Practicar la no interferencia

Como parte de un taller en el que estoy participando nos mandaron a ver la película The Shift (El Cambio) De Wayne Dyer (click acá para verla completa). La película es muy buena y resultó realmente inspiradora.  Entre las varias cosas que me resonaron hubo una que me llamó mucho la atención: la “no interferencia”.

En el caso de la película, el ejemplo utilizado era no interferir en el momento de diversión de los hijos. Pero, en general, la “no interferencia” en la crianza se refiere a soltar el control absoluto que (muchas veces) queremos ejercer sobre cada una de las actividades de la vida de nuestros hijos; se refiere a dejar fluir las cosas menores y rutinarias, aquello que nos desgasta y desgasta nuestra relación con ellos: dejarlos ser. Por ejemplo, no interferir en los deportes, actividades o hobbies que practican, en sus juegos/juguetes, la ropa que eligen, entre otras cosas.

Pero, al igual que la madre en la película muchas se preguntarán: “soy su mamá ¿no es un poco irresponsable no interferir?” La respuesta es genial y la comparto al 100%: No lo es, pues la maternidad (paternidad en general) no se trata sobre dirigir al detalle el camino de tus hijos y que dependan de ti para tomar sus decisiones, sino se trata sobre, volverlos cada vez menos dependientes y cada vez más seguros en la toma de sus propias decisiones y más autónomos y libres.

La No intereferencia en la crianza

Ojo, que no interferir NO significa desatenderlos ni que los vamos a soltar a su suerte o dejarlos vivir en una anarquía. Para nada. La idea atrás de practicar la “no interferencia” es ayudar a nuestros hijos a encontrar dentro de ellos mismos su motivación, su plan de vida sin afectar u obstaculizar su proceso interior con nuestros propios prejuicios o mandatos; de tal manera, que nosotros seamos una guía, un apoyo, pero no los obreros que diseñan, construyen o incluso limpian el camino exacto por el que ellos deben transitar.

Cuando nuestros hijos son pequeños, nos necesitan para subsistir por lo que debemos direccionarlos y dirigirlos y estar inmiscuidos en el día a día de sus decisiones. Debemos ser nosotros los que marcamos los horarios, las pautas y los límites. Su seguridad y bienestar depende de nosotros. Pero, a medida que crecen debemos empezar a practicar más la observación y acompañamiento en sus propias decisiones, así como la no interferencia. Darles opciones y dejarlos tener la decisión final en cosas que les atañen directamente a ellos. Las grandes decisiones (el colegio en el que estudiarán, el lugar dónde viviremos, las celebraciones familiares, etc. son nuestras) pero, las pequeñas como, por ejemplo, la ropa que utilizarán, el deporte elegido, incluso el horario en que quieren almorzar, los hobbies que tendrán e incluso las amistades son enteramente de ellos.

De nuestra capacidad de no comandar, de no interferir en absolutamente todo hasta lo más nimio dependerá mucho que crezcan como adultos seguros e independientes capaces de tomar sus propias decisiones y encontrar su propio camino.  Esta cita me gustó mucho y me hizo reflexionar bastante ¿a alguien más?

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