Practicar la no interferencia

Como parte de un taller en el que estoy participando nos mandaron a ver la película The Shift (El Cambio) De Wayne Dyer (click acá para verla completa). La película es muy buena y resultó realmente inspiradora.  Entre las varias cosas que me resonaron hubo una que me llamó mucho la atención: la “no interferencia”.

En el caso de la película, el ejemplo utilizado era no interferir en el momento de diversión de los hijos. Pero, en general, la “no interferencia” en la crianza se refiere a soltar el control absoluto que (muchas veces) queremos ejercer sobre cada una de las actividades de la vida de nuestros hijos; se refiere a dejar fluir las cosas menores y rutinarias, aquello que nos desgasta y desgasta nuestra relación con ellos: dejarlos ser. Por ejemplo, no interferir en los deportes, actividades o hobbies que practican, en sus juegos/juguetes, la ropa que eligen, entre otras cosas.

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¿De quién es el fracaso escolar?

¿Qué significa fracaso escolar? ¿no pasar el año? ¿no estar en el cuadro de honor? o ¿tener algún jalado? Y si esto sucede, ¿de quién es la responsabilidad de este fracaso? ¿padres, profesores, alumnos, la escuela?

Se acaba el año escolar y pronto recibiremos las libretas de notas (algunos quizá ya las recibieron). Si nuestros hijos tienen problemas académicos, lo más probable es que a estas alturas del partido ya hayamos recibido cartas o comunicados invitándolos a academias de verano, talleres o campamentos académicos que no son más que nombres diferentes (y más bonitos) para el famoso: vacacional.

Como ya todos sabemos esta es una invitación que no se puede rechazar pues, si la asignación jalada es matemáticas o castellano (y en algunos colegios inglés) y el niño no pasa el examen al termino del vacacional, repite de año. Así de simple. De ser otra la asignación, la cosa no es tan grave pero igual el alumno de acercarse a rendir el examen y aprobarlo para pasar de año sin mayores problemas.

Naturalmente, recibir una noticia como esta es un shock terrible tanto para los padres como para el alumno,  no importa si ya estábamos al tanto del sufrimiento académico de nuestro hijo (pues, creo que siempre guardamos la esperanza que el progreso sea tal que pueda revertir una situación final tan estresante como el vacacional) más aún cuando las consecuencias pueden ser tan nefastas como repetir el año.

Pero, ¿por qué digo que las consecuencias de repetir el año son nefastas? Porque tal como lo señala León Trahtemberg (basado en diversos estudios al respecto) hacer repetir de año al alumno significa colocar en él la responsabilidad total del fracaso del sistema educacional. (¿es bueno repetir el año escolar?). Incluso, Trahtemberg señala que hacer repetir de año al alumno de alguna manera implica “que el alumno no aprende porque no se esfuerza lo suficiente y debe ser aplazado, con lo que se culpa exclusivamente al alumno de los fracasos que en buena medida son causados por la incompetencia de  los maestros para lograr que aprenda. Después de todo, los profesionales de la educación son los profesores, no los alumnos ni sus padres”. (más info click acá)

Esta afirmación está avalada por diversos estudios e investigaciones (investigaciones acá) que señalan que el repetir de año trae más consecuencias negativas que positivas. En mi opinión, el fracaso escolar de un niño es una falla estructural en todo el sistema de soporte educacional del mismo. Acá ha fallado principalmente el maestro al no lograr que aprenda y la escuela en no proveer el sistema, ni la estructura para brindar una intervención oportuna al alumno con necesidades. Y en algunos muy pocos casos y en menor medida, los padres o tutores al no proveer un soporte adecuado que permita al alumno reforzar y sostener lo aprendido en clase.

Pero, ojo acá no se trata de buscar culpables. Aunque parezca que lo estoy haciendo, no se trata de eso. Se trata de comprender que el fracaso escolar de un niño, no debe ser considerado como un fracaso individual. Sino, como el fracaso de todo el sistema educativo y de soporte del niño. Y en ese sentido, enfocar nuestra atención en buscar alternativas más positivas y eficientes para el beneficio del alumno. Alternativas que lo nivelen sin dañar su autoestima, sin hacerle más daño emocional. Lo ideal sería trazar un plan personalizado que incluya un seguimiento cercano y que otorgue al alumno los refuerzos necesarios para recuperarse. Este plan debe ser liderado por el maestro y de preferencia mantener al niño en su mismo grado para evitar más frustraciones.

Sin duda, será difícil conseguir un colegio que acepte un plan como el que indico líneas arriba así como va a ser muy difícil, si llegase el momento, tener que tomar la dura decisión de aceptar las recomendaciones y permitir que nuestro hijo/a repita de año, o cambiarlo de colegio y que se mantenga en el mismo grado.

En todo caso, si te encuentras en este duro dilema mi recomendación sería que te informes e investigues sobre las causas del atraso de tu hijo/a pues, sobre todo en niños de primaria, los problemas muchas veces tienen una raíz emocional o de dificultades de aprendizaje y hacerlo repetir de año no le va a dar solución a este problema, sino todo lo contrario, lo agravaría más. Evalúa las alternativas y sobre todo no castigues ni culpes a tu hijo/a. Investiga el motivo de su baja performance y traza un plan de trabajo para el 2020 dónde se ataque de raíz este problema (pues, de no atacarlo seguirá arrastrándolo a lo largo de su vida escolar) y pueda desarrollar su máximo potencial y hacer del 2020 un gran año.

Mi hijo tiene TDAH ¿Qué hago?

Estos días me han estado llamando y escribiendo varias amigas, mamigas, conocidas y seguidoras del blog con más o menos la misma pregunta: ¿qué hago ahora que sé que mi hijo/a tiene TDAH? ¿Cómo lo afronto? ¿Qué le digo? ¿Para empezar, Le digo?
Me halaga mucho que recurran a mí para estas preguntas tan importantes y significativas pues, para ninguna madre es motivo de alegría recibir uno de estos diagnósticos.

Mi hijo tiene TDAH ¿Qué hago?

Cómo sé que varias se preguntan lo mismo, comparto por acá mis respuestas:
1. Mantén la calma. Un diagnóstico de TDAH no es el fin del mundo. Por el contrario, es algo muy útil pues sabrás cómo apoyar de la manera más adecuada a tu pequeño/a. Recuerda que Steve Jobs, Michael Phelps y Walt Disney (y muchos más hombres y mujeres exitosos) han sido diagnosticados con TDAH.
2. Ten un plan de acción. ¿Qué es lo que te ha recomendado el profesional de salud que trata a tu hijo/a? ¿Talleres? ¿Terapias? ¿Deportes? ¿Medicación? ¿Una mezcla de las anteriores? Conversa con tu pareja y observa tu presupuesto para que puedas incorporar el mejor plan para tu hijo/a.
3. Edúcate sobre este trastorno. Pregúntale a tu pediatra o a un profesional de la salud mental, lee libros, tratados o investigaciones científicas serias (hay varios artículos sencillos de leer en webs especializadas). Investiga sobre la mejor manera en la que puedes ayudar a tu hijo/a. Un libro buenazo de este tema es el de Armando Filomeno: El niño con Déficit de atención e hiperactividad y este otro: “Nunca quieto, siempre distraído: ¿nuestro hijo es hiperactivo?” De Paulino Castells.
Y finalmente,
🌟 Bajo ninguna circunstancia te dejes influenciar por artículos falsos e información de dudosa procedencia que circula por internet con respecto a este trastorno. Hay muchos mitos circulando en las redes y en el día a día. Personas bien intencionadas pero, mal informadas. Es por eso que el punto 3 es clave: infórmate al respecto, edúcate y educa a tu familia y amigos. Guíate también por tu experiencia e intuición. Si estás en duda, consulta con fuentes serias como la asociación americana de psiquiatría y para más info de primera mano acá en mi página 😉 www.neuromamablog.com en la barrita de búsqueda poner TDAH.

¿Para qué sirve un diagnóstico?

¿Para qué sirve un diagnóstico? Un diagnóstico de TDAH o de cualquier trastorno de aprendizaje sirve para dar luz sobre la dificultad que nuestro niño presenta. Un diagnóstico apropiado recibido en el momento oportuno permite encontrar (o adecuar) la mejor manera para apoyar y guiar al niño o niña en su desarrollo y aprendizaje.

Un diagnóstico es más que una etiqueta

Hace poco conversaba con una amiga sobre la nueva ley de protección de las personas con TDAH y las dudas que me generaba (VER POST ACÁ). Ella, abogada experta en temas de inclusión y sensibilización de personas con habilidades diferentes, me indicaba que no debía ser necesario contar con ningún diagnóstico de nada para que un niño o niña vaya a la escuela y aprenda cómodamente. Desde su perspectiva, el aula debía ser un espacio tan inclusivo y acogedor que cualquier niño, con cualquier problema o trastorno de aprendizaje pudiera aprender a su propio ritmo y sin mayores contratiempos sin necesitar un diagnóstico.

Entiendo perfectamente de dónde viene su posición. Ella parte que tanto el maestro como la currícula deben ser flexibles y amoldarse a la diversidad de aprendizajes existentes. Pero, la realidad es que tanto el mundo, como el aula funcionan con una mayoría de personas que están dentro de la norma (es decir, que caen dentro del promedio en un gráfico de distribución normal) donde todos avanzan a un ritmo similar, y quienes sobresalen son minoría.  

Diagnóstico TDAH Trastorno de aprendizaje. ¿Para qué sirve un diagnóstico de un trastorno de aprendizaje?
¿Para qué sirve un diagnóstico de TDAH o algún otro trastorno de aprendizaje?

Recuerdo una (dolorosa) época en la que evitaba ir a recoger a mi hijo del colegio con tal de no recibir comentarios sobre su comportamiento. ¡Dios mío! Día que lo recogía, día que la profesora me recriminaba algo. Ese año sufrí más contracturas musculares que nunca en mi vida. Finalmente, al terminar el segundo bimestre me pidieron que le hiciera una evaluación integral. La hice. Lo llevamos a la psicóloga que el colegio nos recomendó (no quería ninguna objeción a ese diagnóstico). Luego de 10 sesiones, varios tests y de desembolsar un montón de dinero, tuvimos el diagnóstico: con un IQ de 146 mi hijo se aburría en clase. Nada más. No había TDAH ni problemas emocionales. Tenía que continuar con su terapia de integración sensorial (diagnóstico que tenía del año anterior) y la profesora tenía que aprender a manejar a un niño inquieto y curioso que avanzaba demasiado rápido.  

Comprenderán que ese diagnóstico fue liberador. Desde ese día, a la fecha nunca más me han vuelto a citar al colegio por mi hijo. Jajajaja (y sí, me río de la felicidad). Y claro me dirán, fue liberador porque fue “positivo”. Pero, ¿acaso no lo son todos los resultados? ¿acaso no son positivos en el sentido que nos permiten identificar el tipo de atención o ayuda que necesita nuestro hijo y enfocar nuestros esfuerzos en su necesidad?  

Mi amiga me diría: ¡¡no tendrían que haberte hecho pasar por todo eso Milu!! Ni a ti, ni a él. Sí, es cierto hubiera preferido no tener tantas contracturas musculares, ni vivir torcida ese año. El acercamiento de la profesora definitivamente, no fue el mejor. Pero, ¿cómo iban a saber ella y todo el departamento psicopedagógico la mejor manera de estimular a mi hijo, retarlo intelectualmente, sacarle el jugo a sus capacidades sin ese diagnóstico? Se hubieran quedado con un niño re-movido que aprende rápido y fastidia en el salón.  

Un diagnóstico no sirve para etiquetar a un niño, ni para compadecerlo, ni mucho menos para disminuirlo. Todo lo contrario. Un diagnóstico sirve para dar luz sobre la dificultad que el niño o niña en cuestión presenta. Un diagnóstico apropiado recibido en el momento oportuno permite encontrar (o adecuar) la mejor manera para apoyar y guiar al niño o niña en su desarrollo y aprendizaje. Tal como pasó con mi princesa preciosa.

Ya he escrito sobre el TDAH de mi hija la segunda. Luego de meses y meses de ver cómo se frustraba por no poder aprender al ritmo de sus compañeros, de pasarla mal en el colegio y que su autoestima terminara por los suelos, recibir su diagnóstico fue un regalo. Instrucciones muy largas y ordenes sueltas la perdían. Sabiendo esto, talleres y terapias adecuados hicieron que se nivele en menos de un año. Hoy es nuevamente la niña alegre y segura de siempre y continúa con sus talleres que le permiten tener su mejor desempeño.

En mi experiencia, un diagnóstico adecuado y oportuno no sólo es utilísimo si no hasta sanador. No caigamos en el facilismo de equiparar diagnóstico, con etiqueta pues, sabemos que ni uno ni lo otro, nos definen. Somos más que eso, mucho más que una etiqueta. Tener conocimiento de las dificultades que tenemos nos ayuda a comprendernos (y comprender a nuestros seres queridos) y poder atender esas necesidades.

Si están dudando evaluar a sus hijos, espero que mi experiencia los ayude.

Las redes sociales y los niños

Las redes sociales están aquí y han venido para quedarse. Podemos amarlas u odiarlas pero, no podemos permanecer indiferentes pues, cada vez más los preadolescentes y adolescentes las usan (o piden usarlas). Esto como consecuencia del hecho que cada vez los chicos, están teniendo smartphones desde más chicos.

El tema más preocupante para los padres con respecto a las redes sociales y los niños y adolescentes es la edad recomendada para el uso y acceso a las mismas. Si bien, los especialistas coinciden en que recién es a los 13 años cuando los chicos están preparados para asumir una red social; desde mi perspectiva de Neuromamá, todo va a depender de la madurez y responsabilidad de cada chico individualmente. La edad cronológica es sólo un referencia.

Así tendremos chicos o chicas maduros a los 10 años y algunos que cumplidos los 13, no están listos. Ya depende de los padres hacer una evaluación honesta y concienzuda al respecto.

Por otro lado, es importante que como padres hablemos claramente con nuestros hijos sobre el correcto uso de las redes sociales y los peligros y riesgos que estas traen. Debemos, tener en claro que las redes sociales (nos guste o no) son una ventana a nuestra vida privada y debemos explicarles esto a nuestros hijos.

Finalmente, es importante mantener reglas y pautas claras para el uso del Internet y las redes sociales y dejarles en claro a nuestros hijos que deben confiar en nosotros en caso de tener cualquier problema o duda en el mundo virtual.

Para ver más sobre el uso de las redes sociales por los niños y tener más consejos y tips vayan al nuevo capítulo de mi canal de IGTV.

https://www.instagram.com/tv/BxqNiZbh48-/?igshid=16axvhiq3hx81

10 preguntas que hacerles a tus hijos en lugar de ¿Qué tal te fue en el colegio hoy?

Empezó de nuevo el colegio. Los chicos pasan más horas en él que en casa y por supuesto todas las neuromamás queremos conocer todos los detalles del día a día de nuestros retoños en las aulas (más aún ahora que acabamos de empezar clases).

El único problema es que nuestros pequeños no siempre están muy comunicativos y la mayoría de veces a la pregunta ¿qué tal te fue en el colegio hoy? Nos responden con un escueto “bien”… y obviamente nosotras queremos más que un monosílabo de respuesta.

Ojo, la puedes descargar y compartir con quien quieras 😉.

Por eso, he elaborado este gráfico con 10 preguntas para hacerle a tus hijos en lugar de la clásica ¿qué tal te fue en el colegio hoy? que estoy segura les arrancará más de un monosílabo.

No soy amiga de mis hijos

Nunca lo he sido, ni lo quiero ser. Tampoco soy amiga de mis padres, no gracias. Tengo mis propios amigos que son gente más o menos de mi generación con los que comparto muchas cosas en común además de aficiones y momentos felices. Tampoco aspiro a ser amiga de mis hijos en un futuro (como cuando sean más grandes) ni a que me cuenten toda su vida y milagros. No, no quiero eso.

No soy amiga de mis hijos

Quiero que mis hijos confíen en mí y compartan conmigo sus alegrías y sus penas, sus miedos y preocupaciones que me pidan consejos en los temas en los que creen que los puedo ayudar, claro que sí. Pero, también quiero que sepan que existe una autoridad a la que deben respetar y adherirse; hoy somos su papá y yo en casa y  sus profesores en el colegio, más adelante serán sus jefes en el trabajo, las leyes y normas del estado…

Y ¿por qué? ¿por qué no quiero ser amiga de mis hijos? Quizá pensarán que estoy (más) loca que lo acostumbrado, pero no. No lo estoy. Siempre he pensado así porque siempre he creído en esta frase que leí hace mucho tiempo atrás: “los niños cuyos padres son sus amigos, se quedan huérfanos”. Los niños (los adultos también) necesitamos amigos, claro que sí, pero por sobre todo necesitamos tener madres y padres. Madres y padres que brinden estructura y arraigo a nuestra vida, madres y padres que nos orienten y guíen.

La figura de los padres es (debe ser) una de orientación y autoridad (no autoritarismo). Somos los padres quienes, con límites positivos, orden y respeto otorgamos a los niños la estructura, solidez y continuidad que necesitan para desarrollarse con seguridad y confianza en el mundo. Somos nosotros quienes debemos orientarlos, corregirlos y educarlos. Pero, si nosotras – sus madres – le ofrecemos a nuestros hijos ser sus amigas (con la esperanza que nos confíen todo) ¿Dónde queda la tan necesaria figura de madre? ¿Y si lo mismo hace el padre?

Nuestros hijos pueden tener miles de amigos: en el colegio, el barrio, los deportes, la vida, etc. pero sólo tendrán una madre (y padre). Por supuesto, que la relación entre los padres y los hijos debe ser cercana, abierta, afectuosa, flexible, sincera y comunicativa (“soy tu mamá, puedes contar conmigo, yo te puedo ayudar…) Con un amigo, las cosas son diferentes pues un amigo es un igual. A un amigo puedes remplazarlo o incluso apartarlo. Si nos convertimos en amigos de nuestros hijos los estamos dejando sin el referente de autoridad que necesitan para crecer de forma sana.

Ahora, no vayan a creer que yo creo que las relaciones entre padres e hijos deben ser estrictas y autoritarias. Para nada. Creo firmemente que las relaciones entre padres e hijos deben ser cercanas, flexibles, comunicativas y afectuosas. Creo también que deben estar basadas en la confianza y el respeto mutuo.

No soy amiga de mis hijos

Pero esto no significa que debamos ser sus amigos a toda costa pues, al intentar serlo corremos el peligro de confundir los roles: un amigo es el “compinche”, el cómplice, el igual; mientras que el padre es el orientador, que establece límites, corrige, educa y por supuesto, alaba cuando es necesario. Si somos sus amigos ¿Cómo los vamos a corregir cuándo la circunstancia lo amerita? ¿Reconocerán la autoridad que los años y la experiencia nos dan cuando les hacemos recomendaciones o les damos consejos?

Es por eso, que creo firmemente que hago bien en no ser amiga de mis hijos. Mis hijos no necesitan más amigos de los que ya tienen o pueden conseguir… ellos necesitan una mamá y esa soy yo.

 

¿Existe la intuición materna?

¿Desarrollamos las mujeres un sexto sentido una vez nos convertimos en madres? ¿Nos llega con los hijos una intuición más poderosa? ¿En verdad existe la intuición maternal, el sexto sentido materno o como le quieran llamar?

¿Existe la intuición materna?

Hace unos días leí un texto de Nath de Soy mamá y no me compadezcas dónde señalaba que era una devota creyente de la intuición materna ¿por qué? Porque era un sentimiento, un “feeling” que le venía desde las entrañas y aunque no sabía como explicarlo, le hacía comprender e incluso predecir muchos temas y situaciones de sus hijos. Esta intuición incluso, la llevó a hacer caso omiso de las recomendaciones de su pediatra y a prevenir una complicación de la enfermedad de su hijo.

Según los entendidos en temas de maternidad, la intuición materna sí existe y se define como la “habilidad que tienen las madres para conocer, comprender o percibir algo con relación a sus hijos de manera clara e inmediata, sin saber cómo ni porqué”.

La intuición femenina siempre ha existido y más aún la materna. El problema está en que ahora, con tanta información de tan fácil acceso y tantos especialistas y expertos a los que poder consultar distintos temas sobre hijos, maternidad, desarrollo infantil, etc. Dejamos de escuchar a nuestro yo interior; dejamos que nuestras inseguridades maternales nos ganen y no le damos cabida a nuestra sabiduría práctica e instintiva y sin querer, apagamos nuestra intuición maternal, ese sexto sentido que desarrollamos gracias al fuerte vínculo que establecemos con cada uno de nuestros hijos. Dejamos de oír el conocimiento que hemos adquirido gracias a la conexión única con nuestros hijos para escuchar los consejos de otros. Ese conocimiento, ese vínculo único es el que nos otorga el sexto sentido maternal que nos es tan útil.

Personalmente, también creo en la intuición materna. Esa intuición que te hace saber con solo una mirada a tu hijo si las cosas están bien o mal; o si esa persona es un buen o mal amigo, enamorado o candidato. También se manifiesta como una sensación de angustia o fastidio que no te suelta cuando presientes que tu hijo querido no la está pasando bien en algún lugar (o algo malo le está pasando) incluso cuando tú estás a miles de kms de distancia. Esta sensación no te deja tranquila hasta que lo resuelves.

Esas sensaciones que no sabes cómo explicar racionalmente pero que sin embargo te dan muchas respuestas y certezas sobre el bienestar y la seguridad de tus hijos. Eso es para mí la intuición materna.

¿Qué es para uds. la intuición materna? ¿También creen que existe?

¿Cómo criar niños y niñas empáticos?

Estas últimas semanas he estado escribiendo mucho sobre la importancia de criar niños (varones) amables y tiernos en un mundo donde – lamentablemente – la masculinidad está asociada con agresividad y violencia, las mujeres son consideradas objetos y las cualidades consideradas femeninas están desvalorizadas; cualidades como la paciencia, la empatía, la ternura y el servicio.

Leer: ¿Cómo criar niños amables en un mundo de hombres rudos?

o leer: Temo por mi hijo: criando a un niño dulce en un mundo de varones agresivos

Unido a esta falta de valor a las cualidades consideradas como “femeninas” la sociedad actual valora por sobre todo el éxito individual y enaltece el logro económico y la juventud por sobre todas las cosas.  Tan así es, que los ídolos del momento son jóvenes (o aparentan ser mucho más jóvenes de lo que son), súper hombres (atletas, empresarios o geeks) que se han hecho solos. Esto no está mal. Pero, se olvidan de señalar que todos aquellos que llegaron muy lejos lo hicieron con una red de apoyo sólida y contaron con el apoyo no de una, si no de varias personas en el camino.

¿Cómo criar niños y niñas empáticos?

Esto hace que cada vez sea más necesario una nueva generación de niños y niñas sensibles, valientes y empáticos; y padres (o cuidadores) que los críen. Pero ¿cómo hacemos para criar niños y niñas empáticos y comprensivos?  ¿Cómo logramos que nuestros hijos se conviertan en adultos sensibles, tolerantes y amables? Es todo un reto educarlos en la empatía cuando a diario conviven con tecnologías y redes sociales que, en muchas ocasiones, se convierten en tribunas de la intransigencia o agresión a otros que piensan o son ditintos. Continuar leyendo “¿Cómo criar niños y niñas empáticos?”

Temo por mi hijo: Criando a un niño amable en un mundo de hombres agresivos

El 1ero de junio falleció Eyvi Agreda. Eso ya es noticia de ayer.
Leo en mis redes y en los medios palabras de indignación, dolor y horror. Leo también, preocupación, angustia, terror e impotencia de muchOs por sus hijas, sobrinas, hermanas y amigas. Sobre todo por sus hijas.

Yo tengo 3 hijos. Un niño y 2 niñas. Y no temo por ellas. Estoy segura que les irá mejor que a mí.

Temo por mi hijo. Temo por él. 

Ver texto original acá: No temas por tus hijas, teme por tus hijos. ¿Cómo criar niños buenos en un mundo de hombres agresivos?

Continuar leyendo “Temo por mi hijo: Criando a un niño amable en un mundo de hombres agresivos”