Educación a distancia y TDAH

Consecuencias de la cuarentena  y la educación a distancia en una casa con TDAH
Antes que diagnostiquen a mi hija la segunda con TDAH (en kínder y a semanas de cumplir 6 años) recuerdo que la perseguía desesperada por toda la casa para intentar enseñarle algo, para ponerla al día (con materiales que la profesora me dejaba) o simplemente para reforzarle un nuevo aprendizaje.
Imposible. Su mente volaba.

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Homeschool, educación a distancia lo mínimo que debes saber

Yo nunca quise hacer educación en casa o homeschool con mis hijos. Para mí, la mejor forma de estudiar y aprender (y no solo en la etapa escolar) es la manera tradicional: en un lugar dedicado a la enseñanza, con instalaciones adecuadas, profesores especializados para cada edad y curso y todas las de la ley. Nada de educación a distancia ni parecido; no en la etapa escolar al menos.

Pero, llegó el coronavirus a sorprendernos y cambiar todos los planes. Adiós escuelas tradicionales, con suerte y nos volvemos a ver a fin de año. Naturalmente, esta noticia no fue recibida con mucha alegría por la mayoría de los que hemos optado por la educación tradicional para nuestros hijos pero, hoy por hoy, debo reconocer que somos afortunados aquellos que nuestros colegios tienen un plan de educación a distancia y nos brindan (de una u otra manera) material educativo para educarlos en casa.

Pero, hay una cosa muy importante que como neuromamá he notado sobre la educación en casa: el homeschool no es una simple cuestión de decir de un momento a otro (como nos ha pasado a todos con esta bendita cuarentena) los educo en casa y ya. Para hacerlo hay que prepararse y prepararse bien.

Los que estamos ya zambullidos (medio ahogados, diría yo) en esto ahora lo sabemos, y como sé que quienes me leen son neuromadres también, les comparto mis principales hallazgos para que los pongan en práctica y puedan (en la medida de lo posible) mejorar su experiencia de homeschool.

Para empezar todos los especialistas en homeschool te dicen que te prepares para poder educarlos en casa con lo siguiente:

  • 1. Tener a mano todos los materiales y útiles que vas a necesitar
  • 2. Adecuar un espacio donde se va a impartir la clase. Si es en línea (hoy por hoy creo que la mayoría lo son) debes asegurar conexiones a internet, puntos eléctricos para computadoras, megas, etc. También, si vas a usar el método tradicional asegurarte de tener pizarras, papelógrafos y lo que sea que vas a necesitar.
  • 3. Establecer un horario en el que tanto los niños como tú (la principal educadora) estén más tranquilos y receptivos al aprendizaje y donde haya menos distracciones.
  • 4. Super importante, investigar bien, informarse cuál es el mejor estilo de aprendizaje de los niños, el ritmo de avance de los niños y las horas que le van a dedicar a diario, todo esto para armonizar con el ritmo natural de la familia.
  • 5. Finalmente, algo que leí en varios lados pero que me gustó como lo sintetizó Zynhia Barrios de mi mejor clase es que: “Escuela en casa no significa imitar una escuela en dentro de casa…”

Tal y como sucedieron las cosas, la cuarentena obligatoria me agarró con “ninguna de las anteriores” y ha sido cuestión de improvisar, adaptar, equivocarnos, volver a empezar, aprender, desaprender y seguir en las mismas. Ahora mismo estoy en proceso de readaptar un espacio para que mis hijos puedan seguir sus clases con la menor cantidad de distractores posibles y reduciendo mis aspiraciones neuróticas.

Estos 5 puntos de arriba me ayudaron a comprender que ni a vainas estaba haciendo homeschooling como Dios manda pero, que podía recoger muchas ideas y metodologías de los expertos e incorporarlas a mi casa para mejorar nuestra experiencia de educación.

Ahora, a medida que leo y me informo sobre la educación en casa me doy cuenta que hay otras formas de aprender fuera de la escuela, que los niños (y adultos también) aprendemos a diario en situaciones de lo más diversas y estas situaciones surgen a diario en la cotidianidad del hogar y que, tomando estos 5 puntos principales que recomiendan los expertos en homeschooling, la vida escolar en casa se me ha hecho mucho más fácil.

La carga mental de la maternidad versión verano

Contrario a lo que se podría pensar, la carga mental de la maternidad en el verano no disminuye. Más bien, para muchas neuromadres esta aumenta.

Carga mental de la maternidad versión verano

En el verano, con las vacaciones de los chicos nuestra carga mental materna aumenta. Tenemos más cosas en las que pensar, más por lo que preocuparnos ¿o no?

Efectos de las vacaciones escolares en los niños

Efectos de las vacaciones en los niños
Beneficios e importancia de las vacaciones escolares

Se discute mucho sobre los efectos de las vacaciones escolares en los niños y las consecuencias del exceso de estas (más que de la falta). Lo cierto es, que las vacaciones escolares son sumamente importantes para la salud integral de los niños. Pues, no solo hay un beneficio mental y emocional sino también uno físico.

Como vemos en el gráfico, las vacaciones traen muchas consecuencias positivas en el desarrollo de los niños por eso, es necesario e importante que los dejemos disfrutarlas al máximo. Incluso, si los niños han sido “invitados” a cursos vacacionales, refuerzos académicos o similares es necesario que les permitamos disfrutar sus vacaciones.

¿De quién es el fracaso escolar?

¿Qué significa fracaso escolar? ¿no pasar el año? ¿no estar en el cuadro de honor? o ¿tener algún jalado? Y si esto sucede, ¿de quién es la responsabilidad de este fracaso? ¿padres, profesores, alumnos, la escuela?

Se acaba el año escolar y pronto recibiremos las libretas de notas (algunos quizá ya las recibieron). Si nuestros hijos tienen problemas académicos, lo más probable es que a estas alturas del partido ya hayamos recibido cartas o comunicados invitándolos a academias de verano, talleres o campamentos académicos que no son más que nombres diferentes (y más bonitos) para el famoso: vacacional.

Como ya todos sabemos esta es una invitación que no se puede rechazar pues, si la asignación jalada es matemáticas o castellano (y en algunos colegios inglés) y el niño no pasa el examen al termino del vacacional, repite de año. Así de simple. De ser otra la asignación, la cosa no es tan grave pero igual el alumno de acercarse a rendir el examen y aprobarlo para pasar de año sin mayores problemas.

Naturalmente, recibir una noticia como esta es un shock terrible tanto para los padres como para el alumno,  no importa si ya estábamos al tanto del sufrimiento académico de nuestro hijo (pues, creo que siempre guardamos la esperanza que el progreso sea tal que pueda revertir una situación final tan estresante como el vacacional) más aún cuando las consecuencias pueden ser tan nefastas como repetir el año.

Pero, ¿por qué digo que las consecuencias de repetir el año son nefastas? Porque tal como lo señala León Trahtemberg (basado en diversos estudios al respecto) hacer repetir de año al alumno significa colocar en él la responsabilidad total del fracaso del sistema educacional. (¿es bueno repetir el año escolar?). Incluso, Trahtemberg señala que hacer repetir de año al alumno de alguna manera implica “que el alumno no aprende porque no se esfuerza lo suficiente y debe ser aplazado, con lo que se culpa exclusivamente al alumno de los fracasos que en buena medida son causados por la incompetencia de  los maestros para lograr que aprenda. Después de todo, los profesionales de la educación son los profesores, no los alumnos ni sus padres”. (más info click acá)

Esta afirmación está avalada por diversos estudios e investigaciones (investigaciones acá) que señalan que el repetir de año trae más consecuencias negativas que positivas. En mi opinión, el fracaso escolar de un niño es una falla estructural en todo el sistema de soporte educacional del mismo. Acá ha fallado principalmente el maestro al no lograr que aprenda y la escuela en no proveer el sistema, ni la estructura para brindar una intervención oportuna al alumno con necesidades. Y en algunos muy pocos casos y en menor medida, los padres o tutores al no proveer un soporte adecuado que permita al alumno reforzar y sostener lo aprendido en clase.

Pero, ojo acá no se trata de buscar culpables. Aunque parezca que lo estoy haciendo, no se trata de eso. Se trata de comprender que el fracaso escolar de un niño, no debe ser considerado como un fracaso individual. Sino, como el fracaso de todo el sistema educativo y de soporte del niño. Y en ese sentido, enfocar nuestra atención en buscar alternativas más positivas y eficientes para el beneficio del alumno. Alternativas que lo nivelen sin dañar su autoestima, sin hacerle más daño emocional. Lo ideal sería trazar un plan personalizado que incluya un seguimiento cercano y que otorgue al alumno los refuerzos necesarios para recuperarse. Este plan debe ser liderado por el maestro y de preferencia mantener al niño en su mismo grado para evitar más frustraciones.

Sin duda, será difícil conseguir un colegio que acepte un plan como el que indico líneas arriba así como va a ser muy difícil, si llegase el momento, tener que tomar la dura decisión de aceptar las recomendaciones y permitir que nuestro hijo/a repita de año, o cambiarlo de colegio y que se mantenga en el mismo grado.

En todo caso, si te encuentras en este duro dilema mi recomendación sería que te informes e investigues sobre las causas del atraso de tu hijo/a pues, sobre todo en niños de primaria, los problemas muchas veces tienen una raíz emocional o de dificultades de aprendizaje y hacerlo repetir de año no le va a dar solución a este problema, sino todo lo contrario, lo agravaría más. Evalúa las alternativas y sobre todo no castigues ni culpes a tu hijo/a. Investiga el motivo de su baja performance y traza un plan de trabajo para el 2020 dónde se ataque de raíz este problema (pues, de no atacarlo seguirá arrastrándolo a lo largo de su vida escolar) y pueda desarrollar su máximo potencial y hacer del 2020 un gran año.

Nadie me advirtió sobre las otras madres

Nadie me advirtió sobre las otras madres

Esta frase la dijo hace unas semanas atrás mi amiga de noble corazón japonés cuando comentaba sobre todo lo que habló con el director del colegio en la entrevista de postulación de su hijo. El director le advirtió sobre todo lo que podría esperar del colegio, pero jamás le advirtió sobre las madres con las que se toparía. Si bien ella lo dijo en broma refiriéndose a nosotras, sus amigas del pandero. ¿Fue broma? ¿no? La frase quedó resonando en mi y ahora que se acerca fin de año y todas andamos más cargadas que nunca, resuena más fuerte.

Cuando buscamos colegio para nuestros hijos miramos todo: referencias educativas, valores, infraestructura, ubicación, rendimiento académico, idiomas y etc. Por supuesto, no nos limitamos a ir a un solo colegio (aunque algunas sí), vemos varias opciones y nos reunimos con jefes de admisión, profesores, directores y con quien sea necesario para estar tranquilos y seguros de nuestra elección. Cuando elegimos el colegio de nuestros hijos, sabemos con bastante certeza que esperar.

O creemos saberlo. Pues, como dice mi amiga de noble corazón japonés jamás se imaginó cuánto tendría que lidiar con otras madres y padres del colegio (pero para ser honesta ¿quién?). De alguna manera, el colegio logra sacar lo mejor (¿?) y lo peor de nosotras las madres. Algunas, regresan a la primaria y hacen tareas, llevan agendas, revisan horarios y andan más pendientes de las fechas de los exámenes de sus hijos que de sus propios compromisos. Otras, regresan a la secundaria y organizan planes, “play dates”, reus, fiestitas y similares, asegurándose -por supuesto – que en estos estén invitados los “más cool” pues, quieren asegurar la popularidad de sus hijos.

Al final, todo esto es válido siempre que no nos olvidemos que son nuestros hijos los únicos protagonistas de sus historias de vida y nosotras somos simples personajes secundarios. Nosotras tenemos nuestras propias vidas para protagonizarlas… Espero.

El problema está cuando algunas neuromadres se ponen ellas mismas en actitud infantil o de quinceañera melodramática, dándole más fuerza a la frase de mi honorable amiga: “nadie me advirtió sobre las otras madres”. Cuando, por ejemplo, surgen rencores y resentimientos al crear panderos o grupos de whatsapp y no nos incluyen, o peor aún, cuando dejamos que un conflicto entre adultos influya en la relación de los niños y hacemos tonterías como dejar de invitar a cierto niño/a del salón porque hemos tenido algún problema con la madre. Incluso, hay casos que rayan en la insensatez y son aquellos en los que prestamos nuestros oídos a falsos rumores y habladurías creados por la mente artificiosa de alguna madre irritada.

¿A dónde se va nuestra madurez cuando caemos en estas murmuraciones? ¿Cómo podemos hablar sobre criar con empatía y respeto, criar niños leales y auténticos si nosotras no lo practicamos? Nadie le advirtió a mi amiga, así como nadie me advirtió a mí (ni a nadie para tal caso) que muchas veces nosotras mismas seríamos la traba más dura en lograr generar niños empáticos y de buenos sentimientos, amigos queridos y leales. ¿cómo lo vamos a lograr si nosotras mismas no lo somos?  

Criando adultos autónomos e independientes

Soy una firme creyente de que si queremos criar hijos que sean adultos autónomos y responsables los padres NO debemos hacer las tareas por ellos ni CON ellos. Con esto me refiero a que no debemos fungir como tutores particulares de cada uno de nuestros hijos revisando cada tarea, sentandonos a su costado y repitiendo con ellos la lección; controlando cada movimiento y recitando con ellos todo lo que deben aprender.

Creo que nosotros los padres debemos ser como guías y apoyo. No digo que debamos desentendernos del todo en cuanto a tareas y deberes escolares se trata pero, sí que debemos dejar a nuestros hijos asumir sus olvidos y equivocaciones. No les hacemos ningún favor si cuando se olvidan la tarea corremos a pedir al chat del salón la misma para luego imprimirla y facilitarle la vida a nuestros pimpollos. Tampoco, les hacemos ningún favor si somos nosotros más que ellos quienes recordamos las fechas de los exámenes, los trabajos y tareas y estamos pendientes de que se cumplan con las mismas.

Habiendo dicho esto, esta mañana sucedió algo que trastocó todas mis creencias de crianza: mi hijo mayor tenía un importante examen de música (un examen que solo se toma una vez al año) y se olvidó su instrumento en casa. Así es, el día de su examen (un importante examen) NO llevó lo único que debía llevar. Cuando llegamos a la puerta del colegio me mira con cara de angustia y me dice: “mami, me olvidé el cello en la casa… Y también, me olvidé esto y lo otro para mi clase de la tarde”.

Yo no les exijo buenas calificaciones en el colegio a mis hijos, para nada. Solo les exijo que cumplan sus responsabilidades estudiantiles entra las que están: armar sus mochilas, hacer sus tareas y acordarse de lo que deben llevar al colegio. Así  que acorde con mi filosofía de crianza mi hijo estaba solo en esto. No es la primera vez que alguno de ellos se olvida algo y la regla es clara: te lo olvidaste, asumelo. La próxima no te lo olvidarás. Esta metodología me funciona a las mil maravillas, mi hija la segunda (con TDAH y todo) no se ovida nada desde hace dos bimestres ya. Y mi hijo mayor lo único que se ha olvidado en el año ha sido: su lonchera (esa sí se la llevé) y su cello el día de hoy. Con mi hija la 3era todavía no aplico esta regla.

Con el dolor de mi corazón pensaba no llevarle el cello, que asuma y aprenda ¿cómo se va a olvidar lo más importante el día de hoy?¡Estaba furiosa! Pero…

…No iba a estar tranquila conmigo misma si no lo llevaba, solo tiene 10 años y estaba sumamente nervioso: “tranquilo hijito, tú no te preocupes tu cello estará acá 15 minutos antes de tu prueba. Yo me encargo”. Se fue tranquilo y sus hermanas también (ya se había convertido en un asunto familiar). Tuve que picar hasta mi casa (felizmente vivo cerca al colegio) y para mi buena suerte en el camino recordé que mi esposo aún estaba en casa y él pudo llevarselo al colegio y entregarselo a la profesora (con la que yo ya había coordinado previamente).

Estoy convencida que no le hago ningún favor a mis hijos al hacer esto… así como estoy segura que las mamás que arman la mochila la noche anterior (y que sus hijos no hubieran olvidado el cello) así como las que piden las tareas al chat, incluso las que se angustian por las fechas de los exámenes y se sientan cada día a repasar los deberes y corregir trabajos, están seguras que su método es el camino al éxito y es lo mejor para sus hijos.

Ninguna de las dos sabremos hasta dentro de mucho cuál de las dos tenía razón y cuál estaba equivocada. O quizá, nunca lo sepamos pero lo cierto es que en lo que las dos tenemos razón es que lo hacemos con todo el amor y considerando lo que es lo mejor para nuestros hijos.

La carga mental de la maternidad

Estás agotada después de un día intenso (en general, tus días son siempre intensos) te metes a la cama muerta de cansancio, pero tu mente sigue trabajando: repasando todo lo que hiciste ese día y todo lo que dejaste de hacer. Si estás muy cansada tomas nota mental de tus pendientes, si no estás muy cansada y eres una neuromamá como yo, corres a apuntarlos a tu agenda para no olvidarte (igual y seguro que se te olvida algo).  

A la mañana siguiente, lo mismo: te levantas pensando en las mil cosas que hay que hacer para la casa (compras, menú, limpieza, arreglo, trámites) y para tu familia (tareas, deportes, agendas, comunicaciones con el colegio, con otros padres y varias cosas más) incluidas sus necesidades emocionales. Sales a trabajar, a hacer tus cosas, pero siempre con estos pendientes en tu mente. Están ahí cuando te acuestas, están ahí cuando te levantas.

Todos estos pendientes que rodean el cuidado del hogar y la atención de todos los seres vivos que habitan en ella (incluidos mascotas y plantas), todo este trabajo no remunerado e intangible (que siempre recae sobre las mujeres) se conocen como ¨trabajo invisible¨. Un trabajo que mientras esté bien hecho nadie lo nota (pero, al segundo que algo falla sí que lo notan) se conoce como ¨carga mental¨.  Una carga que habita la mente de todas las mujeres y se vuelve más pesada una vez que nos volvemos madres.

Carga Mental Maternidad

Y ¿por qué esta carga mental se vuelve más pesada con la maternidad? Porque queramos o no y a pesar de que cada día hay más padres comprometidos en la crianza de sus hijos, el grueso de la responsabilidad y dirección en la crianza recae sobre nosotras las madres. Somos nosotras las ¨CEO¨ de la empresa hogar. Somos nosotras las que constantemente pensamos en todos los pendientes y organizaciones logísticas que tenemos que hacer para los chicos y la casa. Por ejemplo, mientras escribo esto miro la hora y pienso: ya son casi las 2:00 p.m. debo recoger del cole a mi chiquitita, traerla a casa, llevarla al pediatra. Escoger ropa abrigada porque por el doc hace frío. Veo la ropa un poco chica, ya toca revisar las ropas de todos y ver qué les queda para el cambio de temporada. Lo mismo los zapatos. Me tengo que ir, bajo a disponer el almuerzo (del menú semanal que ya organicé el lunes)  y veo que ya se acabaron varias cosas, así que tengo que volver al supermercado. Voy después del doc. Me voy con mi otra hija, debo coordinar su nuevo horario de terapia también. Aprovecho ahí un momento madre-hija, no quiero que se me resienta. Uy, entonces me va a faltar mi hijo mayor. Hoy imposible. Mañana. Lo acompaño al tennis y aprovecho coordino las invitaciones del cumple de mi hija y avanzo mis pendientes de chamba…

Y así todo el día, todos los días.

Esta es la carga mental. El tener bajo tu responsabilidad la administración, coordinación, planificación (e incluso) la ejecución de las actividades, eventos, invitaciones, temas médicos y necesidades educacionales y emocionales de los hijos y el hogar. 

Nuestras parejas nos pueden ayudar y claro que lo hacen. Pero, nosotras les tenemos que decir el cómo, cuándo y dónde. Y, muchas veces, es tan pesado y complicado tener que dar tantas instrucciones que preferimos ahorrarnos el trámite y prescindir de su ayuda. Es tal como lo describe Emma Clit en sus cómics, si estuviéramos en una corporación nosotras seríamos las ¨líderes del proyecto¨ y nuestras parejas serían nuestros subalternos. Pues, al final ¨el proyecto hogar¨ es nuestra responsabilidad. Y por eso, no hacen nada extra de lo que específicamente les hemos pedido.

Y este es el motivo por el que hablar de la carga mental de la maternidad es importante, porque existe, porque pesa y  porque, como pasa siempre cuando te ascienden a líder de proyecto, dejas de tener tiempo para ejecutar las acciones del proyecto porque no puedes hacerlo sola. Pero, las madres no podemos permitirnos el no participar ejecutivamente en el proyecto hijos. Debemos hacerlo, aunque la carga mental sea pesada. Aunque no sea compartida, aunque necesitemos ayuda.

Mi hijo tiene TDAH ¿Qué hago?

Estos días me han estado llamando y escribiendo varias amigas, mamigas, conocidas y seguidoras del blog con más o menos la misma pregunta: ¿qué hago ahora que sé que mi hijo/a tiene TDAH? ¿Cómo lo afronto? ¿Qué le digo? ¿Para empezar, Le digo?
Me halaga mucho que recurran a mí para estas preguntas tan importantes y significativas pues, para ninguna madre es motivo de alegría recibir uno de estos diagnósticos.

Mi hijo tiene TDAH ¿Qué hago?

Cómo sé que varias se preguntan lo mismo, comparto por acá mis respuestas:
1. Mantén la calma. Un diagnóstico de TDAH no es el fin del mundo. Por el contrario, es algo muy útil pues sabrás cómo apoyar de la manera más adecuada a tu pequeño/a. Recuerda que Steve Jobs, Michael Phelps y Walt Disney (y muchos más hombres y mujeres exitosos) han sido diagnosticados con TDAH.
2. Ten un plan de acción. ¿Qué es lo que te ha recomendado el profesional de salud que trata a tu hijo/a? ¿Talleres? ¿Terapias? ¿Deportes? ¿Medicación? ¿Una mezcla de las anteriores? Conversa con tu pareja y observa tu presupuesto para que puedas incorporar el mejor plan para tu hijo/a.
3. Edúcate sobre este trastorno. Pregúntale a tu pediatra o a un profesional de la salud mental, lee libros, tratados o investigaciones científicas serias (hay varios artículos sencillos de leer en webs especializadas). Investiga sobre la mejor manera en la que puedes ayudar a tu hijo/a. Un libro buenazo de este tema es el de Armando Filomeno: El niño con Déficit de atención e hiperactividad y este otro: “Nunca quieto, siempre distraído: ¿nuestro hijo es hiperactivo?” De Paulino Castells.
Y finalmente,
🌟 Bajo ninguna circunstancia te dejes influenciar por artículos falsos e información de dudosa procedencia que circula por internet con respecto a este trastorno. Hay muchos mitos circulando en las redes y en el día a día. Personas bien intencionadas pero, mal informadas. Es por eso que el punto 3 es clave: infórmate al respecto, edúcate y educa a tu familia y amigos. Guíate también por tu experiencia e intuición. Si estás en duda, consulta con fuentes serias como la asociación americana de psiquiatría y para más info de primera mano acá en mi página 😉 www.neuromamablog.com en la barrita de búsqueda poner TDAH.

Cuidarte a ti también es cuidarlos a ellos

Muchas de nosotras, al ser madres sentimos que debemos estar con y para nuestros hijos las 24 horas del día, los 7 días de la semana, sin delegar nuestras funciones ni responsabilidades pues consideramos que debemos cuidarlos y atenderlos nosotras mismas (porque nadie lo hará mejor, ni con más amor). Además, debemos cumplir con nuestras funciones de madre con alegría y placer sin importar si estamos enfermas, agotadas o súper ocupadas.

Esta entrega absoluta, conlleva una enorme carga mental que puede pasar factura incluso, a quienes más queremos. Una madre fatigada e infeliz, transmitirá estos sentimientos a quienes la rodean. ¿Acaso no es mejor que nuestros hijos, en lugar de estar horas de horas al día con una mamá que no es muy agradable (pues está agotada, insatisfecha o abrumada), pasen menos horas con una madre que se cuida y nutre a sí misma y que es capaz de nutrirlos y cuidarlos a ellos?

mom selfcare
Cuidarte a ti también es cuidarlos a ellos.

Debemos desterrar esa idea que el ser mamá es un trabajo sacrificado que no incluye tiempo para nosotras mismas. Es nuestra responsabilidad hacernos un tiempo para amarnos. En nuestro infinito amor hacia nuestros hijos y las atenciones y cuidados que tenemos para ellos, no podemos olvidarnos de tener atenciones y cuidados para con nosotras mismas.

Y no se trata simplemente de ir a la peluquería o al spa un rato; se trata de realmente cuidar nuestra mente, nuestro espíritu y nuestro cuerpo. De nutrirnos con actividades que nos hagan crecer como personas y nos hagan sentir mujeres plenas y satisfechas con nosotras mismas. Una persona satisfecha y feliz consigo misma, sólo irradiará felicidad y bienestar más aún; a quienes dependen de ella, como lo son sus hijos.

Sea que querramos dedicarnos a ese deporte o hobbie que nos encanta y nos hace tanto bien, o que necesitemos una terapia emocional o analítica que nos ayudará a comprendernos mejor, o quizá, retomar nuestros estudios o perseguir ese emprendimiento que nos da vueltas la cabeza. ¡Hagámoslo!

Hacerlo es bueno para nuestra salud mental y emocional. Al hacerlo nos estamos cuidando, nos estamos amando y les estamos enseñando a nuestros hijos a amarse, cuidarse y respetarse con nuestro ejemplo.

Al cuidarnos a nosotras, los estamos cuidando a ellos.  Les estamos entregando la mejor versión de nosotras mismas.