de edad: De 3 a 5 años y de 6 a 12 años.
Las actividades son:
de 3 a 5 años: natación, circuito motriz, robótica, ritmo y sabor, manos creativas, comida saludable temática.
De 6 a 12 años: natación, deportes, circuito motriz, science max, mandalas, comida saludable temática, robótica.
El regalo en la matrícula se aplica única y exclusivamente para la sede Surco.

Y si ya leyeron hasta acá, les cuento que mañana por la mañana sale un sorteo para ganar una beca completa para 1 niño en el programa de vacaciones de invierno de la YMCA-Surco. 

Cosas que solo gente con Disfunción de Integración Sensorial puede entender

Hace unos días mientras navegaba en Pinterest (tablero acá) encontré unos cómics realizados por dos mujeres que padecen esta rara y poco entendida disfunción. Como ya saben quiénes me leen, mi hijo mayor ha sido diagnosticado con este raro desorden. (Ver post acá) Y ahora, más de un año después del diagnóstico y con toda esta noticia ya bien procesada y asimilada es que me doy cuenta que: a. efectivamente este desorden existe (en un principio me negué a creerlo) y b. que mi hijo (y varias personas que conozco) lo tiene y que es posible reírse (a veces es el mejor remedio) al respecto.

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Criando ninas vs. niños

Ayer, mientras esperaba mi turno para recoger unos papeles en el colegio de mi hijo, no pude evitar sobre escuchar la conversación de un par de mamás que estaban en cola atrás mío. No pude evitarlo, porque además que hablaban bastante alto, el tema era entretenidísimo: lo difícil que son las relaciones femeninas. Una mamá, le contaba a la otra lo mal que la estaba pasando su hija en el colegio pues no estaba dentro del “grupito” de su salón y, muchas veces, no tenía con quien jugar  en el recreo pues no se querían juntar con ella. Lo más preocupante, su hija estaba en ¡¡primer grado!!
Inmediatamente recordé una anécdota que ocurrió unos meses atrás en un cumpleaños al que fui con mis hijos: Mientras miraba como mi hijo se molía a golpes en el saltarín con algunos niños y yo trataba de evitar que se maten, había un grupo de niñas jugando tranquilas en los columpios; conversaban, se empujaban y se reían. Recuerdo haberle dicho a una amiga que no tiene hijos y me estaba acompañando: “¿por qué no juegan los hombrecitos, así? Creo que voy a morir de un paro cardíaco”.  A lo que me respondió: “porque las niñas juegan así, hasta que una le dice una cosa fea a otra, o deciden que alguna no puede jugar porque no les gusta su vestido y se armana grupitos y alguna sale llorando”. Y, dicho y hecho. Algo, pasó y una se fue llorando.

Es que definitivamente la socialización femenina es bastante complicada. Si bien, gracias a Dios, no nos agarramos a patadas. Si nos podemos decir e incluso hacer cosas tan feas, que una patada hubiera sido mejor. Por otro lado, me parece que con los hombres la cosa es más fácil. Lo veo en mi hijo: si algún niño no quiere jugar con él, va y busca a otro u otros, hasta que consigue un “partner” de juego. No se complica. Y, lo mismo sucede con las mamás de los niños. Todo es, no sé más fácil. Coordinar los “play dates” con niños, los juegos, los disfraces para actuaciones, y hasta solucionar alguna eventual pelea.

Por otro lado, y lo veo con mi pequeña de casi 3. Con las niñas, las cosas no son tan fáciles. Ellas se resienten, se molestan y se dejan de hablar. Claro, que a esa edad se olvidan en 3 minutos. Pero, es solo un adelanto de cómo será en el futuro. También ponen reglas sobre cómo debe vestirse una para jugar un determinado juego y en el peor de los casos, de cómo se debe vestir una para juntarse con un determinado grupo. Recuerdo en un evento infantil al que fui hace un tiempo ya con mi hijo mayor, las niñas no dejaban jugar a una porque no tenía vincha, y a ese juego sólo podían jugar las que tenían vincha. ¿Increíble, no? Tenían apenas 4 años. 
Pero, ¿qué se les puede pedir si a veces las mamás, sin darnos cuenta empezamos con esas pequeñas diferenciaciones? Como pasó en el salón de mi sobrina de 4 años (ella estudia en un colegio de puras mujeres). Una niña organizó una actividad (a esta edad obviamente, con el apoyo de su madre) y sólo invitó a 6 de las 9 niñas del salón. Desafortundamente, las niñas no invitadas se dieron cuenta. ¿Por qué hizo algo así? Sólo ella lo sabe, pero para mí es muy díficil de entender.

Entonces, ¿qué les podemos pedir a nuestras niñas si nosotras somos así? Menuda tarea las que tenemos las mujeres para lidiar entre nosotras y más aún, las que tenemos hijas mujeres para darles un ejemplo de amistad y solidaridad.

*Post publicado en el portal Mamitips

Desperate Housewife Full Time

Hoy se cumple exactamente 1 año, 1 mes y 1 día desde que decidí de dejar de trabajar y dedicarme a mis hijos a tiempo completo. Sí, ya sé, cómo llevo la cuenta. Pero, es que hoy es mi aniversario de haber cambiado drásticamente mi forma de ver la vida. Cambié una posición regional con un título marketeable  y en inglés, por una posición más común y, por qué no decirlo, con un título más desprestigiado como: “ama de casa”.

Recuerdo como si fuera ayer cuando tomé la decisión de renunciar. No era que no me gustara mi trabajo, todo lo contrario, me encantaba. Había llegado a un punto ideal en el que me entendía perfectamente con mi jefa, los retos diarios me estimulaban y estaba en línea de carrera para un ascenso (o eso creía). Todo iba perfecto. Pero, había algo que no me hacía sentir bien del todo. Me acompañaba un constante sentimiento de incumplimiento (si es que existe eso). Sentía que no le cumplía bien a nadie: si me quedaba pegada en la oficina, le faltaba a mis hijos. Si me dedicaba a cumplir con las actividades de mis hijos, no cumplía con la oficina. A mi marido, ya ni lo veía, y por supuesto, para mis cosas no tenía ni un minuto. A las justas me lavaba los dientes. Ni hablar de ir al gimnasio, o la peluquería (salvo que fuera estrictamente necesario) y, menos almuercitos o lonches con las amigas, eso me quitaba demasiado tiempo, tiempo que era para mis hijos. Vivía constantemente apurada y angustiada (bueno, no es que ahora viva en un spa tampoco, pero por lo menos cumplo con todos), siempre debiéndole algo a alguien.

Hasta que llegó mi punto de quiebre. La psicológa del nido me citó para conversar sobre mi hijo. Fui sola y apurada, porque tenía que regresar a la oficina para un “call”. Y ahí, entre otras cosas, me sacó el dibujo que había hecho mi hijo cuándo le pidieron que dibuje a su familia: había dibujado a la nana de su hermana. Sí, a la nana de su hermana. Ella es una mujer mayor, imponente y mandona que asumió el control casi absoluto de mi casa cuando yo estaba en la oficina, y naturalmente había impresionado a mi hijo.

Esta reunión coincidió con una evaluación de mi chamba, en dónde había sido evaluada como “inestable”, porque lo cierto era, que andaba más metida en las cosas de mi casa que en las de la chamba. Esos días lloré a moco tendido. ¿Por qué era tan difícil? ¿Por qué no podía ser la súper profesional y la súper mamá que cumplía con todo, cómo siempre me había imaginado que sería? Además, por supuesto, también quería el cuerpazo de infarto, ese cuerpazo con el que siempre salen todas las mamás en las revistas. Lo peor, es que era cierto, en la oficina no quedaban ni rastros de la profesional que solía ser antes de los hijos. Y en la casa, andaba deprimida por no tener “quality time” diario con cada uno de mis hijos, para lograr un vínculo sólido. Y, para rematarla, salí embarazada de mi tercera hija.  


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No lo pensé mucho. Para mí, no había mucho que pensar. Hablé con mi esposo, que es mi compinche y me apoya en todo, y renuncié. Si iba a hacer algo mal en mi vida, definitivamente no iba a ser mi maternidad. Decidí dedicarme a ser mamá al 100%. Nada de trabajos part time, ni consultorías free lance. 
Siempre puedo regresar a trabajar (tendré que empezar desde debajo de nuevo, no importa) pero, mis hijos sólo van a ser niños por un tiempo más. Y quiero disfrutarlos todo lo que pueda. Así, que sí con un poco de pena, cambié mi codiciado título laboral, por uno menos valorado en el mercado profesional, pero con más valor para mi tranquilidad. Para que suene mejor lo puse en inglés, of course, porque ahora soy, una “desperate housewife full time”, las 24 horas del día, los 7 días de la semana, sin domingos, ni feriados, ni vacaciones. Yo creo que con este título en mi CV, voy a conseguir más chamba ¿uds. no?